GONZALO VIDAL
1863 - 1946
Por: Guillermo Alberto González Mosquera
De: Mario Pachajoa Burbano

"En la confluencia de payanés nato y antioqueño nacionalizado, predominaban por igual la rancia cultura de los depositarios del caucano sepulcro de Don Quijote y la afirmativa franqueza del antioqueño no exento de distinguida pulcritud". Las atinadas palabras de uno de sus recientes biógrafos, resumen la mezcla espiritual que determinaría la sobresaliente personalidad de quien por más de cincuenta años se constituiría en el centro focal de la música en Medellín. Antioquia le debe a este payanés notable las inconfundibles notas de su himno, que lleva la letra del gran poeta Epifanio Mejía. Se configura así un enlace de hondo calado espiritual, que ya había tenido en el pasado otras manifestaciones, que en veces fueron definitivas para modificar el propio destino nacional.

Sería inadmisible pretender biografiar al Maestro Vidal dejando a un lado lo que significó su familia en las artes, pero más especialmente en la música. Vidal llega a ser el resultante natural de la trayectoria de notables compositores y ejecutantes, empezando por su padre Pedro José, profesor de violín y por muchos años Maestro de Música de las Catedrales de Popayán y Medellín, además de Director de la Escuela de Música de esta última ciudad, en donde dejó pruebas de su fecundidad como compositor. Su tío Francisco José alternó su vocación de guerrero liberal de numerosas contiendas con una ferviente pasión por la música que constituía parte vital de su existencia andariega de aventurero incansable. Tocaba varios instrumentos, entre ellos el contrabajo y escribió composiciones de tipo religioso y profano. Tías del Maestro Gonzalo, fueron en Popayán cantantes de fina voz y de una de ellas, María Francisca, se dice aún que fue la mujer con la voz más hermosa que se haya escuchado en la ciudad.

La vida de Gonzalo Vidal, precedida de las corrientes genéticas que traía su sangre, transcurrió a "golpes de constancia y de fe", con una inalterable lealtad a su vocación. Fue también Director de Orquesta, Director de Banda, Director de Corales, docente - unas veces pagado y otras ad-honorem -, ejecutante de variados instrumentos, promotor de agrupaciones operáticas, alma y corazón de la Escuela de Música de Medellín, pero por encima de todo, gran compositor cuya producción empieza a valorarse en la Colombia de nuestros días. Su talento se manifestaría tanto en el campo de la composición popular como en la culta, pues de ambas dejó notables muestras. Pasillos - sobre todo pasillos -, pero también danzas, mazurcas, valses, polcas, pasodobles, himnos y canciones, todas expresiones de su talento fecundo y variado, siempre en ebullición creadora con pocos paralelos.

Por temperamento, por ancestro y por oficio, era un alma religiosa que necesariamente llegaría a la composición de este género, que sería en últimas su gran distintivo. Y así dejó cinco Misas, una Melodía Fúnebre y un bellísimo Stabat Mater que hoy se reconoce como su obra fundamental. En el Festival de Música Religiosa de Popayán en 1998, un público ansioso pudo conocer la interpretación de varias de las obras de este hijo de la ciudad, a quien tardíamente se le ofrecía el homenaje que en su tierra natal, en la suave penumbra de sus Templos habilitados para servir de escenarios a un certamen de reconocido prestigio, las notas del Maestro fluyeran con legítimo derecho en el solar de sus mayores.