OSCAR HURTADO ZAPATA
Martes 30 de septiembre, 2003
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

Marco Antonio Valencia Calle, nos cuenta la ejemplar vida de Oscar Hurtado Zapata, un payanés que le ha tocado hacer de todo para sobrevivir y que a todas luces ha triunfado.

Cordial saludo,

***

Con las botas puestas
Por Marco Antonio Valencia Calle

El Liberal
30 de septiembre, 2003
(Fragmento)

Por éstos días conocí, para ejemplo, la biografía de Oscar Hurtado Zapata, un payanés, cuya madre murió cuando él nació y su padre fatigado, adolorido y joven lo dejó al cuidado de su abuela doña Bárbara, que para cuidarlo hizo de enfermera, sastre, lavandera, vendedora en plazas de mercado, empleada, en fin; y por supuesto, Oscar para apoyar a su abuela a los diez años ya vendía chance, lotería, periódicos, panela, pollos, en fin.

Estudió primaria en el colegio Apostólico (hoy el Seminario) y bachillerato en el nocturno José María Córdoba, y mientras estudiaba trabajaba en un taller de fundición en jornadas infatigables, desmerecidas y mal pagas, pero no se dejó morir de hambre, ni desfalleció. Un día, después de padecer una intensa historia de amor se casó con Francie, y armó una familia de cuatro hijos (hoy ya adolescentes). Y ya casado, con el apoyo del suegro, Don Julio Mosquera Méndez, una especie de Ángel de la Guarda en su vida, empezó a estudiar Contaduría de noche en la Universidad del Cauca y a laborar en la Cruz Roja Internacional donde fue chofer, almacenista, socorrista, Contador, Comisionado de paz y hasta Director Ejecutivo encargado, en fin. Ya graduado se fue a trabajar con Cartón Colombia, y luego se vinculó a la Cooperativa Trans Tambo, como gerente.

Una vez se accidentó en una motocicleta y cuenta que vive de milagro: Perdió una oreja, el nervio óptico y hubo necesidad que le reconstruyeran media cara (¡vainas de Dios!). Hoy Oscar Hurtado, muestra con orgullo su historia, su hoja de vida y sus logros personales, familiares y como gerente de transportes, actividad de la que se retiró para dedicarse al servicio de la comunidad desde los tinglados de la política, en un partido tradicional en crisis y dividido, sosteniendo que, para triunfar hay que ser leal “y morir con las botas puestas”. De seguro, una frase temeraria, pero nada distinto se puede esperar de un huérfano con semejante papá. Eso sí, todos somos huérfanos de algo, y todos somos hijos de Dios.