ELADIO DE VALDENEBRO
Domingo 2 de julio, 2000
De: Mario Pachajoa Burbano

Payaneses ilustres:

Enrique Sarria Silva nos entrega esta vigorosa semblanza del paladín Siglo XX, Eladio de Valdenebro, sus luchas y sus victorias. ¡Muchas gracias Enrique!

Unos comentarios sobre algo de actualidad.
Por: Enrique Sarria Silva (ensarrias@hotmail.com), Pisa, Italia

La idiosincrasia de Popayán y sus gentes, es una de las más marcadas entre las diversas ciudades del país. El payanés es fácilmente diferenciable de un paisa, de un caleño, de un santandereano. Tal vez nadie discuta esto. Paralelamente, la identidad física de la ciudad es también muy marcada. Pocas ciudades tienen en Colombia una fisonomía tan propia como la nuestra. La mayoría de ciudades, por el contrario, carecen de una imagen propia, una "figura" que las diferencie de las demás. Por ejemplo, ¿Cómo diferenciaríamos, mentalmente, la imagen de Cúcuta, respecto de la de Sincelejo? ¿Cómo identificaríamos a Valledupar frente a Neiva? En cambio, nadie confunde a Popayán. Como nadie confunde tampoco a Cartagena...Dos ciudades que tienen una "facha", una "figura" muy marcada, muy propia . Esa identidad física de Popayán, que a todos nos enorgullece tanto, es indudablemente un riquísimo patrimonio nuestro. ¿De acuerdo también?

Pero.... ¿A quién debemos la permanencia de tan valioso tesoro? ¿Quién ha sido su quijotesco paladín, su celoso protector, su tenaz, su terco, su inpertinente guardián? El arquitecto Eladio Valdenebro. En estos días en que se publica el libro sobre los Cien Caucanos del siglo XX., vale la pena repasar su labor. ¡Por más de treinta años! Veamos los más importantes episodios de su incansable lucha:

1 -Era aún estudiante de arquitectura, cuando se opuso -en inflamados artículos en la prensa nacional- al proyecto del Banco de la República, al lado del más bello acceso a la ciudad antigua. Pero era un estudiante perdido en las brumas de Bogotá, por los años sesenta, no tenía aún presencia en nuestra ciudad. Y unos arquitectos capitalinos nos dejaron esa discreta y humilde copia de Brasilia, con ese techo plano tan raro entre el dulce oleaje de nuestros cenicientos techos....

2 -Recién graduado, convenció al joven rector Guillermo Alberto González Mosquera, de un plan visionario, que Valdenebro realizaría como jefe de planeación de la Universidad del Cauca: la ciudad antigua sería la Ciudad Universitaria. Como las ciudades universitarias de Europa -Salamanca, Lovaina, Padua, Coímbra- como Cornell en Estados Unidos. El plan fué elogiado hasta por el entonces presidente Lleras Restrepo. Pero renunció el rector, y su sucesor, Penagos, archivó el plan. Y contrató otro, que se llevaría al pié del Morro, toda la universidad, y dejaría en el claustro de Santo Domingo tan solo la administración central .... Por fortuna, no hubo dinero. El plan de Valdenebro habría de resucitar - parcialmente, al menos - tras el sismo del 83.

3 -También por los años 70, se enfrentó al gobernador Muñoz Acosta que quería sacar la Gobernación de la Plaza de Caldas. Un moderno edificio se construiría para ello, al lado del colegio Champagnat. Organizó al gremio local de arquitectos en torno a tan vital campaña, halló respaldo en Bogotá en la Sociedad Colombiana de Arquitectos y .... terminó tumbando al gobernador. Conservó así para el centro histórico, uno de los elementos claves de su vida ciudadana. Primera batalla ganada.

4 -En 1975 - Juan Zambrano era el alcalde - Valdenebro hizo el Código Municipal del Centro Histórico. En Colombia la primera normativa general en defensa de un conjunto histórico. Así se protegió la ciudad antigua hasta el fatídico Jueves Santo del 83.

5 -En 1978 el Icfes quizo instalar al Colegio Mayor del Cauca en un lote ubicado en la Virginia, al norte de la ciudad. La oposición de nuestro celoso protector -cartas a las entidades implicadas, artículos en la prensa, alegatos en el Concejo Municipal- impidió semejante despojo a la identidad cultural del Centro. Y concretó el anhelo de muchas personas -encabezadas por Ruth Cepeda, su rectora- de dar como sede al Colegio el bello claustro de la Encarnación.

