ESPANTOS PAYANESES: IV
Lunes 14 de julio, 2003
De: Mario Pachajoa Burbano

Payaneses no cardíacos:

Oscar Tobar Gómez nos ofrece una anécdota no apta para cardíacos, con el tema de los espantos de Popayán. Nuestros agradecimientos a Oscar por esta página.

Cordial saludo,

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EL ESPANTO DE LA CASONA DE LOS AYERBE Y SEGURA
ACTUAL SEDE DE LA JUNTA PRO SEMANA SANTA
Por: Oscar Tobar Gómez, MD

Durante años conservé con inmenso placer la grata amistad de Don Antonio López Torres quien fuera el perpetuo Secretario de la Junta Pro Semana Santa de Popayán, hombre de atildadas costumbres, un caballero en toda la extensión de la palabra, semana santero de solera y payanés a ultranza.

Realizaba yo en la época de este relato un Post Grado en Administración Hospitalaria y recibía prácticas en las aulas de informática de la Universidad del Cauca frente a la sede de la Junta, por eso siempre en los descansos de mis clases me dirigía a conservar con Don Antonio siendo tan gratificantes estas reuniones, que muchas veces llegaba tarde a mis ejercicios pues la charla amenísima del Señor López estaba matizada con graciosísimas anécdotas del Popayán de principios de siglo y todos sus ilustres personajes, contadas con el sensible y sutil humor del viejo amigo.

La sede de la Junta Pro Semana Santa está situada en la antigua casona de los Segura y Ayerbe, una hermosa residencia de típico estilo español, con soberbios arcos mudéjares en los zaguanes y rico enrejado en hierro con los escudos de armas de ambas familias enmarcados en el centro del espléndido enrejado, el cual da paso al patio central y anterior de la casona siendo este una admirable obra de arquitectura colonial, con empedrado en su contorno y una bellísima fuente en el centro del mismo, baranda de madera sostenida por grandes pilares que separan el patio de los zaguanes con piso de ladrillo, sobre los cuales se encuentran lo que anteriormente fueran las habitaciones de los dueños de la residencia, ahora convertidas en oficinas de la Junta Pro Semana Santa.

Un Martes a las 10 AM pasé como de costumbre a visitar a Antonio y para mi sorpresa lo encontré desvanecido sobre la silla que siempre utilizaba, misma que sacaba al pasillo frente al patio para realizar algunas de sus labores de experto calígrafo, pues ejecutaba trabajos en pergamino de una extraordinaria calidad y arte, de inmediato le presté los auxilios necesarios en tales circunstancias y poco a poco se recuperó mostrando en su rostro un indescriptible terror, mas dramático aún por la profunda palidez del mismo.

Nunca lo había visto tan excitado dada su constitución más bien callada y reservada, con palabras entrecortadas me contó que estaba trabajando en sus labores de caligrafía cuando observó la presencia de un hombre muy delgado, de elevada estatura, cabello canoso, muy blanco y pálido quien lo observaba en silencio desde el lado opuesto del patio y tras la baranda. El hombre no pronunció palabra y durante un momento se observaron el uno al otro en silencio, cuando Antonio intentó decir algo el hombre vestido con levita oscura y muy a la moda de principios de siglo abrió, o a Antonio le pareció que abrió, la reja de madera que separa el zaguán del patio y a grandes zancadas se dirigió por el lado lateral derecho del patio hacia él, se acercó hasta quedar exactamente frente a mi viejo amigo y lo miró con ojos de malévola expresión y una profunda ira.

Antonio petrificado por la sorpresa no atinó a decir una palabra y durante un momento pareció que el extraño personaje fuera a decir algo dada su iracunda expresión, sin embargo dio la vuelta y desandando el camino anterior atravesó la baranda sin abrir la reja y se dirigió a una de las habitaciones de la esquina del patio y desapareció por la puerta de la misma.

Mi amigo algo recuperado de la sorpresa y siendo un hombre valeroso se levantó de la silla y se dirigió a la habitación en cuestión pues sabía que tal habitación sólo tenia esa puerta y el hombre no podía haber salido sin que él se diera cuenta.

Don Antonio penetró a la habitación preguntando en voz alta - Qué se le ofrece - pero para su sorpresa la habitación estaba completamente vacía.

Antonio no podía salir de su asombro y siendo como era un paciente hipertenso, quien presentaba una enfermedad cardiovascular oclusiva, tuvo por la emoción del momento una crisis coronaria, como pudo se dirigió a su silla y de dejó caer en ella perdiendo momentáneamente el conocimiento, en tales condiciones lo encontré, rápidamente me solicitó una tableta de Dinitrato de Isosorbide Sublingual, se la coloqué bajo la lengua y la crisis fue cediendo lentamente.

El Sr. López debió ser sometido a exámenes médicos posteriormente y desde entonces se agravó el estado de su afección cardiovascular, días después visitándolo de nuevo en la misma sede me manifestó que él estaba acostumbrado a presenciar cosas extrañas en la antigua casona y varias veces le pareció percibir al personaje en cuestión pero que nunca se había manifestado como entonces y nunca lo había visto de cerca como en esta ocasión.

Supongo que el caso fue comentado por los miembros de la Junta y muchos de ellos habrán tenido alguna experiencia al respecto o similares pues es muy comentado en Popayán el curioso suceso, el hecho es que dada la seriedad de Don Antonio yo no dudo que lo sucedido haya sido absolutamente real.

Don Antonio López Torres falleció de un infarto cardíaco dos años después del extraño acontecimiento, muerte lamentable para quien fuimos distinguidos con su entrañable amistad.