¡HAIL COLOMBIA!
Miércoles 17 de septiembre, 2003
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

The National Geographic Magazine de octubre de 1940, publica un artículo sobre Colombia que lo titula Hail Colombia! escrito por Luis Marden, y por supuesto incluye a Popayán en dos páginas de texto y tres de fotografías a color.

Marden escribe que, en esa época, "Popayán tiene cerca de 30.000 habitantes y ¡31.000 poetas!". Además nos cuenta que estando en la oficina de Hernán López, le llamó mucho la atención que a dicho despacho iban indígenas, que en vasos de vidrio, traían oro en polvo. Hermán lo escrutaba al tacto y lo pesaba y le pagaba al indio su valor al precio corriente para el metal de tal peso y su pureza. Marden le preguntó a Hernán cómo sabía la pureza del oro con solo mirarlo y este le respondió que "por el color y el tacto. Después de una larga experiencia, se puede estimar la pureza del oro con una seguridad de una fracción de un carate". Muchos de los indígenas traían el oro en figuras. Uno de ellos le trajo más de 300 ranitas de oro que encontró en la tumba de sus antepasados.

Una excelente fotografia a color tiene de cuerpo entero a dos indigenas con sus atuendos dominicales y con collares de muchas vueltas.

A través de Hermán se entrevistó con el Maestro Guillermo Valencia. y le preguntó a este ¿porqué uno de los títulos de Popayán era "La tumba de don Quijote". El Maestro le respondió que "porque en esta ciudad somos herederos del idealismo y excentricidades del Caballero" "Yo mismo soy de la familia Quixote. Ud ha visto en el escudo de la familia de mi esposa, en la parte inferior, el nombre Quijano.¿No dice Cervantes al principio de su obra que un Don loco a quien llamaban Quixote, que posteriormente llegó a ser Quijano de la Mancha? Los apellidos son similares lo suficiente para implicar, por lo menos, una lejana conexión".

Además el Maestro Valencia le contó a Marden que "una vez decidí que me gustaría ir a los muelles de Buenaventura y trabajar durante breve tiempo, como un estibador". "Un dia muy caluroso, continuó el Maestro Valencia, mientras sacabamos un equipaje de un barco que acababa de llegar, salió de él un representante del Vaticano en Roma. Tomé su equipaje y le dí la bienvenida en latín. Después de todo yo era para él un simple.estibador, vestido pobremente. El buen prelado se maravilló que había sido recibido en el idioma de la antigua Roma y me preguntó que cómo era que un portero como yo me expresaba en un fluído latín. Yo le contesté, inclinándome ante él: Ah su Excelencia, en Colombia todos trabajadores de los puertos conocemos el latín".

Una de las tres fotografias mencionadas, a página entera, es de la hija del Maestro Valencia en las orillas del Río Cauca, con vestido de ñapanga.

Otro día, nos cuenta Marden, fue recibido muy amablemente por la familia Olano. En esa época la llamada por la prensa extranjera "corona de los andes" estaba en las primeras páginas de los diarios y revistas. La dama de casa, sonriendo, le dijo: "Cosas de fantasía han sido publicadas acerca de la corona en su país. En primer lugar, debe llamarse "Corona de la Imaculada Concepción" porque fue hecha para ella". "Usted debe saber que es nuestra costumbre, heredada de España, el tener hermandades religiosas. Cada sociedad adopta un santo como su patrón, y lo provee de ricas vestiduras y joyas para exhibirlas en las procesiones anuales. La hermandad que ha presidido nuestra familia ha tenido como patrón a Nuestra Señora de la Imaculada Concepción. Es por ello que la corona para Nuestra Señora fue ordenada por uno de los antepasados de mi esposo"

Marden le preguntó cuántos años tenía la corona y la anfitriona le contestó: "La Virgen fue tallada en madera en el Ecuador por Caspicara, indígena, famoso tallador de madera, hacia el final del siglo XVIII. La corona fue terminada probablemente entre 1795 y 1800. Cada año, el 8 de diciembre, a la Virgen se le colocaba la corona y la imagen con ricas vestiduras era llevada en procesión en los hombros de miembros selectos de la hermandad".

"Los últimos años la magnificencia de algunos de los festivales religiosos disminuyeron. Hace algún un tiempo mi esposo, pensando que la venta de la corona podría producir algún dinero que podría utilizarse en obras de caridad para Popayán, obtuvo del Papa su permiso para vender la corona. Después de negociarse, la corona se vendió y se envió a los Estados Unidos".

La última página del artículo muestra la foto de la imponente y fabulosa "Corona de los Andes" en todo su esplendor y riqueza, que nunca más se volverá a admirar ...

Cordial saludo,