LA CORONA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN
1999
De: Mario Pachajoa Burbano

Payaneses ilustres:

Peranchico, Mario Perafán Fajardo, escribió el 25 de noviembre de 1995, un articulo sobre "La historia de la Catedral de Popayán y cronología de la Cofradía de Nuestra Señora de la Inmaculada y su famosa Corona". De esta histórica crónica hemos tomado párrafos correspondientes a la majestuosa "Corona de los Andes" como se la llama fuera de Colombia. Hemos agregado títulos al texto.

© Almanach de Bruxelles
En el artículo de Luis Marden publicado en el National Geographic Magazine, la esposa de Manuel José Olano le informa a Luis que "mi esposo percibiendo que el dinero de la venta de la Corona de la Virgen de la Inmaculada podría ser utilizado en obras de caridad en Popayán, obtuvo el permiso del Papa para vender la Corona. Después de algunas negociaciones, la Corona fue vendida y enviada a los Estados Unidos". La señora Olano también le contó a Marden que "la imagen de la Virgen, fue ordenada por uno de los antepasados de mi esposo, y tallada en madera por el artista ecuatoriano Caspicara y la Corona fue terminada después de hecha la imagen, probablemente entre 1795 y 1800. Cada año -agregó la señora Olano- el 8 de diciembre la Corona se le colocaba en la cabeza de la Virgen y ella vestía ricas mantas y era llevada en procesión en los hombros de miembros seleccionados de la Cofradía". La foto se tomó de "Almanach de Bruxelles".

La crónica de Peranchico es la siguiente:

Historias fantásticas sobre la Corona.

En la Feria Mundial Internacional de Nueva York en 1939 se exhibió la Corona de la Inmaculada de Popayán y su catálogo contaba historias fantásticas sobre ella, como por ejemplo, que fue tallada en un solo bloque de oro puro que pesaba 100 libras; que fue robada por unos piratas ingleses en 1650 y rescatada en alta mar después de una sangrienta batalla; que una de las esmeraldas perteneció al cacique Inca Atahualpa a quien se la arrebató Pizarro cuando conquistó el Perú; que el zar ruso Nicolás II estuvo interesado en comprarla poco antes de su ejecución en octubre de 1917. Nada de eso es verdad.

La Corona fue exhibida en París, Londres, Roma, Tokio y en el famoso museo de El Cairo "Museo Topkapi".

Cofradía de Nuestra Señora y sus Mayordomos.

Hacia 1590 se estableció la Cofradía de Nuestra Señora de la Limpia Concepción". (Después de la proclamación del dogma de fe, llámase "Inmaculada Concepción").

En el año de 1599 fue la imposición a la imagen de la Inmaculada de la Catedral de Popayán de la Corona de oro y esmeraldas, donada por la ciudadanía de Popayán, siendo Mayordomo de la Cofradía D. Gonzalo de Fonseca.

El 20 de abril de 1763 el obispo D. Gerónimo Antonio de Obregón y Mena nombró como Mayordomos de la Cofradía al Dr. Manuel Ventura Hurtado (presbítero) y a D. Lorenzo de Mosquera (quien poco después se retiró) y les entregó las alhajas (entre ellas la Corona de oro y esmeraldas) bajo inventario. Al presbítero Ventura Hurtado lo sucedió como Mayordomo de la Cofradía mencionada su sobrino D Nicolás Hurtado. Al fallecimiento de este, el obispo Pedro Antonio Torres designó como su sucesor a D. Vicente Hurtado Mosquera, único hijo varón de D Nicolás, pero D Vicente renunció en 1858 por radicarse en París y el mismo obispo lo reemplazó en 1860 por D Antonino Olano y Olave, esposo de doña Liboria Hurtado, la otra hija de D. Nicolás.

En 1876 D. Antonino y su familia se trasladaron a Quito dejando los bienes de la Cofradía bajo la vigilancia del Dr. Joaquín Valencia, apoderado judicial de la familia Olano-Hurtado y allá murió D. Antonino el 27 de diciembre de 1883.

Síndicos-Patronos de la Cofradía de Nuestra Señora

El obispo D. Carlos Bermúdez (el mismo de la leyenda de la Cruz de Belén) nombró en 1884 a petición suya como síndico-patrono de la Cofradía a D. Tomás Olano y Hurtado, hijo de D. Antonino el cual hizo constar en su testamento protocolizado en la Notaría Segunda de Cali el 9 de septiembre de 1886 que los bienes de su sucesión fueron declarados en quiebra y no se menciona para nada la Corona de la Inmaculada por pertenecer a la Cofradía.

Desde la época del presbítero Manuel Ventura Hurtado, el día de la Inmaculada, se sacaba en procesión la imagen de la Inmaculada con todas sus joyas inclusive la Corona. Desde la guerra civil se guardó la Corona por seguridad, en la casa de los Olanos donde la conservaban en una urna.

