IGNACIO TENORIO Y CARVAJAL
Jueves 27 de abril 2000
De: Mario Pachajoa Burbano

Popayanenses:

Un día como hoy, el 27 de abril de 1752, nació en Popayán Ignacio Tenorio y Carvajal, cuya vida novelesca e inolvidable se desarrolla en los escenarios más famosos del mundo de ese entonces.

Hijo de José Tenorio y Torijano y de María Teresa Carvajal y Bernardo de Quirós. Se educó en el Real Colegio Seminario regentado por los jesuítas, distinguiéndose como un aventajado estudiante. Por expulsión de los jesuítas, Ignacio se trasladó a Quito en 1767. Allí recibió los grados de bachiller y de abogado de la Real Audiencia de Quito en 1775. En 1777 pasó a Lima a vivir al lado de su acaudalada y aristocrática tía Rosa Tenorio de Lasso y Mogrovejo. Ignacio tuvo la oportunidad de gozar con esplendidez de los placeres y comodidades de esta ciudad, gozando, dentro de las damas limeñas, gran prestigio, por su educación, distinción, arrogante presencia, rostro sonrosado, ondulosa cabellera, hermosa barba negra como el ébano, todo lo cual le valió el sobrenombre de "Moisés".

Su ambición de conocer el mundo lo hizo abandonar este paraíso y en el puerto de El Callao, 1780, tomó un bergantín con dirección a España. En Cabo de Hornos estuvo a punto de naufragar entre los hielos y tormentas de esa tenebrosa zona. Hizo escalas forzadas en en puntos de América y Africa y estuvo en peligro de caer en manos de los piratas berberiscos o los corsarios ingleses. Después de año y medio de navegación, arribó a Lisboa, extenuado e imposibilitado de continuar a Madrid. En Madrid, por su distinción y elegancia, tuvo abiertas las puertas de palacio y de las principales casas de la nobleza española. Continuó en esta ciudad con su vida de gran mundo y placeres. Al final utilizó a todos los que creía eran sus amigos, para conseguir una plaza de Oidor en alguna de las Audiencias de ultramar. No lo logró.

Desilusionado abandonó Madrid en 1782, pasó a Francia, se embarcó en Dunkerque y terminó en Hamburgo, en donde residió, hasta encontrar una embarcación que lo condujo a Pomerania. Continuó a Rusia hasta llegar a Potolsk, residencia del superior general de los jesuítas en donde entró como lego. Después de acompañar a sus superiores a lejanos e inhóspitos lugares rusos, se estableció en San Petersburgo. Allí residía la Emperatriz Catalina II quien distinguió a Ignacio con su particular privanza, no sólo por sus relevantes prendas personales sino como objeto de curiosidad por su procedencia de paises totalmente desconocidos en ese entonces. Los excesos de sus devaneos con la soberana, pusieron en el canto de contraer tuberculosis y alarmada la Emperatriz, insinuó al Superior General de los Jesuítas, exonerar de todo servicio a Tenorio y encaminarlo a América.

El primero de agosto de 1788, después de un complicado viaje, llegó a Dinamarca con el incógnito de Ignacio Fernández. Tenorio mismo cuenta que allí, "nuestro Cónsul, luego que me vió, se me aficionó tanto, que me declaró que no me dejaba salir de su casa; él interpuso por intercesora a su mujer y tanto pudieron sus clamores y los de sus hijos que consentí en quedarme un año de Dinamaca". Sinembargo, como cuenta Tenorio ; "me afligí tanto con la toma que los franceses hicieron de Fuenterrabia y San Sebastián, que resolví con ese motivo desamparar a Europa y atropellarlo todo para venir a ver mi hermana Teresa y a sus hijos". (Teresa era la madre del gran patricio Camilo Torres). Pero antes de llegar a Popayán, donde vivía su hermana Teresa, pasó muchas aventuras, sinsabores y tiempo. En Santa Marta, tuvo que vender por sólo 23 pesos cuatro vestidos, sobretodo, par de calzones y tres chalecos, todo de excelente calidad y distinción. En Mompós precisó vender parte de sus camisas y en Honda calzones de seda y lo poco que le quedaba de ropa. Su estado era tan lamentable que permaneció escondido en Popayán hasta el 23 de junio de 1796.

Después de sus visitas al Gobernador para que le diera un empleo lo único que encontró fue trabajar en las minas. Ignacio escribe: "El 14 salí para estas minas; aquí me hallo en este desierto peleándome con los mosquitos y acordándome de las plagas de Egipto; contento, empero, con mi suerte y conversando con mis libros". Regresó a donde su hermana durante un tiempo y se mudó a Quito en donde ejerció su profesión de abogado y al fin recibió su nombramiento de Oidor de aquella Audiencia. Pero en 1809 tuvo que salir prófugo, por el levantamiento de Quito del 10 de agosto; abandonando su casa, alhajas, muebles, esclavos y con sólamente una maleta con algo de ropa y sábanas. Para empeorar las cosas, Ignacio estaba enfermo desde hacía un tiempo.

En 1810 regresó a Quito y en 1811 le llegaron las noticias del 20 de julio de 1810, la participación sobresaliente de su sobrino Camilo Torres. Horrorizado con la idea de que toda su familia formara parte de los que para él, eran aborrecidos insurgentes, abandonó patria, familia, posición oficial y desengañado del mundo se encaminó a México. En Guadalajara se le conoció en 1815 vestido como los franciscanos y se trasladó a California al convento franciscano. Luego se internó en cercanía de Monterrey en donde se le solía ver en los mercados acompañado de indígenas, vendiendo legumbres y vestido como ellos. Al final, volvió a la ciudad de México con sotana de jesuíta y así murió en 1850 a los ¡98 años de edad!.

Cordial saludo,