LECCIONES DE HORROR
Lunes 17 de septiembre, 2001
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

Gustavo Wilches-Chaux, nos envía sus comentarios sobre el 11 de septiembre. Nuestros agradecimientos a Gustavo por sus lecciones de horror.

""" ... LECCIONES DEL HORROR
Por: GUSTAVO WILCHES-CHAUX

Posiblemente el ataque terrorista simultáneo al Centro Mundial de Comercio y al Pentágono "todavía reciente, todavía en curso-, sea el episodio de la Historia que con más fuerza ha conmovido a la humanidad en su conjunto. Cierto es que, por ejemplo, las explosiones nucleares sobre Hiroshima y Nagasaky, que marcaron el inicio de la llamada "Era Atómica" " y que demostraron que la especie humana había descubierto la manera de poner la energía nuclear al servicio de la guerra, produjeron un número mucho mayor de destrucción y de muerte. Pero en ese momento el mundo era otro.

Se ha comparado también esta aventura terrorista con el ataque japonés contra Pearl Harbor, pero las diferencias son tantas, que cualquier comparación pierde sentido: empezando por el hecho de que el bombardeo a Pearl Harbor, que se llevó a cabo en medio de un escenario bélico generalizado, fue la agresión de las fuerzas armadas regulares de un país contra las fuerzas armadas de otro, que si bien no estaba todavía en guerra declarada, sí pertenecía claramente a un bando hostil al del país atacante. En este caso, en cambio, ni siquiera ha podido saberse con certeza quién es el agresor ni a quién hay que declararle concreta y formalmente la guerra. Aún en su barbarie, la guerra se rige por unos protocolos que, en este caso, resultan totalmente inaplicables.

Pero además, el número total de víctimas en Pearl Harbor, casi todos militares en armas, escasamente alcanza una porción de los probables muertos que deja este ataque terrorista, la mayoría "si no todos- civiles indefensos y desprevenidos. Y si bien Pearl Harbor formaba y forma hoy parte del territorio de los Estados Unidos, geográficamente se encuentra muy lejos del centro del Imperio. Este ataque, en cambio, no es sólo contra el corazón económico y político de los Estados Unidos, sino contra el corazón mismo del capitalismo, de la "civilización occidental" en su acepción más actual y contundente. No en vano Nueva York se conoce y reconoce -y funciona para muchos efectos- como "la capital del mundo". Aún si el avión que se estrelló contra el Pentágono y que supuestamente se dirigía contra la Casa Blanca, hubiera logrado su objetivo, ese hecho por sí sólo no habría tenido la capacidad de conmover y sobre todo de traumatizar sicológica, económica y aún logísticamente al mundo entero, que ha tenido la destrucción de ese sector tan importante de Manhattan.

Posiblemente uno de los hechos que más han influido en la contundencia de este ataque terrorista, sea el papel de los medios y especialmente de la televisión, que nos ha permitido a los varios centenares de millones de habitantes de la Tierra con acceso a los mismos, participar en tiempo real de los sucesos, no solamente mientras éstos se llevan a cabo, sino incluso desde antes de que ocurran. Por eso en los vidrios de las ventanas de tantos millones de hogares del mundo resuenan todavía las explosiones, y jamás podrán borrarse de la memoria de quienes hemos sido sus testigos presenciales (aún hallándonos a centenares de kilómetros de distancia), las imágenes de pesadilla de los aviones estrellándose contra la Torres Gemelas. Por eso estamos compartiendo en nuestras propias tripas la larga y conciente agonía de los ocupantes de esos aviones y de los edificios atacados. Y por eso el humo de Manhattan ardiendo y el polvo de los edificios derrumbándose, no nos dejan entender el presente ni mucho menos atisbar el futuro.

En medio de la humareda comienzan a aflorar, sin embargo, muchas lecciones importantes. La primera se deriva de que, posiblemente, nunca la humanidad había sentido de manera tan real la pequeñez de la Tierra. Este ataque terrorista, que parece ser la consecuencia más reciente de un problema sin resolver en el Oriente Medio, se nos mete hoy de manera inexorable a las casas, a quienes en cualquier parte del mundo, nos hubiéramos podido haber hecho la ilusión de que ese conflicto tenía lugar en alguna región muy alejada del planeta.

Segunda lección: si bien parece muy posible que los protagonistas de este ataque sean fundamentalistas musulmanes, lo cual significaría que las raíces más remotas de esas imágenes que nos alucinan se sumergen en épocas bíblicas, también estamos siendo testigos "o más aún: víctimas directas o indirectas- de las consecuencias de un "orden" "desorden" mundial, en el cual cada vez más millones de seres humanos van quedando condenados a sobrevivir por debajo de los límites de la pobreza absoluta. La "lucha por la tierra", que antes era cosa de indígenas y campesinos peleando por unas cuantas hectáreas para vivir y garantizar su seguridad alimentaria, se está convirtiendo en "la lucha por la Tierra" (con mayúscula) para los millones de seres humanos que, por carecer de unas "ventajas competitivas" que les permitan continuar en el mercado, han ido perdiendo poco a poco, pero de manera cada vez más acelerada, el derecho a permanecer sobre el planeta. Esa exclusión genera, como estamos viendo, reacciones demenciales, alimentadas en este caso por una interpretación patológica del Islam, una religión que, al igual que el cristianismo, también contiene, paradójicamente, un mensaje de amor en su base. (Recordemos que en ejercicio de interpretaciones igualmente patológicas del cristianismo, se llevaron a cabo Las Cruzadas y la Inquisición, y ese genocidio étnico, cultural y a la larga ecológico, que fue La Conquista de América.)

Una tercera lección se refiere a la enorme vulnerabilidad de las megaciudades. Alguna vez, trepado precisamente en la terraza de una de esas modernas Torres Gemelas de Babel que hoy son historia "y cuyo derrumbe marca el cambio de la Historia-, miraba los centenares de miles de seres cuyas vidas se desarrollan diariamente en los distintos niveles de esos abismos profundos, demarcados por los rascacielos de las grandes ciudades. Las Torres Gemelas, supuestamente, estaban diseñadas para resistir el choque de un avión contra sus estructuras. Pero a la hora de la verdad, lo único cierto es esa imagen lamentable de los bomberos, intentando apagar inútilmente, con sus mangueras "de jardín", los automóviles incendiados en las calles. Mientras a su lado los edificios arden como símbolos de esa enorme vulnerabilidad que subyace detrás de la soberbia humana, capaz de generar absurdos como el capitalismo salvaje y como ese terrorismo despiadado que hoy sacude, como nunca antes, al mundo.

Expresiones de la arrogancia de esta, nuestra especie, que ha hecho de la Tierra el planeta más peligroso del Sistema Solar y territorios aledaños. Bogotá, septiembre 13 de 2001... """

Cordial saludo,