CLAUDINA Y ALEXANDER
Sábado 8 de mayo 1999
De: Mario Pachajoa Burbano

Distinguidos payaneses:

Hoy recordaremos dos personajes: la frágil gaditana Claudina y el primer gringo llegado a Popayán en 1812, Alexander. Claudina era hija de Toribio Montes un orgulloso magnate, comerciante transportista y residente de Cádiz desde donde manejaba sus múltiples, florecientes y ricos negocios. La sensible y delicada Claudina fue creada en un ambiente de bonanza y comodidades y con educación esmerada. Las historias de la época no dan más detalles de su personalidad.

En cambio, existen numerosos escritos sobre el aventurero Alexander Macaulay, quien nació en la ciudad de York, estado de Virginia, USA. Alexander, de familia honorable y católica, además de su título de médico y cirujano, hablaba varios idiomas, entre ellos el castellano y conocía la táctica militar como más tarde lo comprobó en Popayán. Alexander se prendió de Claudina en Cádiz en donde la conoció y trató, siendo correspondido por ella. Sin embargo, su padre Toribio vio en Alexander a un aventurero y desde el momento en que conoció la situación, se opuso a ella. Toribio contrató una goleta para su viaje de negocios a Venezuela, viajando también Claudina y Alexander, a quien desembarcó en Maracaibo. Toribio fue nombrado por el Rey, Presidente de Quito, en donde se estableció con su hija Claudina. Macaulay al conocer la nueva posición de Toribio resolvió trasladarse a Quito para tratar de conseguir la mano de su amada Claudina. En Santa Fe, el norteamericano fue detenido por orden del Presidente Antonio Nariño, por creerlo espía de los españoles y como deportado, llegó a Popayán el 25 de abril de 1812.

Precisamente ese día los patianos comandados por Manuel Antonio Tenorio y Carvajal, que se enorgullecía con el título de Regidor Alférez Real del Cabildo de la ciudad, estaban asaltando a ésta con 1.500 hombres. Al día siguiente, los realistas ocuparon las colinas de la parte sur de la ciudad y el barrio del Ejido y trataron de apoderarse de la parte central de Popayán. Las fuerzas patriotas estaban comandadas por José María Cabal y por sus lugartenientes Nicolás del Campo Larrahondo y Antonio Arboleda. El norteamericano observó con detenimiento el ataque realista e hizo observaciones acerca de cómo organizar la defensa y pidió un cañón que personalmente manejó e instalándolo en Santo Domingo despejó toda la calle de enemigos. La Junta de Gobierno se reunió esa misma noche, atendió las recomendaciones para un plan de contraataque del gringo y designaron a éste, que junto con Cabal ejecutaran la acción.

Al amanecer del día siguiente los patianos fueron sorprendidos por el ataque concentrado y vigoroso de las tropas patrióticas, produciendo la retirada de los realistas con grandes pérdidas en material y hombres. Alex entró victorioso a la ciudad y se dirigió al puente sobre el Cauca en donde nuevamente derrotó las fuerzas enemigas ubicadas en esa posición. El éxito de esta batalla y al hecho de haber sido designado comandante en Jefe de las fuerzas militares patrióticas de Popayán con grado de coronel, le abrigaron el deseo de Alexander de volver a encontrarse con Claudina, como Jefe de una expedición victoriosa que podía imponer condiciones al orgulloso Toribio y obligarlo a concederle la mano de su amada Claudina Montes. Alex tejió una campaña compleja que lo llevaría victorioso a Quito y preparó su ejército en forma muy cuidadosa.

Alexander Macauley, el gringo, finalmente, después de batallas mezcladas con el éxito y la derrota, fue vencido y tomado prisionero por los realistas y pasado por las armas en Pasto, el 26 de enero de 1813. Doce días después, el 7 de febrero de 1813, en carta, el ayudante del Presidente Toribio Montes cuenta: "... El Presidente Montes está mustio y su esposa inconsolable. Ayer dimos sepultura a la señorita Claudina, que de algunos años atrás sufría de consunción. Parece que su muerte ha dimanado de la brusquedad con que le dieron la noticia de los últimos fusilamientos en Pasto. Cuando íbamos para el cementerio el cielo estaba sombrío. Poco a poco fueron apareciendo las estrellas y por último la luna en toda su magnificencia. Blancos vapores cruzaban el espacio los que poco a poco fueron aglomerándose en dirección norte, hasta formar como dos palmas enlazadas que cubrieron la mitad del cielo. Yo no sé porqué, pero aquello nos llamó la atención. El Presidente Montes, sin poner detener las lágrimas, exclamó: ¡Las palmas del martirio! ...".

Cordial saludo,