DESCRIPCIÓN DE POPAYÁN POR UN FRANCÉS EN 1825
De: Mario Pachajoa Burbano

Monsieu J.F. Laharpe, en 1825, describe así a Popayán:
"... La ciudad es bastante grande; sus calles son anchas y rectas, con andenes a lo largo de los edificios. El centro de la calle esta formado de arenisca que no hace ni barro ni polvo, y que es para andar más cómodo que los andenes mismos. Las casas son de adobe; las mas tienen segundo piso. Su aspecto es agradable, y las habitaciones se hallan amuebladas con lujo europeo, lo que da idea de la magnificencia de los habitantes, puesto que los precios de estos artefactos son exorbitantes.

 En Popayán hay 25.000 mestizos y no menos de 70 familias que son de antigua y auténtica nobleza peninsular.

El numero de pobladores aumenta día a día, a causa de la explotación de las minas de oro de la Provincia, cuyo laboreo atrae a numerosas gentes. Un río, que se llama del Molino (o de la Eme) atraviesa la ciudad y mantiene en ella la frescura y el aseo; la divide en dos porciones que la comunican dos puentes; sus aguas son sanas y aun tienen fama de ser medicinales, por virtud de las plantas de las montañas de donde proceden. Hay otra fuente que desciende del mismo lugar, y que ha sido preservada para los monasterios de religiosas y para las principales casas de la ciudad.

En Popayán la primavera es perpetua. La coca, especie de betel americano, crece abundantemente en Popayán y es uno de los artículos de comercio, que es bastante considerable, porque esta ciudad se halla en la vía por donde se introducen a la Audiencia de Quito las mercaderías europeas; mantiene negocios con Quito, Choco y Santa Fe, a donde envía caballos, mulas, carnes secas de diente de carne, algodón, pita, cabuya, etc. y suministra a Santa Fe algunas telas producidas por los aborígenes. El cambio del oro por plata, es otro de los ramos de comercio, pues el primero de esos metales abunda y el otro es escaso ..."