EL GRAN GENERAL
Domingo 13 de agosto, 2000
De: Mario Pachajoa Burbano

Payaneses ilustres:

Tomás Cipriano Mosquera Arboleda, cuando tenia 17 años y medio, mil quinientos pesos le salvaron la vida. Unos días antes, el brigadier español Juan Sámano derrotó al ejército patriota en la batalla de "La Cuchilla del Tambo".

Hé aquí lo que nos cuenta el mismo Tomás Cipriano en su "Autobiografía, El Gran General": "".. A consecuencia de la derrota que sufrieron nuestras fuerzas en "La Cuchilla del Tambo" el 29 de junio de 1816, fuí llevado a la cárcel pública en que estaban los oficiales subalternos en honrosa prisión. Mi madre [Maria Manuela Arboleda Arrechea] dió mil quinientos pesos para que no fuera incluído en el sorteo de quinto para fusilar a quienes tocara la desgracia. De este modo fuí excluído y se me pasó del cuartel del batallón Pasto, por petición del comandante de este cuerpo que tenía relaciones de amistad con mis padres.

Esta circunstancia me proporcionó estar en el mismo lugar en donde se hallaban presos el ilustre Camilo Torres y sus hermanos Jerónimo e Ignacio, el general José María Cabal y Antonio Arboleda, el de Cartagena y después miembro del gobierno general Manuel Torices, y el del Chocó Sr. Buch, los coroneles José María Quijano y José María Gutiérrez, 8 miembros del Congreso general, los señores Dávila y Tramoyano, los presbíteros Ordóñez y Rosillo, el padre hoy general Joaquín París y el Capitán Araos, con algunos otros que no recuerdo.

El 19 de agosto de 1816 fue el día destinado para fusilar al general Cabal, al coronel Quijano, al teniente coronel Matute, y a los oficiales subalternos Cuervo, Posse, Sabarín y José Hilario López, que fueron indultados al ir al patíbulo y solamente privados de la vida los tres jefes que dejo nombrados. Al salir estos al martirio, muchos estábamos en la puerta de una pieza contigua a la salida del cuartel, todos bañados en lágrimas al presenciar la triste suerte del ilustre Cabal y sus compañeros. Al vernos, el general Cabal me dirigió estas memorables palabras, que han quedado grabadas en mi corazón: "Mosquerita, su tierna edad lo salvará, acuérdese de su general para vengarlo".

Diego Castrillón Arboleda en su libro "Tomás Cipriano de Mosquera", nos relata lo siguiente: "".. La intervención del capellán Montilla y de don Juan Tolrá, permitieron que el joven Mosquera saliese de la prisión, bajo la condición de servir en el Batallón Segundo de Numancia, a órdenes de la Corona. Se alojó en la casa de su familia, la cual había hecho uso de su influencia para conseguirlo, aunque seguió figurando como prisionero. No obstante, no se lo destinó a ningún servicio activo, estuvo como cabo de proveeduría durante un año, cumplido el cual, su padre, mediante buenos oficios ante su hermano Joaquín Mosquera y Figueroa consiguió pasaporte para trasladarlo a Madrid con el fin de alistarlo en la guardia de Corps. .."" Tomás Cipriano, sin querer ir a España al lado de su tío, ni al servicio del Rey, porque sus principios republicanos no se lo permitían, tomó rumbo a Jamaica.

Cordial saludo,