6 -Por esos años inició -solitario, en contra de todos sus colegas- una larga campaña, marcada por sucesivas derrotas, pero triunfante al final: Salvó al centro del modernisimo edificio que pretendía construir Confacauca, para sede de supermercado, a media cuadra de San Francisco. Pese a su oposición aislada, la Junta de Planeación lo aprobó, también el gremio local de arquitectos. Valdenebro demandó ante el Tribunal Superior, pues violaba las normas vigentes. El tribunal ratificó la aprobación. Entonces, demanda al Consejo de Estado. De nuevo, ratificada la aprobación, el edificio moderno se podía construir. Cuarta derrota, pero triunfo final, pues ya Confacauca no tenía dinero para la exesiva construcción.

7 -Poco después, se enfrentó al Arzobispo Arce Vivas -con la Iglesia topamos, Sancho- en su propósito de "embellecer" con detalles ajenos al sobrio estilo, la más bella casona de Popayán, la casa del Museo de Arte Religioso. Esto le arruinanaría su nobilísima austeridad. Convocado por este impertinente guardián de nuestro centro, el Consejo Nacional de Monumentos salvó la bella casona.

8 -En 1972- Alvaro Caicedo era el alcalde- Valdenebro promovió, organizó y dirigió el primer plan de peatonalización del Centro, con ocasión de la Semana Santa. Primera vez que en Colombia se hacía semejante cosa. Desde entonces, el centro de la ciudad, para la Semana Santa, está libre de vehículos. Algunas ciudades, con ocasión de fechas especiales, traten de imitar a Popayán en esto.

9 -En 1979 hizo el proyecto para remodelar la fachada del enorme y ofensivo Banco del Estado, en la esquina de la plaza de Caldas. De nuevo se enfrentó a no pocos de sus colegas, pero logró convencer a los dueños del Banco. Y la ciudad entera logró un viejo anhelo, logró disimular en su centro mas central, ese torpe edificio, tan ajeno al estilo del sector antiguo.

10 -Tras el sismo del 83, Valdenebro se enfrentó de nuevo a sus colegas de la ciudad. Pero también se enfrentó a los expertos arquitectos de Colcultura, de Unesco, de la universidad del Valle, de la Javeriana, que venían a opinar sobre la ruina del Centro Histórico. Exigían todos ellos aceptar la inmensa destrucción del centro como un hecho incuestionable, proponían reconstruir unas tres iglesias y unas cuantas casas -muestras de un pasado arquitectónico ya fenecido- , y proyectar un centro cívico moderno, con miras al siglo 21. Ensanchar las calles cuarta y quinta, arborizarlas, reglamentar el centro para edificios en altura, semáforos, edificios de parqueaderos, una gobernación como la recién construida para Pereira, unas alcaldía como la nueva de Cali, aunque mas pequeña, pero así de moderna y funcional..... Nuestro paladín esta vez no estuvo solo. Encontró que los adoloridos ciudadanos soñaban con reconstruir su centro antiguo...como había sido.

Y con el sabio lema "La Ciudad para sus Ciudadanos" les impidió a tantos arquitectos ansiosos el lucirse haciendo cada uno, en cada lote ruinoso, un edificio más distinto del vecino. Con aquel sencillo lema convenció al presidente Betancur y a su consejero para la reconstrucción, Paolo Lugari. En consecuencia se ordenó, a todas las entidades de nivel nacional, comprar ruinas en el casco histórico, para reconstruirlas en su estilo, como sedes funcionales. El Banco Interamericano -también motivado por Valdenebro- destinó buena parte de su aporte, a aquel plan de la rectoría de González Mosquera: viejos claustros, viejas casonas reconstruidas para uso universitario. Es decir, el centro histórico como ciudad universitaria. El dinámico alcalde tras el sismo, Alfredo Solarte Lindo, acogió los planteamientos de Valdenebro, e impuso la fidelidad total como condición indispensable para toda obra en el Centro. Inclusive, le encargó vigilar hasta los menores detalles de la reconstrucción, con didáctica cartilla de detalles constructivos, para que no se nos llenara la ciudad de esas españolerías de zarzuela que le gustaban tanto a aquel monseñor. Es evidente que fué esta acción tras el sismo, el aporte capital de Valdenebro en pro de nuestro más preciado patrimonio.

