GONZALO CONCHA
Jueves 11 de noviembre, 2004
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses: 

Gonzalo Concha
, Director General de la Patrulla Naval Colombiana, Seccional Pacifico, nos ha enviado este hermoso escrito, que mucho agradecemos. Es intersante saber que la Patrulla Naval Colombiana, con sede en Cali, es un grupo de personas amigas del país, que uniendo voluntades y esfuerzos buscan soluciones pacíficas a las dificultades de orden social por las que atraviesa nuestra patria en su Costa Pacífica. 

La Patrulla, que es una entidad privada, apoya en los campos de la salud, educación, desarrollo comunitario, deporte, recreación, desastres y emergencias a comunidades que habitan en las orillas de los ríos, lagos, y mares de los Departamentos de Nariño, Cauca, Valle, Chocó y territorios insulares correspondientes. 

Gracias a las ayudas voluntarias de muchas gentes, entidades privadas, maratones como pretexto para entregar regalos a los niños, estas ejemplares brigadas consiguen ropas, utencillos, alimentos, transporte de ropas de Miami a Cali para bebés, madres, bautizos colectivos, etc., etc. 

Nuestras felicitaciones a toda la Patrulla del Pacífico por esta labor ejemplar. 

Cordialmente, 

*** 

PEDRO NADIE, UN PESCADOR DE LANGOSTAS SIN FUTURO 
Por: Gonzalo Concha 


Remando silencioso entre las tranquilas aguas de las Islas del Rosario Pedro Nadie un hombre de ojos claros, pocas carnes, mucha estatura y piel tostada por el inclemente sol, rayando ya los 40 años, venía dejando atrás tímidas tiras de oleaje al deslizar con gracia y orgullo su frágil canoa de desvencijadas maderas donde escasamente cabían sus largas piernas; llevando consigo una delgada cuerda de 10 metros, su inseparable y esbelto canalete, tres pequeñas varillas de 50 centímetros las que en cada uno de sus extremos tenían envueltos coloridos trapos para facilitar su manipulación y en el otro una especie de gran anzuelo, una vieja olla para sacar el agua que permanentemente amenaza con hundirlo, un delgado tubo respirador improvisado con pvc, un par de destartaladas aletas que ya no resisten un remiendo más, una vieja careta llena de negros hongos, y muchas esperanzas al punto que estas ocupaban el resto del único espacio disponible: su corazón. 

Eran ya las 6 de la mañana Pedro Nadie en la mitad de todo canaleteaba con su mirada fija en el horizonte, se veía tranquilo y silencioso, silencio este que solo era interrumpido de cuando en vez por sus profundas aspiradas a una colilla de pielroja, pensaba en sus padres razón de su trabajo, los que se habían quedado esperándolo en la pequeña playa cerca de su improvisado rancho construido de manera furtiva en Barú. Aunque sabía que buceando solo, cualquier cosa podría pasarle, esto poco o nada le importaba, ya había perdido un oído por bucear sin los conocimientos del caso, y ahora solo pensaba en la razón de su tarea, sorprender unas cuantas langostas, las que seguramente vendería fácil y a buen precio en la playa que por esos días ocupaban los turistas. 

Cuando el mar le dejó ver una pequeña cresta se amarró de inmediato a la cintura la cuerda que en su otro extremo lo unía a la canoa, tomó una de sus tres varillas, se enfundó su equipo de combate quedando cual quijote marino y después de unas bocanadas de aire combinadas con nicotina criolla emprendió su lucha contra la corriente arrastrando consigo su inseparable canoa para zambullirse permanentemente esculcando esponjas y corales. 

Pasaron los minutos y a lo lejos solo se podía distinguir el poco blanco que aún sobrevivía de su vieja camisa, al final con la habilidad de un trapecista subió a su canoa sin langosta alguna pero con su cara radiante de optimismo contrastando con sus ojos claros por los que corría el agua del mar confundiéndose con su propio sudor, si sudor, porque cuando se trabaja duro en el mar también se suda, así como Pedro Nadie, que cada día lucha por ganarse la langosta con el sudor de su frente. 

Me dije a mí mismo después de este fatigante intento Pedro seguramente regresará a su pequeña playa único lugar donde en este mundo lo extrañan y lo esperan sin reproches, pero para mi sorpresa al pasar cerca de mi bote me dijo: “por aquí no hay nada pero más adelante las encontraré”, en ese momento pasaron por mi cabeza las múltiples tareas que he abandonado por falta de constancia, así como las mil veces me he rendido ante la primera derrota, mientras este elemental ser humano tan ligero de equipaje era el hombre más optimista de cuantos había conocido a lo largo del caminar por el inmenso mar de mi vida. 

Pero para Pedro Nadie su única frontera era el azul del cielo, cielo y azul que parecían sumergirse juntos un poco mas delante de la proa de su canoa, por eso seguía remando sin pausa pero sin prisa, guiado por su olfato de pescador nativo que no es otra cosa que la brújula que los ancestros marcaron en su sangre. Pero a veces Pedro se detiene mira al sol y deja que un mal presentimiento lo asalte entre pielroja y pielroja, y este no es otro que el tener que defender en la playa el precio de su esquiva langosta que aún sin haberla subido a su canoa ya la tiene fija en su mente con tamaño y precio, pecio este que los visitantes que esperan en la playa siempre terminan arrebatándole por la mitad de que lo que El, estimaba que valía. 

Pero a pesar de este mal augurio, Pedro sigue remando y cada día cuando el amanecer lo sorprende dejándole ver el horizonte, monta en su rocinante de vieja madera a la caza de nuevos sueños y alimentando mejores esperanzas, esperanzas estas que en medio de tan cruel y dura realidad solo son concebibles si los abundantes hongos de su careta tienen el poder alucinógeno que hace soñar en mágicos parajes mientras se muere de sed en el desierto. 
Al caer el día cuando la pequeña y frágil canoa de Pedro se perdió en el horizonte las lágrimas traicionaron mi templanza, pues había partido para siempre de mi vista y de mis sentires ese gran maestro de la humildad y la esperanza quien ligero de equipaje era el hombre más feliz del planeta, dejándome con su húmeda sonrisa el subliminal mensaje de aquel que no teniendo nada, lo tenía todo.... 

Gonzalo Concha. 
gonzaloconcha@telesat.com.co 
Cali, 2004 
Mas Información : http://patrullanaval.tripod.com.co/