IGNACIO MUÑOZ
1852 - 1934 
Por Guillermo Alberto González Mosquera
De: Mario Pachajoa Burbano

Sin lugar a dudas, fue el más sobresaliente empresario caucano de este siglo. No únicamente por el impresionante poderío económico que acumuló en materia de capital, sino por su visión empresarial, su incomparable capacidad de trabajo y su tesón para abrirse paso venciendo cualquier dificultad. En palabras de su nieto Alvaro Pío Valencia "...era una síntesis feliz de los altos ideales, apolíneo en la integración armónica de las fuerzas que ponía en movimiento para realizar su obra y dionisíaco en la plenitud del disfrute vital". Un día, cuando apenas era un adolescente y delante de su madre, en la puerta de su casa humilde situada en el Alto de Cauca, mirando el ilímite horizonte cordillerano, se impuso su propio desafío ante la vida y desde entonces le ganó siempre la apuesta al infortunio.

Había nacido de padre caucano y madre de ascendencia antioqueña, en hogar humilde en las inmediaciones de Popayán, pero desde joven demostró que era hombre de especial visión para construir grandes empresas. Firmó más de 400 escrituras de compraventa en la zona de influencia de sus negocios y supo asociarse con personas de especial valía en la vida nacional como Pedro Nel Ospina, con quienes llevó a cabo proyectos de envergadura en el área de las obras de infraestructura y transportes. Incursionó con éxito en el campo del comercio no sólo en el Cauca, sino también en el Valle, donde fundó empresas con visión de lo que en el futuro sería esa rica zona del país.

A su empuje y vigor para emprender obras de magnitud, se debe la realización de proyectos de tanta importancia como el Ferrocarril Buenaventura - Cali, el camino de Barbacoas a Tumaco en el departamento de Nariño y buena parte de la construcción de la red de Telégrafos Nacionales. Era la época en que el desarrollo colombiano se medía casi exclusivamente por la capacidad para comunicar regiones con potencial económico, que permanecían aisladas de otros centros de producción y consumo. Don Ignacio Muñoz supo interpretar esa circunstancia y aplicó su indomeñable energía a demostrar que tales proyectos eran viables, si existían personas que con audacia convirtieran en realidades lo que muchos consideraban como simples utopías.

Dominó la montaña en el Cauca y la convirtió en praderas mejoradas que incorporaron miles de hectáreas a la economía pecuaria del país. Trajo al Cauca ejemplares bovinos de razas europeas que mejoraron la genética existente y supo adaptarlas a las condiciones locales.

Construyó bellas casas solariegas de hacienda que llegaron a convertirse en testimonios de una arquitectura sobria y bien cimentada como la fortuna de su dueño.

La progenie que dejó llegaría a presentarse con especiales credenciales de valor y dignidad en la vida nacional. Su nieto Guillermo León Valencia ocuparía la Presidencia de la República. Otros de sus descendientes, como Josefina Valencia de Hubach y Reynaldo Muñoz Zambrano llegarían a ser destacados ministros de estado. Y muchos más serían gobernadores, embajadores, académicos, hombres de empresa, políticos o damas de sobresaliente señorío. Prolongaba así el conquistador de tierras, su aventura vital que logró transformar las adormecidas estructuras de su terruño convirtiéndolas en factores de progreso y con su propio estilo, saber vivir la vida en toda la dimensión del goce de sus más sabios placeres. El busto en bronce de Don Ignacio Muñoz, fue inaugurado en el patio central del Edificio del Banco Ganadero de Popayán, en presencia de su ilustre nieto el Presidente Guillermo León Valencia.