11 -En 1987 estaba ya casi concluída la reconstrucción del centro. La Ciudad para sus Ciudadanos era un hecho real. Entre otras obras en proceso, las bóvedas y los arcos de la Catedral cubrían ya el sacro espacio. Pero faltaba la cúpula. El dinámico arzobispo de entonces -pretendió coronar la catedral, pretendió coronar el centro de la ciudad, ya revivida a su imágen auténtica, con una cúpula copiada del Epcot Center de Disney, en la Florida. Una estructura de aluminio y acrílico, con algo de origami japonés .... El Concejo Municipal, la Junta del Centro Histórico, los gremios de arquitectos e ingenieros aceptaron el proyecto del dinámico arzobispo-. Entonces, nuestro quijotesco defensor, de nuevo, lanza en ristre envió una enardecida carta a El Tiempo -que le dió el mejor sitio en su página editorial -hizo que el Concejo Municipal recapacitara sobre su torpe aprobación al esperpento, y exigió reconstruir la cúpula como -cien años antes- la había diseñado don Adolfo Dueñas. Luis Salazar fué el prudente y experto constructor. Y con la perfecta cúpula, exacta a la original, prácticamente quedó asegurado que el ave fénix acabara de resucitar, bellísima, radiante, de sus polvosas ruinas

12 -Hay otra labor, silenciosa, constante, incansable, en estas largas décadas de labor de Valdenebro: fué conformando una conciencia ciudadana muy firme, sobre el valor de nuestro centro histórico. Cuando inició sus campañas, este tema era exclusivo de unos pocos nostálgicos, en la intimidad del Club Popayán. La gente consideraba a estos nostálgicos de la vieja ciudad, como enemigos del progreso. Pero a través de sus alegatos en el Concejo municipal, de sus intervenciones en la Junta de Planeación Municipal, de sus enardecidos artículos en El Liberal y en El Tiempo, en algunos programas de T.V. tras el sismo, en conferencias y debates públicos, y entre amigos y conocidos....Valdenebro nos fué contagiando a todos. Y hoy día, no hay ciudad en Colombia en que sus gentes tengan una mayor apropiación de su centro que la que tenemos todos los payaneses. Ya no nos duele el sector histórico. Ahora nos enorgullece, nos complace sobre manera, y sentimos en él la mayor evidencia de nuestra identidad como ciudad diferente. Si nos duele algo respecto del centro, es porque vemos algo que le hace daño: Como las ventas ambulantes, el problema del tráfico, la caótica confusión de cubiertas en algunas manzanas, etc.

13 -Como si fuera poco todo lo anterior, tal vez la más honda elegía a la tragedia de Popayán, la escribió este polifacético arquitecto. Son aquellos iluminados versos que comienzan así :

Rugoso muro en cal, alero en sombra,/ arcos, cornizas, los balcones,/ torres de campanas, de palomas,/ portones y portales,/ luz de patios...............................Escombros, ruinas,/ cosas rotas.

En Popayán todos sabemos que si el libro de los cien caucanos lo hubiera escrito otra persona, Guillermo Alberto Gonzalez Mosquera sería uno de los personajes.

En Popayán algunas personas -que recuerdan esta incansable y exitosa lucha en defensa de nuestro máximo patrimonio- habrían querido que los personajes fueran ciento uno. Para que, sin desairar a ninguno de los cien, entrara Eladio Valdenebro. Y aunque hubiera entrado de último, no sería de los de última importancia. Si, es mucho lo que significa la identidad física de nuestra amada ciudad. Cierto es, nuestro terco, impertinente y tenaz defensor nunca estuvo solo. Unos contados arquitectos lo apoyaban: Luis Eduardo Ayerbe, Federico Herrera, en ocasiones Javier Velasco...Y cada episodio de su lucha contaba con más ciudadanos en su apoyo. Pero solo él nos fué convenciendo, solo él se enfrentó tan decididamente a los ciegos afanes del progreso destructor, solo él frenó el afán egoísta de arquitectos empeñados en dejar sus feas marcas en medio de la armonía de nuestra bella ciudad.

Cordial saludo,