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Miércoles 19 de marzo, 2003
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

Incluimos hoy los comentarios de Hernán Franco, sobre El Liberal de Popayán y de Oscar Tobar sobre los "atropellos a la arquitectura payanesa". Nuestros agradecimientos a los distinguidos amigos.

Cordial saludo,

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El Liberal de Popayán desde Quilichao
Por Hernán Franco

Para la fundación de este distinguido periódico, muchos Quilichagüeños contribuyeron con donaciones para el fortalecimiento inicial de este, aunque nunca quisieron ser miembros de esa sociedad comercial. Hicieron gene rosamente su aporte solo en pro de un ideal. Esos distinguidos ciudadanos de Quilichao fueron motivados por Alfredo Navia Santacruz y entre ellos se cuentan: Don Aureliano Guzmán, Don Alcides Cabrera, Don Mario Jordán Z. Dr. Luis Carlos Saa Iragorri, Dr. Andrés Saa Iragorri, Don Aníbal Astudilllo, Don Otoniel Holguín Ramírez, Don Bernardo Medoza y Don Temístocles Jaramillo entre otros. De las damas de ese Quilichao Antiguo contribuyeron también pecuniariamente Ana Julia Ramírez de Franco y Limbania Velasco Camacho.

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Atropellos a la arquitectura payanesa
Por Oscar Tobar

Totalmente de acuerdo con el ingeniero Eduardo Nates en su referido y excelente artículo del 17 de marzo, muchas de estas edificaciones "asesinadas" serían hoy centros de reunión donde los payaneses podríamos gozar del arte y de la cultura en forma diversa, y dígalo sino la bella estructura de la antigua estación del ferrocarril del Pacífico construída en el "LLanito de las Monjas del Carmen". Fue demolida toda su hermosa fábrica con dinamita pues no bastaron el pico, la pala y el martillo, ordenados por un funcionario indolente de la alcaldía de Popayán.

Líbrenos Dios de estos forjadores de nueva cultura que son capaces de sacrificar la belleza de nuestras más queridas edificaciones y tradiciones en aras de la "funcionalidad modernista", y esto me recuerda las palabras de Don Sergio Arboleda cuando con vergüenza y lástima escribía para la posteridad, "En todos los pueblos de la tierra las hazañas de sus guerreros y la mayoría de las virtudes de sus distinguidos progenitores se perpetúa de generación en generación cuando no en crónicas escritas al menos en sus cantares y anécdotas populares, en donde nace el pundonor y el sentimiento de nacionalidad, pero entre nosotros ni anales ni tradiciones hay, nuestro pueblo vergüenza da decirlo apenas vive del presente, no le inquieta el porvenir, ni el pasado le interesa, solamente da cabida en su corazón a las pasiones políticas contemporáneas, presuntuoso e ignorante mira con desdén la época de nuestra colonia y aún la de nuestra independencia nacional y falto de lógica y filosofía pretende como mejores estos tiempos de luchas, revueltas y terror. Hemos destruido los que dejaron fundado moral y físicamente nuestros mayores. Hoy sólo se ve recrudecer la guerra, pero no por la defensa de la soberanía de una raza, ni por librar las ciudades de la venganza de los conquistadores, sino por la envidia de Caín hacia Abel, la guerra maldita, la primera guerra, la de hermanos".