ESPANTOS PAYANESES: III
Viernes 11 de julio, 2003
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

Continuando con el tema de espantos payaneses, incluimos
los relatos de Neftalí Sandoval Vekarich, José Miguel Molano C.
y César Tenorio Gnecco.
Nuestros agradecimientos a los autores.

Cordial saludo,

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Neftali Sandoval Vekarich:

En cuanto a los espantos de Popayán algunos los conocía, es evidente que existen fenómenos paranormales que nadie puede explicar, los he vivido y experimentado desde pequeño y en los últimos años en Cali, con mis hermanas y Guillermo Dueñas, juez laboral, también de origen payanés, y nos contaba las experiencias de muchacho, inclusive el encuentro con un duende cuando de noche tuvo que ir a ''la manga'' por un caballo, lo vió trepado en la rama de un árbol riéndose a carcajadas, con un inmenso sombrero.... no supo cómo logró saltar las vallas de la manga hasta llegar sin aliento a la casa para contar lo sucedido, personalmente he tenido esos encuentros pero agradables y no aterradores como los que describo en mi cuento ''El Angel'' y en ''Paraskeva''.

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José Miguel Olano C.:

Apreciados Patojos!!

De los Espantos Payaneses simpre he tenido mis dudas y mi excepticismo al respecto. Sin embargo me quedó una duda de un posible espanto payanes en una oscura y lluviosa noche de un Jueves Santo, un año o dos después del terremoto, es decir 1984/1985 la verdad no recuerdo bien el año pero sí recuerdo con claridad una anécdota que quiero compartir con Uds.y que me sucedió personalmente.

Después de desarmar mi paso los Azotes en San Francisco decidí caminar para ir a la casa de mi abuela en la Urb. Caldas en donde pasaría la noche. Llovía intensamente y una inusual tormenta de truenos y relámpagos intensos característicos de Popayán hacían de la noche una de aquellas difíciles de olvidar. Así que aceleré mi marcha de caminata por la tercera y al llegar a la esquina del Teatro Municipal para no "mojarme" más de lo que estaba,crucé el andén y paré en la puerta del Hotel los Balcones para descansar y continuar mi marcha.En estos pocos minutos de descanso veo a unos 15 o 20 mts mas adelante en el andén que está frente al Bco. de la República un señor vestido de negro,sombrero de copa, muy alto, delgado, con una gran barba que me recordaba a mi tío Pablo Adolfo y un paragüas que por cierto lo tenía cerrado,detalle que me llamó la atención por las caracteristicas de la lluviosa noche. Al avanzar por el andén del Banco de la República pasé al frente de éste singular personaje y veo que toda la tercera estaba sola y ni un alma caminaba a esa hora de la noche, tal vez la una o dos de la mañana.Sólamente estabamos éste personaje extraño al que nunca logré ver su cara con detalle excepto por su gran barba y yó.

En un momento al ver la soledad de la calle aceleré mi caminata por la tercera para avanzar por el andén al llegare a la esquina del Banco poder pasarme en diagonal hacia la casa de los Zambrano que está unos metros mas adelante y donde el alero del andén es mas ancho y podía evitar la lluvia y dejar definitivamente atrás a ese "raro" personaje que me seguía en silencio.Al cruzar la calle y ver hacia atrás,yá no estaba el individuo. Hablo de la esquina de la Cl.tercera con Cr.sexta.El personaje definitivamente no estaba y desapareció súbitamente.

Al ver nuevamente la calle tercera en toda su extención noté de nuevo la soledad de la calle y continue mi marcha rumbo a la Urb.Caldas,pero gran SORPRESA!!!,al llegar a la esquina de la heladería de Baudilia es decir la esquina de la Calle tercera con Carrera.quinta el espantoso personaje estába una vez más frente a mí y nuevamente parado en la esquina recostado en la pared de igual manera que en la cuadra anterior. Cómo y por donde pasó éste personaje sin yó notarlo?.

Cómo pudo llegar primero a la esquina de la tercera con quinta sin pasar por uno de los andenes de la calle tercera y yó no darme cuenta?, yá que en ningún momento lo ví que lograra pasarme y me quedaban tan solo unos pocos metros para llegar a la esquina de la tercera con Cr. quinta. Es imposible que diera una vuelta entera, es decir dar la vuelta por la calle cuarta doblar en Santo Domingo y bajar por la Cr.quinta para llegar primero que yó a la esquina de la tercera?.ésto es IMPOSIBLE,ni corriendo se puede hacer y menos un señor de mayor edad y en una noche como esa.

Qué pasó? Hoy 18/19 años después no tengo explicación. Le ocurrió ésta historia a un patojo Espantado en Popayán. Saludos, JOSE MIGUEL OLANO C.

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César Tenorio Gnecco:

Apareció el espanto desde Ciudad de México. Intentaré escribir una historia que nos contaba el queridísimo "Viejo", don Jaime Nates, en esas deliciosas veladas que pasábamos en la casa de la Calle 4a, destruída por el terremoto y creo convertida en estacionamiento; esas deliciosas noches que nos ponía los pelos de punta. Haber si me sale, mas pediría que el dr. Jaime Nates Burbano o la prodigiosa memoria de Ana María Nates la completaran.

Decía el Viejo que en la contraesquina a la iglesia de San José o La Compañia, existía una casona de dos pisos donde vivía una señora sola (creo hasta el nombre de ella nos decía), mas todas las muchachas de servicio casi recién llegadas se le iban, argumentando que en esa casa había un espanto y que allí no dormían una noche más.

Una vez le llegó una pastusita ya con algunos años, a quien la mencionada señora le advirtió de la circunsatancia, a lo que la pastusita respondió que a ella no le asustaban esas cosas y que si descubría el entierro, que era lo más seguro que allí hubiera, se lo repartían por partes iguales.

Así pasaron los días, hasta que la señora una noche despertó con un grito de la pastusita y la encontró tirada en el suelo inconsiente, durando con muy alta fiebre muchos días, sorprendiéndose los médicos que solo repetía en su delirio "el hebillado", "el hebillado" y en su antebrazo se veía claramente la impresión de una mano como si la hubiera quemado.

Cuando por fín regresó de este estado, la pastusita contó que durante muchas noches seguidas había visto una sombra que se perdía en una de las habitaciones de la casona y ella la seguía, hasta que esa noche, cuando entró a la estancia, sintió que una mano candente le agarraba del brazo y ella sólo pudo ver las brillantes hebillas de los zapatos del personaje.

Recuperada de tal incidente, mas no recuerdo si se le secó el brazo, abrieron el piso y se encontraron un maravilloso tesoro conformado por los ornatos de la entonces catedral de Popayán, San José, que había sido escondido por el arzobispo del momento en una de esas tantas guerras en que se vio sumida nuesta tierra y para evitar que fueran fundidos para armas los escondió allí; por ello lo de "el hebillado" ya que estas personalidades eclesiásticas de ese tiempo llevaban en su calzado grandes hebillas.

La señora vendió la casona y se fue de Popayán; de la pastusita no se volvió a saber nada y la casona fue demolida.

Perdón Mario, pues hay muchos datos que se me escapan, ya que hace como unos 25 años que la escuchaba. Espero a nuestros compañeros de la red la completen. Un fuerte abrazo: César.