EFRAIN MARTINEZ ZAMBRANO
1898 - 1956 
Por Guillermo Alberto González Mosquera
De: Mario Pachajoa Burbano

Si la Universidad del Cauca es el corazón de Popayán y el motivo de su más auténtico orgullo cívico, hay un sitio en el Claustro que necesariamente es su epicentro. En el histórico Paraninfo Caldas no solamente se realizan las ceremonias consagratorias de tipo académico, sino que la propia ciudad lo ha adoptado para brindar a quien lo visite la oportunidad de exponer con absoluta libertad sus ideas, someterlas a debate o demostrar su condición de poeta o músico de valía. A principios de 1930 se le encomendó a un artista payanés - precisamente el que había demostrado la mayor compenetración con el espíritu de la ciudad - que pintara un gran lienzo inspirado en las estrofas que el Maestro Guillermo Valencia había escrito en su poema a Popayán y que se encontraban adosadas a los muros del recinto sobre losas de mármol. Martínez encaró el trabajo con el vigor de un artista del Renacimiento y dejó a la posteridad un testimonio de todo lo que este burgo había sido desde la conquista hasta nuestros días. La Apoteosis de Popayán pasó pronto a convertirse en uno de los símbolos de la ciudad y motivo de referencia para quien desee penetrar al fondo histórico de la villa de Belalcázar.

Martínez estudió primero en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad del Cauca con afamados profesores. Viajó luego a la capital del país y más tarde a España, donde vivió tres años, complementando su educación artística y poniéndose en contacto con la obra de los grandes maestros de la pintura europea. Era fundamentalmente un espíritu sensible, alguien que con avidez quería conocer más para encontrar la ruta cierta de su destino de artista. Por eso su estadía en Europa, en las dos oportunidades en que permaneció en el Viejo Continente le dio la madurez necesaria para desarrollar una obra que revela no sólo sus condiciones innatas como dibujante, sino lo que aprendió con quienes se encargaron de llevar al máximo las potencialidades de un alumno particularmente aventajado. Es especialmente importante destacar la influencia sobre la obra de Martínez del gran artista valenciano Sorolla, bien llamado "el pintor de la luz".

De regreso a su tierra natal, Martínez pinta paisajes en los que capta la atmósfera alucinante de su tierra natal. El derroche de colores inverosímiles, como los que aparecen fugazmente en los atardeceres del Valle de Pubenza. Escenas de la vida sencilla que lo rodea en la campiña que ha escogido para vivir: el ordeño diario, el baño en el chorro de piedra, el paseo a las riberas del Cauca rumoroso, la madre en la placidez del salón umbroso. Y retratos. Varios retratos de personajes de la vida local y nacional, que van pasando por su estudio para que les asegure la perennidad del lienzo. También incursiona en desnudos en los que la forma femenina se muestra en su plenitud como parte del paisaje de inspiración mitológica. Es la obra de un pintor que busca la belleza de la figura humana para enmarcarla en una naturaleza que no es otra que la de su propio entorno, que para él es suficiente porque lo tiene imborrablemente dibujado en su propia alma.

Uno de sus críticos manifestó con certeza que Martínez "tuvo el juicio visionario de legar a la posteridad una obra, que no obstante retratar una época en proceso de desvanecerse, avizora el porvenir y se afianza en el espíritu".

En la vieja casona de Los Tejares, al oriente de Popayán, con su chorro de piedra y sus amplios corredores que miran hacia el volcán, cuelgan de los muros de cal muchos de los cuadros del Maestro. También se encuentran ejemplos de su trabajo en el Museo Nacional de Bogotá, en la sala que lleva su nombre dentro de los espacios cívicos del Concejo de Popayán y el foyer del Teatro Municipal de Cali. Pero su presencia es más viva en ese inmenso cuadro del Paraninfo, en que paradójicamente falta su propia figura como uno de los tantos que supo ennoblecer a su tierra. Efraín Martínez murió en Popayán en 1956, a los 58 años de edad.