Don Tomás Olano y Hurtado inició gestiones para obtener la licencia canóniga para la enajenación de la Corona y en abril de 1907 elevó un memorial a la Santa Sede dirigida a la Sagrada Congregación del Concilio por mediación del Obispo de Popayán D. Manuel José de Caicedo, para con ello, construir un asilo para ancianos. El 3 de enero de 1912 dirigió una carta a Monseñor Francisco Ragonesi, Delegado Apostólico de su Santidad y él le contestó que el Arzobispo de Popayán debería dirigirse a la Congregación Romana. D. Tomás se dirigió al Papa Pío X en carta del 20 de abril de 1914 la cual fue contestada por el Cardenal Merry del Val calificándola de "cofradía local" y no "cofradía de familia" como lo insinuaba D. Tomás en su carta. Dicha contestación está fechada en Roma el 17 de junio de 1914 autorizándolo y "dejando al pendiente juicio del arzobispo de Popayán Manuel Antonio Arboleda las modalidades y condiciones tanto de la enajenación como de la nueva Institución", (el asilo para ancianos).

Decreto de la desamortización de los bienes eclesiásticos.

En la Nueva Granada por efecto del Decreto de la "desamortización de los bienes eclesiásticos" expedido en 1860 (con base en el decreto "Quaecumque" del Papa Clemente VIII fechado el 7 de diciembre de 1604) dejó a las cofradías inactivas porque perdieron su fuero jurídico para administrar esos bienes y sus Mayordomos vinieron a quedar reducidos a simples Síndicos-Patronos. A tal efecto fue D. Vicente Hurtado Mosquera el último Mayordomo de la Cofradía, siendo el primer Síndico-Patrono de la misma el Dr. Antonino Olano y Olave. Por esta razón por ser simple Síndico-Patrono no podía su hijo y sucesor D. Tomás Olano gestionar de por sí cualquier operación comercial de bienes eclesiásticos, de ahí que Monseñor Ragonesi a quien la Santa Sede le fue encomendado el caso, juzgó que quien debía dirigirse a la Congregación Romana para obtener la licencia de venta de la Corona era el Ilustrísimo Obispo Arboleda por ser el Representante Legal de la Arquidiócesis de Popayán. Finalmente la Santa Sede autorizó la venta de la Corona para que se invirtiera ese dinero en la fundación de un Asilo para ancianos, (lo cual nunca ocurrió).

Demanda de Monseñor Maximiliano Crespo.

D. Tomás Olano y Hurtado en su testamento del 15 de noviembre de 1916 se declaró impedido para continuar con esa Sindicatura y solicitó al Obispo Arboleda que nombrara a su hijo D. Manuel José Olano como síndico-patrono. En 1935 permanecían los bienes de la Cofradía de la Inmaculada en poder de Manuel José Olano y la Arquidiócesis de Popayán por intermedio de Monseñor Maximiliano Crespo, al enterarse que se estaba gestionando la venta de la Corona, designó a los doctores Jorge Ulloa López y Gustavo Maya Rebolledo como abogados y les dió poder para demandar en juicio ordinario al D. Manuel para que restituyese a la Iglesia Catedral tales bienes eclesiásticos inclusive la Corona de Oro y Esmeraldas y se condenara a pago de perjuicios y costas del juicio, como efectivamente lo hizo el Juez Tercero del Circuito Dr. Alfonso Valencia Correa el 29 de marzo de 1935. A su turno Manuel José Olano por intermedio del apoderado Dr. Jesús María Casas se opuso a ello alegando derecho de propiedad por considerar a la Corona como "patrimonio de familia".

Por decreto número 927 del 4 de mayo de 1936 Monseñor Crespo removió a D. Manuel José Olano del cargo de Síndico-Patrono de la Cofradía de la Inmaculada "por negarse a rendir cuentas al Ordinario y entregar a este los bienes que ha guardado en calidad de depósito y por estar gestionando la venta de la Corona.

Venta de la Corona

D. Manuel José Olano siguiendo las instrucciones de su padre sostuvo durante varios años negociaciones con gran cantidad de posibles compradores para la venta de la Corona y para tal efecto a finales de 1928 viajó de Chicago a Popayán el negociante de gemas Warren J. Pipper, pero el colapso de Wall Street en 1929 puso fin a las negociaciones por un tiempo. Este joyero había oído hablar de la Corona en la Exposición Panamá-Pacífico en San Francisco, California y tomó la determinación de adquirirla.

El primer comprador de la Corona fue Guillermo Rodríguez Fonnegra quien pagó 85.000 dólares a Manuel José Olano. Pero más tarde Rodríguez sirvió de intermediario para venderla a Pipper en 1933. La Corona había sido llevada a Nueva York por el Dr. Luis Carlos Iragorri, un amigo de la familia Olano, quien se embarcó en Buenaventura a bordo del buque de la Green Line "Santa Lucía" escondida en una caja de cubiletes y luego guardada en la caja fuerte del barco cuando el capitán del mismo se enteró del valor de joya. En Nueva York fue depositada en las bóvedas del "Hannover Trust Company".

