GERARDO VALENCIA Y ANÍBAL PRADO
Miércoles 5 de abril 2000
De: Mario Pachajoa Burbano

Payaneses ilustres:

Continuando con las biografías preparadas por Guillermo Alberto González Mosquera, hoy transcribimos las relacionadas con el poeta Gerardo Valencia y el abogado y político Aníbal Prado.

Cordial saludo,

GERARDO VALENCIA (1911- 1994)
Por: Guillermo Alberto González Mosquera

En la historia de la poesía colombiana el movimiento de Piedra y Cielo tiene un sitio preferente. Y entre sus exponentes, al lado de Eduardo Carranza, Jorge Rojas, Arturo Camacho Ramírez y Carlos Martín, aparece este poeta payanés, que sin alardes se sitúa como una figura nítida, que se impone por sí sola. Gerardo Valencia estudió su primaria con los Hermanos Maristas en su ciudad natal y luego vivió en Ibagué y Girardot, ciudades en las que se radicó su familia por razones de salud del padre. Se graduó de bachiller en el Instituto de la Salle de Bogotá, de donde pasó a la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional y allí obtuvo su título de Abogado. En la Intendencia del Caquetá fue Secretario de Gobierno, desde donde regresó para graduarse con una tesis de corte nacionalista que tituló "La República de Bolívar". Tuvo una fugaz trayectoria como político, expresada en un tabloide denominado "Derechas", en donde expresó con pasión juvenil su devoción hacia una causa que creía podía ser la solución para el país. Bien pronto se desilusiona y decide instalarse en Ibagué, donde su hermano tiene un bufete de abogados. Allí aparece su vocación docente que se manifestará en varias etapas de su vida. Pero sobre todo aprovecha el tiempo para leer fervorosamente. Lee clásicos franceses y españoles y afianza su vocación por las letras.

Aunque su producción poética se había manifestado desde temprana edad - muy seguramente auspiciada por su tío el Maestro Guillermo Valencia - es en el teatro en donde va a encontrar el campo fértil para su quehacer literario. En 1938 presenta "Chonta" y luego vendrán "Viaje a la Tierra", "El hombre que descubrió el mar", "Cuento de Miedo", "Asedio", "El Hada Imprecisa", "Lugares de Sueño" y "El poder de Jacinta". El trabajo de Valencia en la Radiodifusora Nacional de Colombia, de la cual llegó a ser Director, es lo que realmente alienta su condición de dramaturgo. Vivió desde allí la época en que se transmitían este tipo de obras, que tenían una vasta audiencia y que hízo popular el género y le permitió crear grupos de radioteatro que montaron varias de sus piezas. Su época en la Radiodifusura Nacional fue especialmente fecunda y llevó a la institución a un importante nivel, en el cual las representaciones escénicas tuvieron puesto preferente. Cuando en 1948 pasó a la Compañía Colombiana de Seguros y se encargó de la Dirección de la Revista "Vida", pudo vincular la empresa a importantes proyectos culturales y dejó una colección que hoy se aprecia como una contribución de valía para la cultura colombiana.

En el año de 1956 viajó a Holanda como Agregado Cultural de la Embajada de Colombia. Allí tuvo la oportunidad de escribir un brillante discurso que tituló "Nuevo Mundo o Nueva Europa?", con tesis vigorosas que hoy tienen vigencia. Su posterior vinculación al Instituto Caro y Cuervo - la más importante institución colombiana para el estudio de la filología y la difusión de trabajos analíticos e históricos sobre el idioma castellano -, fue para Valencia una ocasión en la que su trabajo y devoción por los asuntos intelectuales, le proporcionaría el más fértil campo de realización personal.

La poesía de Gerardo Valencia es inconfundible y no admite comparaciones. Es el producto de un hombre reflexivo que no se deja subyugar por los colores brillantes o las frases altisonantes. Refleja una personalidad que encaró con seriedad todas las empresas de su vida. Publicó seis libros de poesía. El primero de ellos "El ángel desolado", en los cuadernos de Piedra y Cielo en 1940 y luego "Un gran silencio" en 1967; "El libro de las ciudades" en 1972; "Obra Poética" en 1975; "El sueño de las formas" en 1981 y "Los poemas tardíos", su obra final aparecida en 1985.

