POPAYÁN EN ... GRECIA
Jueves 15 de junio 2000
De: Mario Pachajoa Burbano

Payaneses ilustres:

Jaime Vejarano Varona nos ha complacido con hacernos llegar la siguiente deliciosa contribución, magistralmente escrita:

SOTAREÑO, ÑAPANGAS, PIPIAN Y PROCESIONES PAYANESAS
 .... . ... !EN GRECIA!
Por: Jaime Vejarano Varona

¡Quién lo pudiera creer! A través del correo Internet que escribe desde Washington para los payaneses de todas las latitudes, el dinámico y visceral "patojo" ingeniero Mario Pachajoa, nos vinimos a enterar de una noticia insólita que nos produjo enorme sorpresa y satisfacción.

Allá ... muy lejos de nosotros, al sur de la Península de los Balcanes, situada al sur oeste de Europa y, entrando a mano derecha, frente al mar Egeo (¿Ya están ubicados?), encuéntrase una ciudad portuaria llamada Salónica. No son muchos los payaneses que hayan andado por esos confines y, (salvo el itinerante dr. Guido Enríquez Ruiz), que puedan haber quedado enredados allí en las húmedas pupilas de alguna grieguita, al zarpar su barco de regreso.

Pues bien, ¡Asómbrense ustedes!: existe allá un rincón auténticamente "patojo" donde puede usted deleitarse contemplando fotos ampliadas de nuestras procesiones de Semana Santa, afiches con la figura graciosa y coqueta de una ñapanga, quizá dibujada por nuestro inefable caricaturista Fígaro, estampas de nuestra Plaza de Caldas que se las quisieran José Sánchez o Luis H. Ledezma; y puede también escuchar música de Efraín Orozco, o las sentidas notas del Sotareño, Señora María Rosa o Linda Payanesa; y disfrutarlas como si estuviera en el "Rinconcito Patojo", mientras saborea unas apetitosas "empanadas de pipián"..

¿Cómo vino a ser posible semejante fantasía? ¿Qué "nigüento patojo" pudo establecerse en esos trigos y llevarse a tan distante lugar un pedazo de este nuestro Popayán?

Pues, escuchen la historia: hace años, llegó al Puerto de Buenaventura un barco griego tras una muy larga travesía trasatlántica. La nave tuvo dificultades técnicas y hubo de anclar por varios meses mientras lograba ser reparada. Venía allí un viajero, griego también, que quiso convertir el contratiempo en una oportunidad turística y se hizo a tierra, viniendo a parar en gira de conocimiento, a nuestra ciudad.

Conoció aquí a una "linda payanesa" de la cual se prendó irremisiblemente. La pidió en matrimonio para llevarse su gracia a su Grecia, pero, -por desgracia- para él, ella no le aceptó. El viajero regresó a su barco y despechado, zarpó rumbo a su lejana tierra. No obstante llevaba ya comprometido su corazón y estuvo escribiéndole asiduamente a su "payesita", como la llamaba, hermosas cartas de amor.

Queriéndole probar la firmeza de sus intenciones vino, por tres veces más, a tratar de convencerla para que se fuera con él, pero sin éxito alguno,.frente a la reiterada negativa de la asombrada muchachita que no se atrevió a semejante aventura.

Pero si bien es cierto que, al fin del cuento, el griego no logró su pretensión, poco a poco fue llevándose, dentro de sí, el alma de Popayán que, convertida en imágenes, canciones y poemas, así como en frituras de "pipián", trasladó a su patria, para recogerlas en un bar de su propiedad ... allá, donde les he contado.

Y, "colorín colorado", créanlo o nó, este cuento se ha acabado. Mas, si desean comprobarlo, no es sino que reserven pasajes, ya mismo, para Salónica y averigüen ahí por el Bar del Marino Ausente.

Cordial saludo,