MIL GUERRAS
Lunes 6 de diciembre, 2004
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

El escritor y poeta payanés Marco Antonio Valencia Calle, en su artículo semanal, felicita a los recién graduados, les enumera las dificultades que encontrarán y entre tanto, los invita a sonreir para la foto de graduación.

Cordialmente,

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MIL GUERRAS
Por: MARCO ANTONIO VALENCIA CALLE

Diciembre 6, 2004

Universidades y colegios reparten diplomas por estos días. La juventud se gradúa, pero para “la sal del mundo”, como llamó Juan Pablo II a los jóvenes, el aviso de “Bienvenidos al futuro”, no es tan halagador. Les esperan compromisos y responsabilidades inimaginables, es decir, mil guerras por atender.

Los suertudos (protegidos por sus padres con modo) tendrán la oportunidad de ir a la universidad o de postgraduarse. Y comenzarán un juego de probabilidades lleno de alegrías y de incertidumbres terribles. Nada les garantiza que los miles de días sentados en un aula de clase intentando aprender en medio de una feria de fotocopias les darán mejor futuro, pero deben creer a fe ciega en ello y apostar hasta el último trasnocho. Solo el que apuesta arriesga a ganar.

Los otros, los miles de jóvenes que se gradúan y no pueden ir a ninguna universidad, comenzarán a tientas a buscar su futuro como en el juego de la gallinita ciega, o el tradicional ”escondite a lo americano”, aquel juego donde el que encuentra la pareja adecuada lo premian con un beso por avispado. Para ellos el lema del “que busca encuentra” los abrigará de esperanzas. Y ojala esas esperanzas estén lejos de la guerras con armas de fuego, y solo tengamos noticias de sus batallas personales para encontrar un motivo adecuado para vivir con dignidad.

Será agradable ver a todos estos jóvenes recién graduados crecer un poco más, sufriendo al reconocer sus limitaciones y gozándose el sagrado derecho de equivocarse, de buscar a punta de ensayo y error la fuente de la eterna felicidad detrás del hedonismo, el vil dinero o las fantasías de la tele. Los veremos seguramente dando pataditas de ahogado, errando esfuerzos, empujando puertas que nadie quiere abrir y todo aquello que hace de la juventud, “el divino tesoro” y la envidia de los sabios. Y claro, a lo mejor veamos triunfar a los atrevidos y creativos. Y que pena, pero hay que decirlo, muchos morirán entupidamente como carne de cañón de ideas retorcidas, o en accidentes más estúpidos todavía, pero propios de la locura que implica alguna juventud descarriada.

Tengo que decirles que ser graduados en algo no necesariamente les hace la vida más fácil o mejor. Que ese diploma no los deja inmunes al dolor o los vuelve invencibles del ridículo, y que ningún cartón les garantiza el éxito total en las batallas por vivir. Graduarse es simplemente la consecuencia natural de haber estudiado mucho para terminar sabiendo poco, especialmente de la vida, o sea que no se las vengan a picar de nada porque ya son bachilleres o profesionales. Ustedes mejor que nadie saben (porque lo estudiaron) que el universo es tan grande, tan vasto, tan infinito, que esa energía de juventud adornada de sentimientos de inmortalidad e inteligencia, tan solo son ilusiones pasajeras.

Bienvenidos pues a otra dimensión. Felicitaciones, y ojalá la vida no les cobre con creces, la vagancia, la ignorancia, la desfachatez, la frescura, las debilidades, la lentitud o la irresponsabilidades, en que pudieron haber incurrido mientras cursaban sus estudios. Y mientras puedan, sonrían para la foto. (manvalencia@caucanet.net.co).