En su soneto "Autorretrato", quiso dejar establecida su posición frente a la vida:

Le puse una sordina al sentimiento para que nadie mi dolor notara y fuera mi espiral el pensamiento. Crucé la vida como el agua clara apenas sacudida por el viento y que en el fondo la pasión quedara.

Popayán puede seleccionar en el siglo XX a muchos bardos entre sus hijos, pero en la lista de verdaderos valores de la poesía, el nombre de Gerardo Valencia está en la lista de los imprescindibles. El poeta murió en Bogotá en 1994 a los 83 años.

ANIBAL PRADO (1912 - 1968)
Por: Guillermo Alberto González Mosquera

A finales de la década de los cincuenta, el fenómeno de la Cuba Revolucionaria de Castro, inundaba de consignas toda América Latina. Las imágenes de la Sierra Maestra y de sus héroes barbudos entrando victoriosos con sus fusiles al hombro por las calles de La Habana, presagiaban que un sacudimiento similar se extendería pronto por todos los rincones del continente. En las universidades se empezaban a fijar los afiches de la Revolución, y por todo lado surgían los exégetas de una doctrina revolucionaria que veía la cercana posibilidad de convertir en realidad lo que por mucho tiempo sólo habían sido deseos reprimidos. Quien permanentemente se ocupaba en Popayán de hacer la apología de los nuevos sucesos y profetizaba el pronto advenimiento de un estado a la cubana en Colombia, era un abogado casi ciego, amigo de Alfonso López Michelsen y líder en el Cauca de un ala radical del Movimiento Revolucionario Liberal.

Cuando este grupo político convocaba sus manifestaciones en el Parque de Caldas de la ciudad, el verbo encendido de Aníbal Prado, alentaba a la muchedumbre para dar la gran batalla en contra de todo lo establecido y enardecía los espíritus con las consignas de la Revolución Cubana.

Prado había nacido en la pequeña población de El Rosario, en el Municipio de Cajibío al noroccidente de Popayán y había cursado sus estudios de Derecho en la Universidad del Cauca. Pronto se enrumbó por los caminos del Derecho Penal, que se acoplaba más a su vocación política y a su sensibilidad social. Le subyugaba lo que en Bogotá hacía Jorge Eliécer Gaitán y con algunos primeros triunfos en los estrados judiciales, muy pronto adquirió fama de defensor temido, que podía sacar adelante cualquier causa que se le encomendara. Cuando "El Tuerto" Prado intervenía en algún juicio público, no alcanzaban las bancas del recinto para dar acomodo al público que no podía perderse el espectáculo.

Como orientador por muchos años de la izquierda liberal en el Cauca, Prado era un personaje temido por muchos y venerado por otros. Era desafiante e irreverente, ácido en el concepto, irónico en la expresión y agudo en la respuesta, siempre erguido en las posturas que asumía. Por muchos años dirigió el periódico "Orientación Liberal", que él mismo había fundado y que circulaba como semanario en Popayán. Allí aparecían sus editoriales, siempre en contra del establecimiento y sus comentarios sobre el acontecer de la comarca, invariablemente contestatarios y dirigidos contra el sector oficial del partido liberal, defensor entonces de la política frentenacionalista. El periódico de Prado fue la trinchera desde donde por mucho tiempo dispararon las izquierdas del Cauca.

En representación del MRL, fue elegido a la Cámara de Representantes durante un período. También fue diputado a la Asamblea y varias veces Concejal de Popayán. En esta corporación, acompañado siempre por barras efervescentes, y convertida la curul en tribuna de sus ideas políticas, hizo memorables debates en los que tuvo como contendor al entonces concejal y luego Presidente de la República, Guillermo León Valencia.

Pero Prado también fue un poeta. Neruda deja en él profunda huella que se aprecia en el tono de sus versos, traslúcidos y diáfanos, donde va dejando evocaciones de su intensa vida interior. La poesía era su escape íntimo, su manera de sosegar la intensidad de su vida pública y la manera de dejar fluir sus emociones personales. Murió a los 56 años de edad después de ser el personaje que representó con honestidad una rebeldía de la que jamás se apartó.