EL COLOR DE LA CIUDAD: III
Martes 21 de noviembre, 2000
De: Mario Pachajoa Burbano

Payaneses pintores:

Tenemos el agrado de adicionar notas, que mucho apreciamos, sobre el artículo y comentarios de "El color de la ciudad". Esta vez sus autores son: Manuel Ignacio Cárdenas, César Tenonio Gnecco, María Josefa Saa de Borrero y Eladio De Valdenebro, a quienes agradecemos infinitamente:

MANUEL IGNACIO CARDENAS: """ ... Estoy de acuerdo en la recuperación del color para nuestra querida Popayán. Basta nada más ver el impacto tan significativo que nos han producido los pocos avances al respecto, como la fachada del Paraninfo Caldas, gustosamente coloreada por idea de la Arq. Olga Sofía Velasco; Ejemplos que tímidamente están empezando a matizar nuestra arquitectura y que ridiculizan a la esnobista idea del blanco. En una investigación que yo personalmente realicé a raíz de similar polémica en épocas de posterremoto, en la que también intervino el Médico Carlos Navia (fallecido), encontré, tratando de hacer la blanca retrospectiva, un decreto del año de 1948 firmado por el alcalde de Popayán, José Manuel Garrido, por el que se ordena pintar a la Ciudad de blanco, obligación que fue postergada para finales del año mediante un nuevo decreto, a raíz " de los trágicos hechos del 9 de abril" en donde obviamente la villa salió desangrada y afectada físicamente. Afectuosamente, Manuel Ignacio Cárdenas ... """

CESAR TENORIO GNECCO: """ ... Referente al color, Hilda nos da maravillosas luces sobre el asunto, ya que 1964 no está tan lejano y los recuerdos de los payaneses de ese entonces todavía están frescos. Con todo respeto referente al comentario de Rafael, si de colores hablamos, los apropiados serían los que se usaban en el momento mezclados con la cal, minerales y vegetales que lograban esas maravillosas tonalidades como lo muestra la ahora muy colorida Cartagena de Indias, Trujillo al norte del Perú y la mismísica Candelaria en Santa Fe de Bogotá. El color es hermoso, mas hay que tener muchísimo cuidado, respeto y gusto con él. Un abrazo: César ... """

MARIA JOSEFA SAA DE BORRERO: """... Quisiera aportar un comentario muy personal y sin ninguna intención de dictar cátedra al respecto del " color de la Ciudad". Es muy cierto que Popayán es una ciudad muy linda y muy española en su estilo, el color blanco que luce desde el año l964 le dió un toque aún más señorial y la hemos disfrutado propios y extraños, sintiendonos muy orgullosos los payaneses por su belleza. Cuando estuve en la Costa Brava, recordaba mucho a Popayán pues todos sus pueblos son completamente blancos, encalados y sus ventanas y balcones colmados de flores de mil colores, (cosa que nos falta) los avisos y las señales de tránsito son en madero o en hierro forjado (bellísimos trabajos) que dan a estos pueblos un ambiente muy especial que nos pone románticos y poéticos como a los payaneses. Pero luego llegué a la bellísima Sevilla, que es llena de color, los ocres, rosas, los verdes y en fin todos estas tonalidades se confunden para dar una sensación de alegría, de fiesta, de preogreso a esta gran ciudad Y que más español que Sevilla? No será que en estos momentos nos falta un poco de alegría en la ciudad blanca? Porque dentro de los parámetros arquitectónicos de la ciudad española no le damos ese toque de color que nos hace tanta falta a todos los colombianos? Como hoy el Cauca está estrenando gobernador y una lindísima reina pues cambiémoles también la cara a la ciudad a ver qué pasa. Con gran cariño, María Josefa Saa de Borrero... """

ELADIO DE VALDENEBRO: """ ... LA PIEL DE LA CIUDAD (El Liberal, octubre 1982). Por: Eladio De Valdenebro

De arenas coralinas es la piel de Cartagena, y la de Venecia de mosaicos dorados. La piel de Granada, Córdoba, Sevilla es de azulejos y yeserías, mientras que es de granitos y bronces la de París. La piel de Pisa es de mármoles claros y la de Madrid o Toledo de piedras historiadas. La piel de Bogotá es de ocres o rojizos ladrillos, la de Caracas o Brasilia, de aluminio, acero y cristal. En cambio, la piel de Popayán es....de boñiga encalada. Sí señores, qué le vamos a hacer!! De boñiga con cal!! Porque así nos la hicieron nuestros antepasados, así debemos aceptarla. Si queremos defender la fisonomía de la vieja ciudad, aceptémosla como es. No pretendamos hacerla "mas bonita". Y tampoco queramos hacerla "más elegante" de lo que fué. Siempre sus ladrillos como sus muros de tapia o adobe fueron ocultos tras el repello de boñiga encalada. Siempre ocultas también, las escasas piedras de cantera. Tan solo fué vista la piedra labrada de las portadas. Y sus gruesos muros, de escasas ventanas, siempre fueron rugosos, ostentando en esa recia piel la humilde pero digna verdad de nuestra ciudad. Valgan estas reflexiones ante la alarma de unos buenos popayanejos, preocupados porque en el arreglo de la fachada de la casona de Humanidades, han recubierto los ladrillos de las jambas con boñiga...."

En la seguna parte de este artículo, reseñaba yo algunos pocos casos en que se había embalsamado de cemento y estuco y vinilo brillante, la piel legítima de Popayán. Lastimosamente, tras el terremoto, así se hizo en la mayoría de las reconstrucciones. Pero el tema este de La piel de Popayán, parece oportuno en torno al tema del color de nuestra ciudad. Un abrazo, Eladio De Valdenebro ... """

Cordial saludo,