LA CUSTODIA DEL CARMEN
Domingo 12 de agosto, 2001
De: Mario Pachajoa Burbano

Payaneses ilustres:

Federico Roa Arboleda nos narra una sensacional historia, desconocida y novelesca, de la rica Custodia del Carmen de Popayán que ahora se encuentra en Quito. Nuestros agradecimientos a Federico por hacernos conocer esta extraordinaria página.

""" ... La custodia del Carmen Narración de Federico Roa Arboleda

Con motivo de la tradición de la virgen del Carmen celebrada hace unas semanas en Popayán, me permito relatar una sorprendente y poco conocida historia sobre el convento que fuera poseedor de uno de los más ricos tesoros artísticos de la ciudad, -La Custodia del Carmen-, joya artística que como algunas otras de la ciudad han salido para adornar iglesias y museos de este continente, desmembrando así el rico patrimonio de Popayán.

He querido escribir estas notas pensando que pudieran complementar la tradición del Convento de las Carmelitas descalzas de Popayán, fundado como lo anota el reverendo padre Hernán Arboleda Valencia, por doña Dionisia Pérez Manrique viuda del Marqués de San Miguel de La Vega y cuyo primer patrono fuera don Francisco de Arboleda y Salazar por real cédula dada en Aranjuez; convento que como el de San Agustín y el de San Francisco tuvo verdaderos tesoros artísticos, talvez el más destacado, la custodia que perteneció a las Carmelitas de Popayán y que hoy podemos admirar en el templo de San Francisco de Quito, Ecuador.

La historia se remonta a la ley del 23 de abril de 1863, que disolvía las comunidades religiosas en nuestro pais, ley que hizo que las Carmelitas se trasladaran a la casa de don Vicente Hurtado Mosquera, hasta el 28 de abril de 1864, fecha en la que rechazando la pensión vitalicia a cambio de los bienes que se les había despojado, decidieron salir de Popayán rumbo al Ecuador.

Un mes antes de ser tomada dicha decisión, en la oscura y solitaria Popayán del siglo XIX, cruzaron dos enlutadas damas la calle tercera y llegaron a la casa de doña Natalia Pombo O´Donell de Diez-Colunje. Al ser abierto el portón de la casa y descubrir sus caras se identificaron las dos señoras, era la madre superiora del convento o abadesa y una religiosa que la acompañaba. Tras haber sido invitadas al salón de la casa y ser recibidas por doña Natalia, le comunicaron la decisión de partir al Ecuador y de dejar en doña Natalia la responsabilidad de cuidar -la Custodia del Carmen-.

Ante la magnitud de la responsabilidad, doña Natalia se impresionó pero aceptó el encargo por respeto a la religión. ¿Qué órdenes debo cumplir en el futuro? fue su pregunta. La abadesa que no sabía lo que habría de suceder en un futuro inmediato le indicó que no sabiendo cuánto tiempo había sido determinado por el Señor para estar ausentes, se comunicaría y daría instrucciones cuando apaciguara la tempestad.

Al mes siguiente partieron para el Ecuador las dieciseis religiosas, hacia la ciudad de Cuenca ya que el presidente García Moreno era fervoroso protector de las comunidades, antítesis de lo que sucedía en nuestra patria. Pasaron doce años y en ese lapso falleció doña Natalia Pombo O´Donell de Díez, sin que en sus últimos días hubiera recibido instrucciones de la comunidad de Carmelitas descalzas. Antes de morir confió su secreto a su hija doña Margarita Díez Pombo de Arroyo quien depositó la custodia en su casa , haciéndola trasladar sigilosamente.

En 1876 una nueva revolución sacudía a Popayán, promovida por los conservadores contra el régimen exclusivista de los llamados radicales, tiempo en el que Dn Miguel Arroyo Hurtado esposo de doña Margarita se encontraba desempeñando el cargo de jefe del Estado Mayor, pero habiendo sido vencidos los conservadores en la batalla de la cuchilla del Tambo, hubo de expatriarse al Ecuador, dejando a su esposa y cuatro hijos en Popayán.

Siguiendo la situación en conflictos continuos de los diversos bandos, doña Margarita y sus hijos deciden viajar al Ecuador donde encontrarían a Miguel quien al igual que otras familias de Popayán se refugiaron en la capital ecuatoriana. En este viaje hubo doña Margarita de trasladar la custodia que le había sido encomendada a doña Natalia; tras haber cerrado las puertas de su casa solariega y la de sus Haciendas de Guasábara y Genagra, comenzaba un dificil y penoso viaje sometidos a implacables requisas en Pasto y Rumichaca en la frontera con el Ecuador.

La joya de las Carmelitas había sido cuidadosamente empacada en medio de carga de tabaco, al llegar a la frontera un guardia requisó cuidadosamente maletas, baúles y todo cuanto llevaban los viajeros, sin embargo la requisa de una de las mulas fue tan brusca que el animal se encabritó y enfurecido atacó a coces y dentelladas a los esbirros, reventó el dogal y liberándose de quienes intentaban sujetarlo partió velozmente, perdiéndose entre los andurriales y vericuetos del río.

Esta acción, descrita por la familia Arroyo Díez como milagrosa, pues dicha mula era la que transportaba la custodia, permitió que se salvara de ser decomisada la invaluable joya. La búsqueda fue inútil y la familia continuó su camino hasta la población de San Gabriel, lugar en el que uno de los miembros de la comitiva que portaba anteojos de larga vista alcanzó a divisar a gran distancia la figura de un animal equipado con su carga. (Viajaban cerca de cuarenta personas). Allá se encaminaron varios de los peones, los cuales después de varias horas de expectativa regresaron con el animal y con su carga de tabaco intacta, que según relato había sido tan bien asegurada que no se había movido ni una linea de su sitio.

La alegría del hallazgo les hizo olvidar la dificultad del viaje y dias más tarde llegaban a la capital del hermano pais del Ecuador. El primer acto de la familia Arroyo Díez fue visitar el convento del Carmen y entregar a su superiora la valiosa joya, celosamente guardada en Popayán, en casa de mis tatarabuelos maternos, por más de quince años.

Hoy permanece aún la preciosa joya que fuera alguna vez de la comunidad Carmelita de Popayán, en una ciudad que ha sabido conservar sus valores y tesoros centenarios. La Custodia y todo el conjunto de piedras preciosas fue realizado en Popayán al finalizar el siglo XVIII, seguramente por las donaciones de los piadosos colonos y ricos encomenderos y propietarios y dueños de explotaciones mineras.

A pesar de que esta tradición se ha conservado entre los descendientes de la familia Arroyo-Díez, no quedan testimonios escritos (al menos no son de mi conocimiento), que permitieran la posible recuperación de esta sagrada joya artística para la ciudad de Popayán, tesoro artístico que perteneciera por un buen número de décadas, al convento de Nuestra Señora del Carmen y que por las razones aquí descritas saldría un día para establecerse en un lugar donde tuviera finalmente un lugar de respeto y veneración. ... """

Cordial saludo,