O TEMPORA! O MORES!
Viernes 18 de noviembre, 2005
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos:

O tempora! O mores! era la exclamación de Marco Tulio Cicerón  (106-43 A.C.)  en Las Catilinarias. Y así parece ser lo que quiere indicar Horacio Dorado Gómez en su articulo recordatorio de tiempos pasados que hoy reproducimos. Para algunos de nosotros cincuenta años es ayer y comprendemos el mensaje de Horacio a través de su articulo.

Cordialmente,

***

Así cuenta mi abuelo
Por: Horacio Dorado Gómez
El Liberal.

En los tiempos idos, hace cincuenta años, cuando Popayán era una pequeña cuadrícula de manzanas bien delineadas y  sus alrededo­res  grandes potreros y lagunas. Cuando los barrios La Esmeralda y Pandiguando eran extensiones de tierra llamadas llano largo y el guayabal. Al sur grandes humedales.

Hacia el norte, entre lo que hoy es Barrio Modelo y el Cuerpo de Bomberos, lagunas y juncales; las edificaciones no llegaban sino hasta el Barrio Bolívar, con su gran  atracción:  el Ferrocarril del Pacífico. El centro de la ciudad era construcción colonial, las demás viviendas  elaboradas en bahareque, barro atado a la caña brava con rejos y techos  pajizos o zinc. Hoy tenemos avenidas  más anchas y  edificios más bonitos, pero mentalidades más estrechas.

Estudié en escuela y colegio públicos  que eran de muy buena calidad.  Los privados eran pocos, se contaban en los dedos de una mano y sobraban dedos.  En la escuela pública se permanecía ocupado, se  estudiaba en jornada diaria,  de 7 de la mañana a 11  a. m,  y en la tarde de 1 a 4 p.m. Me impactaron para toda la vida materias como  ética, y urbanidad. Aprendí la escritura en pizarra y los rudimentos de matemáticas en el ábaco.

Me enseñaron a cultivar la tierra, en un terreno aledaño a la escuela Rafael Pombo, donde cada alumno necesariamente debía sembrar hortalizas que al cosecharlas con gran satisfacción llegaban a la cocina de la casa de cada alumno. Degustábamos mañana y tarde de refrigerio escolar  gratuito:  chocolate o café con leche, pan, y queso importado. A juicio del Director, nos  trasquilaban en la escuela por  de V centavos. Había además, tienda escolar que por  valor de V centavos,  llenábamos una chuspa repleta de dulces, nada light, sin preservativos: melcochas, gelatinas, panelitas y merengos.

Los profesores tenían apostolado por la educación. Sabían de todo. Uno solo dictaba varias materias. No sé si  bien o mal  remunerados, pero nunca perdían un día de clase durante diez meses seguidos. Impecablemente vestidos y modales  dignos de ejemplo. La tecnología  es valiosa, pero adormece la intuición a los niños, no hay creatividad. Los niños de hoy tienen a la mano la electrónica, Internet; pero los marca la violencia: alumnos que matan a los padres y profesores. Es una época de hombres solos, alejados de la naturaleza –que es Dios-

 Hace cincuenta años, los padres de familia eran ‘esclavos’ de sus hijos, vivían pendientes de ellos,  frecuentaban  la escuela para preguntar  por el rendimiento. Al final del año era deber asistir,  padre y  madre como jurados calificadores, para evaluar a los alumnos con el inspector de la Secretaría de Educación en todas las materias, además a evaluar trabajos manuales, pintura, declamación y canto (música colombiana).  Había imposición de medallas por puntualidad, colaboración y  compañerismo. Un cinco aclamado, causaba revuelo entre  estudiantado y  familiares. Se culminaba el año con un sainete representado por  niños que  declamaban y presentaban una obra teatral. 

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