El 6 de junio de 1936 se firmó en la ciudad de Nueva York un convenio de compraventa de la Corona entre los vendedores (intermediarios) señores Oscar Heyman & Brothers Inc. sociedad domiciliada en aquella ciudad y el comprador señor Warren J Pipper de Chicago, por el precio total de 125.000 dólares. Esta Corona, según el texto del documento de compraventa la describe así:

...una corona de oro adornada con esmeraldas consistente en dos
secciones: diadema que contiene 67 esmeraldas y rematada por una
banda circular que contiene 12 esmeraldas y rematada por una banda
circular que contiene 12 esmeraldas pequeñas y una cruz que contiene
17 esmeraldas periformes (gota de aceite) llamadas familiarmente
aguacates, suspendidas del interior de la corona.
(en la base de la diadema hay una esmeralda rota, una porción
de la cual hace falta)"
.[1936, total esmeraldas: 108]

D. Tomás Olano y Hurtado en carta dirigida al Papa Pío X la describió así:

"Esta preciosa Corona de forma imperial, de oro fino repujado,
trabajo artístico muy antiguo, pesa en bruto 2.250 gramos
y está tachonada de 279 esmeraldas de puras aguas
y lindo color, grandes algunas y medianas y pequeñas
las otras. En la parte interior tiene colgantes 17 esmeraldas
en forma de pera. Esta bellísima y valiosa corona solamente
se le ha puesto a la efigie de la Virgen para su fiesta anual"
[1914, total esmeraldas: 296]

La noticia de la venta en Popayán.

La noticia de la venta de la Corona causó revuelo en Popayán. La iglesia instituyó cargos contra la familia Olano, sosteniendo que ellos solos no tenían autoridad para negociar la venta. El caso se prolongó en las Cortes cuando fue finalmente decidido en favor de la iglesia cuando el 20 de marzo de 1937 el Juez Tercero del Circuito de Popayán Dr. Daniel Solarte Hurtado profirió sentencia por haberse demostrado plenamente que la "posesión material casi centenaria" por parte de la familia Olano sólo "había sido una mera tenencia y que el dominio de la misma iglesia estaba reconocido en los últimos 30 años por parte de los antepasados del señor Olano". En la misma providencia se condenó a Manuel José Olano a restituir a la Catedral esa Corona y todos los elementos pertenecientes al culto de la Inmaculada Concepción. No hubo lugar a condenación por daños y perjuicios ni por costas del juicio. Esta sentencia fue ratificada por el Presidente de esa época del Tribunal Superior del Distrito Superior de Popayán Dr. José Rafael Cabanillas Rodríguez.

Producto de su venta.

El 21 de abril de 1938 los doctores Jorge Ulloa López como apoderado de la Arquidiócesis de Popayán y Tomás Olano Angulo por parte de Manuel José Olano solicitaron al Honorable Tribunal desistir del recurso de apelación y levantar el embargo y secuestro preventivo de los bienes eclesiásticos para ser entregados a la Arquidiócesis como así se hizo. Mas la Corona no regresó de Nueva York y el Dr. Jorge Ulloa López, apoderado de la Arquidiócesis, narra que recibió como producto de su venta 72.500 dólares que deducidas las sumas pagadas a D. Manuel José (36.000 dólares) en virtud de una "generosa transacción" y por otros gastos que hizo el propio Arzobispo Crespo quedó un saldo líquido de 46.774,75 dólares, que esa cantidad "unida a los 2.857 dólares que le correspondieron de honorarios, la invirtió, por su cuenta, en bonos de deuda externa de la Nación, Banco Agrícola Hipotecario y departamento del Valle, cuando estos títulos se cotizaban a los precios más bajos en la bolsa de Nueva York y que gracias a esta inversión pudo entregar a la Arquidiócesis de Popayán en 1942 123.141,25 dólares que al cambio de 174,50% le representó la suma de 214.881,48 pesos colombianos, esto sin contar con otros giros que le hizo con anticipación para atender algunos gastos como los del nuevo Palacio Arzobispal.

Epílogo.

El 20 de noviembre de 1995 la Casa de subastas Christie's de Nueva York puso la Corona a remate al mejor postor, fijando un tope de tres a cinco millones de dólares. El gobierno colombiano por intermedio del Embajador en Nueva York y la Señora del Presidente de la República doña Jackie de Samper se mostró interesado en subastarla para devolverla a Popayán como patrimonio histórico, por lo cual se le concedía la primera opción; pero los acontecimientos político-administrativos lo hicieron desistir. Al momento de escribir esta crónica se ignoraba quien la remató, pero parece que no lo hicieron.