HOLOFERNES PAYANES
Sábado 31 de agosto, 2002
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

Guido Enríquez Ruiz, nos cuenta la leyenda de Holofernes, ... pero la del Holofernes payanés, que lo que escribía lo hacía en verso, y que la publicó El Liberal del 17 de septiembre de 2000. Para los payaneses que no tuvieron la oportunidad, en ese entonces, de leerla, héla aquí:

HOLOFERNES
Por: Guido Enríquez Ruiz

Hay en la Biblia una leyenda según la cual Judit, monumento de mujer que, para conservar la línea "ayunaba todos los días, fuera de los sábados, novilunios, las solemnidades y días de regocijo de la casa de Israel". No fue militar ni guerrillera pero logró tremenda victoria para los judíos merced a su refinadísima astucia que le hizo posible cortar la cabeza de Holofernes, asirio y jurado enemigo de los israelitas.

Más que por sus hechos Holofernes se hizo célebre por haber caído en manos de Judit; por eso el arte se ha ocupado tanto de él como también, y en primer lugar, de su victimaria. Uno de los sonetos de "Las dos cabezas", de Guillermo Valencia, trata inspiradamente el tema.

En Popayán tuvimos también un Holofernes, pero en un nivel totalmente diferente al del asirio.

Fue Hernando Orejuela Fernández, abogado, poeta festivo, gran conversador y miembro de la "Tertulia payanesa", quien tuvo por dirección telegráfica "Holofernes", sigla de su nombre, que se convirtió en apodo. Orejuela Fernández prefirió el soneto para sus bromas y sátiras tal vez recordando a Francisco de Quevedo y Villegas, a Luis de Góngora y Argote, a Lope de Vega y Carpio, a Juan de Tassis y Peralta y a otros célebres escritores del Siglo de Oro español, quienes se burlaron de sus contemporáneos y demolieron honras montando sus baterías en los 14 versos del modelo de Petrarca. Se refieren generalmente los de Orejuela a situaciones vividas por el autor en nuestros medios caucanos y se distinguen por la ingeniosa captación de las circunstancias principalmente políticas que se expresan con palabras comunes pero bien dirigidas al asunto.

Una vez el senador Mario S. Vivas fue víctima en el Tambo de un atentado sin más consecuencias que la rotura de su saco . Entonces Orejuela escribió:

"Qué crimen tan atroz y qué irrespeto a las leyes divinas y al derecho, al Parlamento, aun cuando esté maltrecho, al emblema, a la insignia y al sujeto!...

Al Tambo, la ciudad hospitalaria, llegó un hombre locuaz un cierto día, con un flamante saco que vestía para complementar su indumentaria...

Después de perorarse calle abajo, deambulando feliz y satisfecho y, cuando nadie sos pechaba el hecho, una mujer gritó: "Vea, gran carajo!" y con rudo puñal... no hubo homicidio sino sólo un pe queño saquicidio!..."

El poeta José Ignacio Bustamante fue cierta vez atracado por un antisocial conocido con el apodo de "El águila", cosa que dió ocasión a Holofernes para el siguiente soneto:

"Víctima fue de atraco sin segundo Maese Bus, con su chicote y todo, no por ser liberal, ni, menos, godo, ni por trasnochador y vagabundo.

Lo fue porque las águilas pensaron, al verle relucir la santiparras, que la presa atrapada entre sus garras era un acaudalado...y se estafaron.

Pues cuando al pobre Bus lo colocaron manos arriba y vino la requisa fuera de su tabaco con ceniza

tan sólo en los bolsillos le encontraron un poema muy largo y emotivo pero menos que nada en efectivo"

Cuando el INCORA, por edicto, emplazó a Doña Justina Benavides de Mosquera, quien hacía años habña muerto, dijo Orejuela:

"Difícil que Justinita atienda el emplazamiento por estar en el momento a una distancia infinita".

Siempre jovial Holofernes nos dejó buenas muestras de su ingenio y de su facilidad para plasmar en el verso situaciones comunes de la vida de nuestra sociedad realzadas por la literatura.

Cordial saludo,