SENTIMIENTO COLOMBIANO
Sábado 11 de mayo, 2002
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

Rodrigo Miranda Cabana nos envía la siguiente comunicación, que contiene el sentimiento colombiano sobre la masacre de Bojayá. Nuestros agradecimientos a Rodrigo. Cordial saludo,

""" ... Mario: esta carta de Luis Noé Ochoa, columnista humorista de El Tiempo, a Simón Trinidad, ex presidente del Club Social de Valledupar y ex miembro destacado de la banca, sintetiza en gran parte los sentimientos de los colombianos en las tragedias que, como en la de Bojayá, se repiten a diario en este desventurado país:

"Esta carta tiene una cinta negra en la esquina del sobre. Es un negro que lleva llanto, dolor y coraje. Un negro que ustedes y los 'paras' andan colocando en los hogares de Colombia.

Le escribo a usted, porque sé que su vida no ha transcurrido en el monte. Usted tuvo un hogar cómodo, donde se daban las buenas noches y se saludaba de beso en las mañanas. Lo recogían en el jardín infantil. Fue al colegio y a la U. Usted tiene mando en las Farc y entiende más.

Mañana es el Día de la Madre, el día en que ellas se levantan con los brazos abiertos y nosotros, como conejos asustados, corremos tras las puertas a sacar el paquete que hemos envuelto como jugando a escondidas. Y nos lanzamos llenos de júbilo y de amor a decir: Feliz día, mamita . Mañana es el día de los ojos húmedos, del abrazo eterno, de tres o cuatro rosas compradas en la esquina, con al ahorro de las onces, o del ramo grande, con plata de papá, pero ambos igual de bellos.

No entiendo en qué momento usted se perdió. Pero pienso que le habrá dolido la masacre de Bojayá, así se muestre duro. Le tiene que doler, porque como dice la canción Los guaduales, los guerrilleros también tienen alma . Y mamá.

¿Usted se ha imaginado la escena de la iglesia? Allí estaban las familias, como hormigas, mientras el oso roncaba afuera. Papás, abuelos, niños. Esas madres, Simón, apretando a sus hijos contra el pecho, tomadas de la mano con los más grandecitos, pidiéndole a Dios por todos. El cilindró se llevó a 119. Mañana, ni nunca más, esos pequeños, pobres, de ojos negros y grandes, futuros futbolistas o enfermeras, o los adultos, no le podrán regalar un ramito silvestre a mamá.

Mañana, en las casas de madera, en esas mesas de tabla ancha, habría sancocho de pescado. Habría besos, quizá un vinito dulce llegado de muy lejos. También música y poemas declamados por un locutor de radio. En medio de esa pobreza, habría amor y madres felices. Y en la tarde, en la iglesita en que ustedes les volaron, se diría misa y se darían el saludo de la paz.

Hoy hay desolación. Padres como locos, que perdieron a sus esposas y a sus hijos abrazados uno al otro. Hay mujeres que no encuentran a sus pequeños, o ya los sepultaron encima de otros muertos. Madres con la mirada y la esperanza perdidas, cansadas de llorar y que llevan un zapatico o a un trozo de franela que tenían puestos sus pequeños amores, intocables, tiernos, que hoy no las besarán.

Maldita vaina, Simón. Esto no puede ser más. Piénselo. El Estado dice que reconstruirá el pueblo. Pueda que cumpla. Pero cómo va a reconstruir los hogares. Cómo repondrá a los seres queridos. Los hijos no se hacen de cemento. Ni Dios está por allí para reponer madres hechas de barro.

Mañana, Simón, pondré una ofrenda floral a la Virgen. Le pediré por que usted les haga ver a sus 'socios cilindreros' el horror de una lucha equivocada, por que ampare a las madres vivas y les dé valor a las que han perdido a sus hijos en esta guerra. Y, sobre todo, por que les ofrezca su mano de madre a los huérfanos. ¿Y qué va a hacer usted? " ... """