FRANCISCO ANTONIO FLORIDO IBARRA
Viernes 11 de octubre, 2002
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

Edgar Penagos Casas escribió en El Liberal un artículo sobre el franciscano payanés que hizo mucha historia en los albores de la Independencia: Fraile Francisco Antonio Florido. Cordial saludo,

Curiosidades históricas de Popayán
Francisco Antonio Florido
Por Edgar Penagos Casas
Especial para El Liberal

Nació en Popayán, el 18 de marzo de 1781. Hijo de don Andrés Florido y de doña Teresa Ibarra; pasa en edad tierna a Santafé, para ingresar al convento máximo de San Francisco, a fines de 1795.

Viste el hábito de novicio en marzo del año siguiente, y hace la profesión religiosa en abril de 1797. Ocupa distintos puestos en la orden franciscana: en 1813 figura como secretario del padre Fray Felipe Guirán visitador y presidente del capítulo. A partir de ese mismo año se distingue por su ardoroso entusiasmo en favor de la causa de la independencia lo que le lleva a ser capellán del ejército del precursor Nariño y a hallarse en varios combates, como el de Ventaquemadá y el que se desarrolló en la capital, el 9 de enero de 1813, entre las fuerzas del gobierno central y la federalista del congreso. Estuvo luego en la campaña del Cauca y en la de Pasto correspondiéndole asistir a las célebres acciones de Palacé, Calibío, Juanambú, Tasines y otras que se libraron en 1814.

Tocó al padre Florido, al día siguiente de la funesta batalla de la cuchilla del Tambo, presenciar y bendecir el matrimonio del insigne prócer Custodio García Rovira, con doña Pepa Piedraita, joven de estimable familia caucana que iba con los emigrados patriotas, huyendo de los españoles. (Su historia en Internet, Biografías año 1999,"Pepita Piedrahita", http://www.geocities.com/pachajoa2000)

Tanto los recién casados como el sacerdote que los unió cayeron en poder de los perseguidores, y se les condujo a Santafé, donde estuvo en la cárcel el padre Florido con el no menos célebre religioso Agustino Fray Diego Padilla.

Más aquel puede librarse del destierro a que es condenado, mediante cuantioso rescate en dinero. En seguida fue cura de Ubaté, en donde permanece hasta septiembre de 1819, días después del triunfo del libertador en Boyacá. Tal suceso causa enorme regocijo en el pecho de este fraile revolucionario que fue elegido superior o guardián del convento Bogotano.

Entonces dio en honor del gran Bolívar un certamen público de filosofía, así como un banquete que le cuesta siete mil pesos. El primero tenía por objeto demostrar la justicia de la independencia Americana. Después en 1820, cuando se publicó y juró la ley fundamental de Colombia, lleva la palabra el padre Florido en una solemne función religiosa que se celebra en la catedral. El provisor del arzobispado, que lo era el doctor Nicolás Cuervo, dispuso por insinuaciones de Bolívar, que en atención por los méritos contraídos en el servicio de la causa pública por varios religiosos se les dieran los mejores curatos vacantes, y en esa adjudicación corresponde a Fray Francisco Florido el de Raminqui. Allí permanece hasta la época de su muerte, ocurrida en 1827.

El ilustre franciscano se cuenta entre los benefactores del recién fundado colegio de Boyacá, en Tunja, al cual apoyó con productos de su beneficio eclesiástico. Era de temperamento ardiente y fogoso, de elevada estatura, apuesto y gallardo, de ojos vivaces, nervioso y ágil en sus movimientos, de tés blanca atrigueñada, de palabra fluida y voz vibrante, propicia para despertar el fuego del patriotismo en su auditorio. Gozaba de gran simpatía y don de gentes y nunca abandonó el burdo hábito franciscano.