HERMANDAD DE LAS JUNTAS PRO SEMANA SANTA DE POPAYÁN Y SANTIAGO DE COMPOSTELA
Lunes 3 de mayo, 2004
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

El Sábado Santo pasado, 10 de abril 2004, se realizó un histórico Acto en Santiago de Compostela, España: la hermandad de la Junta Permanente pro Semana Santa de Popayán y la Junta de Cofradías de la Semana Santa de Santiago de Compostela.

Marcela Ayerbe de Burson tuvo la gentileza de suministrarnos el texto del siguiente artículo, preparado por Angel Mario López-Barrajón Barrios, que detalla la mencionada celebración.

Cordial saludo,

***
Sahumar en Santiago
Por ÁNGEL MARIO LÓPEZ- BARRAJÓN BARRIOS*

ESPECIAL PARA EL LIBERAL

Junto a la concha, la calabaza o el cayado del peregrino, la sola mención de la palabra botafumeiro nos hace pensar inmediatamente en Santiago de Compostela. Este curioso artefacto es un enorme incensario de plata que vuela varias veces al día a la altura de las bóvedas del lugar donde se veneran las reliquias del Santo Apóstol.

El último Sábado Santo además del botafumeiro, un pebetero portado por una linda ñapanga perfumó con sahumerio Santiago durante una procesión… delante de un paso…como en Popayán.

Las previsiones meteorológicas no fallaron, el final de la Semana Santa trajo viento y lluvia en Andalucía y cielos despejados en Galicia. Resulta curioso saber que durante casi todo el año el panorama del tiempo en España es exactamente el contrario.

Con el cielo despejado y aún con sol recibió Santiago a un grupo de peregrinos llamados a cumplir la doble misión de ganarse el jubileo y la de consumar la unión de dos profundas tradiciones religiosas y culturales. Hacía tiempo que la Junta de Cofradías de Semana Santa de Santiago de Compostela había decidido hermanarse con la Junta Permanente Pro-Semana Santa de Popayán y para ello, desde Colombia se organizó una comisión que la representara en el acto oficial que tendría lugar en España.

Seis personas integraron dicha comisión: doña Victoria Eugenia Garrido de Ángulo, Cónsul de Colombia en Bilbao, doña Marcela Ayerbe de Burson, doña Amparo Acosta de Rodríguez, señorita Ángela María Rodríguez Acosta, don Luis Eduardo Ayerbe y el que suscribe Ángel Mario López-Barrajón.

El Sábado santo a las trece horas comparecimos junto a nuestros “hermanos” compostelanos en el palacio episcopal, literalmente pegado a la catedral. Se leyeron palabras de saludo redactadas por los dos obispos, el de Santiago y el de Popayán, en presencia de su vicario y archivero se consumó el acto de hermanamiento mediante la lectura y firma de las actas por parte de todos los presentes.

A continuación tuvo lugar un encantador intercambio de insignias, medallas y diversos presentes. Quiero reseñar especialmente el clima de verdadera camaradería que se respiró durante todo el acto así como el interés y auténtico conocimiento de la Semana Santa de Popayán por parte de nuestros amigos de Santiago, nos emocionó su curiosidad que continuó incluso ya acabada la ceremonia y que se dilató a lo largo del posterior almuerzo donde rendimos cumplida cuenta de las delicias gastronómicas gallegas.

La tarde se enfriaba, no así nosotros. Nuestra siguiente cita era presenciar el desbarate de algunos de los pasos que habían procesionado en la semana mayor compostelana. Cuanta emoción se vivió al ver la bella escultura barroca del Cristo de la Misericordia, casi idéntica a nuestro Amo Ecce Homo, de la ermita de Belén a Compostela no hay tanta distancia.

El sol se ocultaba cuando comenzaron a redoblar los tambores que abrían la magna procesión del Santo Cristo de la Unción y Nuestra Señora de la Serenidad. El largo cortejo que partió del colegio de los Padres Salesianos se adentraba en las calles del casco viejo de Santiago, la milenaria Rúa das Orfas, la Rúa do Vilar o la Porta Faxeira se abrían a nuestro paso. La gente que abarrotaba las aceras dirigía sus miradas a los bellos pasos que desfilaban repletos de flores. Esas mismas miradas asombradas también se detenían en la vistosidad de los túnicos, los paños terciados, las coronas y cordones de aquellos que ataviados de cargueros custodiaban el paso del Cristo y a los que acompañaba una bella sahumadora deliciosamente vestida de ñapanga. Ni la señorita Ángel María Rodríguez, estudiante payanesa residente en Santiago ni don Luis Eduardo Ayerbe ni yo mismo podremos olvidar mientras vivamos, la emoción que nos embargó durante las casi res horas que duró la procesión. El olor a almizcle, ámbar y clavo que exhalaba el sahumerio vestía las calles de Santiago de Nuevo Mundo, henchidos de orgullo repetíamos a cuantos preguntaban “Venimos de Popayán en Colombia”.

El rezo de la “Salve” y el toque de silencio marcaron e fin de un día inolvidable, prodigioso, un día en el que como en Popayán, en una procesión de Semana Santa una bella ñapanga tuvo el honor y la dicha de sahumar en Santiago.

Luminoso amaneció también el Domingo de Pascua, este día lo dedicamos a cumplir nuestra obligación de peregrinos; misa mayor a las diez, procesión mitrada, vuelo de botafumeiro y abrazo al Santo. La luz diurna nos descubrió una ciudad nueva, alegre, preñada de romeros que a pié o a caballo llegaban de todas las partes del globo.

Tras la visita a la Catedral y al monasterio de San Martín Pinario todos nos dirigimos a la plaza del Obradoiro, crisol de Santiago, faro, imán de peregrinos. Allí nos despedimos, allí se quedó un poco de nuestro corazón, allí prometimos vernos de nuevo en Popayán o… en Compostela.

*Licenciado en Historia del Arte.