DIONISIA
Miércoles 2 de junio 1999
De: Mario Pachajoa Burbano

Ilustres payaneses:

A principios de 1770 se realizó el crimen pasional más escandaloso y estremecedor de Popayán: el asesinato del esposo de Dionisia. Corría el año de 1768 y dos de los matrimonios más conocidos y respetados disfrutaban de la placidez, sencillez y fortuna que les ofrecía la vida aristrocrática payanesa, privilegio de la época colonial. Pedro López Crespo de Bustamante, español, comerciante clase noble estaba casado con Dionisia Mosquera Bonilla. Pedro García de Lemos, socio de López, estaba casado con Juana María Hurtado y Arboleda, padres de tres hijos y pertenecientes a la clase hidalga o nobles criollos. López y García hacían viajes de extremada duración por lo que se turnaban los dos socios. En Jamaica y países del Caribe adquirían mercaderías que luego vendían en el almacén de la Pamba.

El último viaje de López duró más de un año, durante el cual García y Dionisia establecieron relaciones amorosas quedando Dionisia embarazada. En la navidad de 1769, cuando se halla en estado que no lo podía ocultar, el esposo anunció su regreso. Dionisia auténtica amazona de la crueldad, sabiendo que hasta que la muere no los separara estaba condenada a compartir su vida con el esposo legítimo, decidió ordenar el asesinato de éste en Guanacas antes de que él llegara. Escogió como ejecutores de su sentencia a sus criados Joaquín Perdomo, Pedro Francisco de Borja y Francisco Fuche. El 29 de enero de 1770 el esposo regresó a casa con los tres criados y la mercancía comprada. El esposo fue tan eufórico al encontrarse con los esclavos en Guanacas que los colmó de regalos y además, les dió la libertad.

Dionisia pudo ocultar su estado haciéndose la gravemente enferma, pero con la complicidad de su amante y criados lo asesinan en una hamaca mientras dormía y en los momentos en que caía una poderosa tormenta. Los asesinos se confabulan para inventar una descabellada historia que pretendían convertir un crimen en insólito accidente. Pero la justicia dirigida por Luis Solís y utilizando el suplicio logró la plena confesión de los cómplices. Mas Dionisia y su amante lograron huir dados sus antecedentes familiares. Ella se refugió en el convento de el Carmen y luego en el de La Encarnación, de donde salió al exilio. El amante huyó a la casa de un amigo y luego a lejanas tierras. Los criados fueron condenados a salir arrastrados a la cola de un caballo, ahorcados y descuartizados.

Cordial saludo,