HERNANDO GONZÁLEZ VARONA
1908 - 1988
Por: Guillermo Alberto González Mosquera
De: Mario Pachajoa Burbano.
 
El orgullo de la capital del Cauca no sólo se expresa en los nombres de los ciudadanos que de una u otra manera han contribuido en forma sobresaliente a la formación de la nacionalidad colombiana. Al lado de lo que pudiera llamarse una legítima ufanía por ser cuna de personajes de trascendencia, está la certidumbre de haber creado un espacio físico armónico y equilibrado, con un estilo propio, en donde los edificios públicos y los recintos privados son propicios a que la vida ciudadana se realice respetando ciertos valores que fueron impuestos desde los primeros días de la fundación de este burgo. La ciudad no agobia a sus habitantes.

Permite que la luz entre por calles y plazas, que se pueda caminar por andenes anchurosos que cuentan con aleros para protegerse de la lluvia, que las alturas se controlen para que no se pierda el suave paisaje circundante y que los sitios en donde se honra a Dios o se desempeñan las funciones del estado, tengan gracia y dignidad, un moderado sentido de la monumentalidad y un destaque arquitectónico. Muchos han contribuido en distintas épocas a que la ciudad sea lo que es hoy, a pesar de los avatares de la naturaleza. Pero quizá ninguno en este siglo, fue más fiel a esos principios y dejó tan sinceros ejemplos de compromiso con su ciudad como Hernando González Varona. Lo interesante es que se trata de un arquitecto que con la misma seriedad y profesionalismo, haría lo propio en la capital del país.

González Varona nació en Popayán al fin de la primera década del siglo y obtuvo su título profesional en Rensselaer Politechnic Institute en Troy, Estado de Nueva York. Contrario a lo que se cree, la profesión de arquitecto como culminación de estudios profesionales tendientes a la adquisición del título, no es muy antigua en Colombia. González Varona es uno de aquellos colombianos que tuvo que viajar al extranjero para obtener el diploma. Es en ese sentido un pionero de la profesionalización de la carrera. Con estos antecedentes, muy pronto se situaría en un lugar privilegiado en razón a su participación en proyectos de gran importancia y a la aceptación que conseguiría de su estilo inconfundible.
Tenía sentido de la monumentalidad. Así quedó demostrado en obras como el Salón Elíptico del Capitolio Nacional, la Nunciatura Apostólica y la remodelación del Palacio de San Carlos. Son tres entre varios testimonios de su encomiable trabajo profesional, en donde por la importancia de los sitios y la función que desempeñarían, no había razón para equivocarse. El resultado exitoso de su trabajo vino a afianzar su prestigio y las obras le dieron lustre a Santafé de Bogotá como sede del poder central.

En Popayán diseñó y construyó el Palacio Nacional, considerado por los expertos como el más bello edificio público de la capital del Cauca e indudablemente su proyecto más importante. También son de su autoría, la conversión del antiguo convento de los padres Franciscanos en el imponente Hotel Monasterio de la actualidad, las sedes para Telecom, la Caja Agraria y el Banco Cafetero, la en mala hora desaparecida Estación del Ferrocarril, edificación de indudable valor estético que ya constituía un punto de referencia del paisaje urbano de la ciudad. Es indudable que este último se ennobleció con la participación del trabajo creador de este profesional que dominaba como pocos los proyectos de gran formato. De acuerdo con críticos de la arquitectura colombiana, la característica que distingue su obra es el magnífico sentido de las proporciones, unido al respeto de ciertos valores tradicionales básicos, variables ambas con las cuales supo jugar equilibradamente.

González Varona gozó del aprecio especial de varios Jefes de Estado, que como Eduardo Santos, Laureano Gómez y Alberto Lleras, confiaron a sus manos expertas varios de sus proyectos fundamentales y recibieron su consejo para la planeación y realización de obras civiles de la más alta importancia.

En sus últimos años y ya retirado del ejercicio profesional, presidió importantes organizaciones gremiales y compañías comerciales que confiaban en su acertado criterio y honradez proverbial. Murió en Bogotá a los 80 años de edad en 1988.