GUILLERMO DIEZ GARCÉS POR RUTH CEPEDA VARGAS
Sábado 9 de agosto, 2003
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

El 26 de mayo de 1949 sucedió una gran tragedia en Popayán cuando hizo erupción el Volcán Puracé matando a 17 personas, 16 de ellos estudiantes del Liceo de Bachillerato y de la Universidad del Cauca.. Estos detalles se encuentran relatados en nuestra página de Internet de 1999 en el artículo "Tragedia en el Puracé 1949".

<http://www.geocities.com/pachajoa2000/purace.htm>

Neftalí Sandoval-Vekarich en aquella época uno de los oradores en representación de sus compañeros muertos, nos ha enviado una serie de documentos sobre este insuceso, elocuentes, llenos de sentimiento y dolor que se publicaron en 1949 y durante el primer aniversario de la tragedia. Neftalí nos dice que uno de los sobrevivientes, Napoleón Montealegre, le contó que los indiecitos del lugar les dijeron a los alegres jóvenes "No suban, patroncitos, taita Puracé está bravo .."

En esta oportunidad reproducimos la oración pronunciada por Ruth Cepeda Vargas en memoria de Guillermo Díez Garcés (hijo de Dalia Díez viuda de Garcés) y sus compañeros muertos. Foto de Guillermo.

Guillermo Díez Garcés 
Por Ruth Cepeda Vargas 

Popayán 1950

Fue una mañana azul como tus cantos, pletórica de luz como el ensueño que tocaba tu frente ... Así fue tu partida. Así y no de otra manera podía ser tu viaje. Ese viaje que lloraron los cielos con sus lágrimas lentas, que el paso de las horas fue ahondando hasta tornarlo profundo, ilímite, eterno y sin orillas ... Y luego cuando el titán de fuego y lava quiso disculparse, negando que él te había prestado su lumbre para encender tu partida, que él había prendido tu antorcha para lanzarte por aquellos caminos inciertos e ignorados como tu última palabra, sacudió su cabeza roja como tu herida, y sin poder explicarse él también sollozó .. Entonces fue cuando su llanto de ceniza vino a estrellar, a romper toda esperanza de regreso. Porque te aguardábamos; te presentíamos con tu gesto de horizontes sin nubes y tus pisadas leves. Pero el mensaje gris de la ceniza tornó nuestra alegría en helado pavor.

En el aula se silenció tu voz y el libro abandonado sintió tu ausencia en sus hojas vacías, sin el calor de tu ansiedad. En el banco no hubo ya susurros de ilusiones y el eco juvenil de tu esperanza se quebró sollozano ... En los largos pasillos que te miraron todas las mañanas hollar con tus pasos sus lentas manos de piedra, esperaron, esperaron en vano porque ya nunca más volviste a ellos. Todo, todo te recordaba. ¿Acaso no habías sido una alborada cierta, un futuro de luz?

Cuando todas las tardes te alejabas por la avenida gris que besaban los árboles con su beso de sombra protectora, el Liceo igual que un tierno abuelo, te seguía con sus ojazos grandes en los cuales se copiaba el paisaje por donde te perdías.

Hoy cuando ya no estás, cuando tu adiós es presencia de muerte, grito que anonada, todos te siguen recordando. Llevabas en la frente una rosa de ensueño y en las manos dos mariposas blancas. En tus palabras reía la esperanza y un secreto anhelar de horizontes temblaba en tu mirada.

Te fuiste, te alejaste una mañana azul como tus cantos, tu partida honda, despiadadamente rápida, inconmensurablemente dolorosa, hiere con su gesto cruel nuestro silencio, ese silencio que sólo alcanza a insinuarte en la elegía sin fondo de tu paso, que en nuestro cielo flotara como una eterna primavera, el poema inconcluso de tu juventud.

Cordial saludo,