MERCEDES HURTADO DE ÁLVAREZ
Sábado 24 de junio, 2006
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos:

Mercedes Hurtado de Álvarez, nació en Popayán y durante largos años residió en la ciudad de Bogotá. Fue allí en donde en 1870 publicó su novela: Alfonso, cuadros de costumbres. También hay artículos suyos publicados en algunos periódicos.

Mercedes murió en Bogotá el 16 de Octubre de 1890.

De su novela transcribimos el párrafo que refiere a las lejanas épocas payanesas en las cuales era posible realizar reuniones campestres a la orilla del Río Cauca, especialmente en los meses de julio y agosto.

Mercedes nos la relata en el siguiente cuadro:

Los meses de Julio y Agosto son una de las épocas mejores en Popayán. La atmósfera, que de ordinario es eléctrica y da al cielo un aspecto triste y nebuloso con sus frecuentes tempestades, en estos meses cambia completamente y se pone pura como el cristal y de un aspecto risueño. En esta época sus habitantes Se alegran y van á gozar de los amenos campos del Cauca en varios puntos a cuál más bellos: el Bosque, el Infiernito, Tortugas, Puente Real, etc. Es allí, bajo esos guayabos, en donde se danza y se canta con una alegre música; y a la orilla del río, que se ve coronado de gente, en un blanco mantel se saborea el sabroso chocolate con su correspondiente acompañamiento de bizcochos y queso. Allí se ve á la linda |ñapanga, de rosada patita descalza, con su sombrerito de jipijapa, adornado con lazos de cintas, y galanteada como la mejor señorita. Más allá está la respetable matrona con su esposo y rodeada de sus hijos. En otra parte un grupo encantador de jóvenes bellísimas, cubiertas las cabezas con sombreritos de paja de Italia; otras con rasponcitos de ala arriscada, adornados de flores naturales, dejando ver con cierta coquetería su linde palmito. Otras se botan al agua y azotan con sus robustos brazos las cristalinas ondas, dejando la cabellera flotante sobre la espalda. En fin, todo es allí placer, gozan tanto los niños como las mujeres, lo mismo los ricos que los pobres todo es allí contento, todos son allí iguales. Llega la hora de retirarse, y se dirigen alegres, cansados, á entregarse al sueño: las criadas llevan las bateas, y en ellas los restos del banquete campestre, ollas, botellas, platos, cubiertos, etc

Cordialmente,