¡CUASPUD!
De Mario Pachajoa Burbano

Una de las batallas más famosas que ganó el Gran General Tomás Cipriano de Mosquera, fue la conocida con el nombre de Cuaspud, que se libró el 6 de diciembre de 1863.

En esta narración seguiremos muy de cerca la descripción que hace de estos acontecimientos José María Wallis en su libro "Memorias Autobiográficas Histórico-Políticas y de Carácter Social".

El Gran General Tomás Cipriano de Mosquera había sido elegido Presidente de los Estados Unidos de Colombia por la Convención de Rionegro y en ese carácter hubo de enfrentarse al General Juan José Flores, Comandante General de las fuerzas de la República del Ecuador.

El Gran General exigió al Gobierno Ecuatoriano "explicaciones y aun reparaciones por los auxilios que había dado a Julio Arboleda Pombo y a Canal para combatir al nuevo Gobierno de Colombia". Como el Ecuador se negara a ello, se rompieron las relaciones entre los dos países y se declaró la guerra entre ellas.

Mosquera rápidamente conformó un ejército con excelente personal que lo había acompañado en los últimos tres años de victorias y se trasladó con su ejército a Túquerres. Tomás Cipriano estudió cuidadosamente los detallados planos elaborados por el cura Benavides quien conocía en detalle la región limítrofe con el Ecuador y además era un excelente dibujante y colocó un alfiler en un punto llamado Cuaspud que era una hacienda fronteriza con el Ecuador, rodeada de pantanos y colinas, con espesos fangales, completamente ocultos por una vegetación agrestes.

Tomás Cipriano para obligar al astuto General Flores a trasladar su ejército a ese punto marcado, ideó la siguiente estratagema: Consiguió un indio, astuto, valeroso y fiel para que siguiera a Tulcán por el sendero más peligroso en donde estuvieran las fuerzas de Flores a fin de que lo tomaran prisionero. Escondió entre las ropas del indio, lo mejor que pudo, un tubito que contenía un papel de seda sobre el cual Mosquera escribió una orden ficticia a su comandante alterno Payán, a quien le ordenaba que a marchas forzadas siguiera a Quito, que estaba desguarnecida, aprovechando el error de Flores de separarse a gran distancia de Quito, para invadir a Colombia.

Pero al mismo tiempo el Gran General envió un propio a Payán con la expresa instrucción de que él y sus tropas estuvieran en Cuaspud el 6 de diciembre, para coronar el triunfo que Mosquera esperaba obtener en Cuaspud.

El indio fue tomado prisionero por Flores, desnudado y flagelado duramente, pero nada confeso. Durante este martirio el tubito fue localizado por sus captores, entregado a Flores y este creyó en su texto y obró en consecuencia. Envió un correo a Quito para que se prepararan del ataque de Payán y avanzó al encuentro de Mosquera dispuesto a acabarlo, ya que estaba seguro que no contaría con las tropas de Payán que estaban movilizándose hacia Quito.

El gran pantano muy oculto, estaba en medio de dos colinas en donde se hallaban los dos ejércitos. Mosquera ordenó atacar a Flores a su Cuarto Batallón, el más selecto y veterano, comandados por Rudecindo López y Jeremías Cárdenas, este último hijo adoptivo y yerno del Gran General. En medio del combate Mosquera ordenó tocar retirada en estudiado desorden, para que creyera Flores que estaba ganando la batalla y persiguiera al Cuarto batallón, como en efecto sucedió. Cuando los soberbios escuadrones de Flores cayeron en los pantanos, Mosquera atacó con los frescos y descansados batallones de López y Cárdenas y el resto de tropas, produciendo una definitiva victoria y una contundente derrota de las fuerzas ecuatorianas.

Muchos años después, relata Wallis, estando él en Niza, con el Dr. Antonio Flores, que fue presidente del Ecuador, e hijo del General Juan José Flores, Antonio le comentó que poco después de la batalla de Cuaspud murió su padre Juan José, de pesadumbre, no por haber sido vencido el ejército novicio del Ecuador por los veteranos colombianos, sino por haber sido engañado por Mosquera y haber caído en la celada que, con tanta astucia, le tendió, ya que Juan José se preciaba de ser el Jefe militar más sagaz de América del Sur. Pero, dice Wallis, había que reconocer que Mosquera era un Genio, o por lo menos, un hombre extraordinario.

Cordial saludo,