CATALINA DE BELALCAZAR
Lunes 25 de noviembre, 2002
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

Oscar Tobar Gómez nos ofrece en su artículo "Un drama de la Colonia" los detalles de los procesos seguidos en Popayán y Quito, para castigar los asesinatos de Catalina de Belalcázar, nieta del Adelantado y de Francisco García de Tobar, nieto del famoso conquistador del mismo nombre, a manos del esposo de Catalina, el español Capitán Lorenzo de Paz Maldonado, hechos que ocurrieron en la residencia de la víctima el 11 de octubre de 1591.

Estos acontecimientos hicieron época en la ciudad, y su final fue de sorpresa mayúscula. Este caso y el de Dionisia Mosquera de Pedro Crespo, que relatamos en la Red de payaneses en 1999. (Véanse textos en Año 1999), son dos dramas judiciales extraordinarios que nos legó la Colonia..

El artículo completo de Oscar se puede obtener en Internet, en las páginas de Rafael Tobar, en la dirección:

http://www.rtspecialties.com/tobar/conex1/ostogo/Drama%20de%20la%20colonia.htm

Un resumen de los hechos descritos en el artículo mencionado es el siguiente:

El Capitán Lorenzo de Paz Maldonado, esposo de Catalina, procedía de Salamanca en los Reinos de España. Hacia unos 16 años que había venido a Popayán, después de haber concurrido con su persona y bienes al descubrimiento y población de la ciudad de Toro en la Gobernación del Chocó. Era hombre muy principal, caballero hijodalgo notorio y reputado por meritorio, lo que se confirma por el cargo de Teniente de la Nueva Segovia de Caloto que desempeñó y en particular por el hecho de tener encomiendas de indios, toda vez que estas no se daban sino a quienes las habían merecido por sus servicios propios y de sus antepasados prestados al rey.

La Familia Belalcázar, a que pertenecía Catalina, gozaba de gran influencia y distinción, ya que tenia su origen en el conquistador de estas tierras y estaba emparentada con la nobleza peninsular.

Francisco García de Tobar procedía de Fernando García de Tobar del Campo y María Puñána muerta a la sazón, y nieto de uno de los primeros descubridores y conquistadores de nuestras tierras, de aquel famoso capitán de su mismo nombre que vino entre otros muchos, con el Adelantado Belalcázar y su hijo Francisco, padre de Catalina.

En la casa de los Belalcázar había nacido y se había criado con Catalina, Francisco García de Tobar.

En los últimos seis años del matrimonio Lorenzo y Catalina, los celos dominan al capitán. Los testigos, durante el juicio, afirmaron que Catalina había dado asidero a censuras y malos juicios por sus relaciones con caballeros cuyos nombres constan en el proceso, y de los cuales uno es García del Espinar, hijo de Sancho García del Espinar el hombre de los devaneos y aventuras amorosas, que fuera Gobernador de Popayán y que había sido destituido en 1.583 por su injusta y escandalosa persecución contra el Obispo Fray Agustín de la Coruña. Otro sujeto que se mezcla en estos líos es Pedro de Caicedo, hijo del Capitán Francisco de Caicedo, quien cínicamente se jactaba de amores con Catalina.

Ambaló era la estancia favorita de los esposos. Allí trascurrieron para ellos, en los primeros años, días felices, pero al final, por la sospecha de los celos, hondas inquietudes y dolor. Una de las testigos, Barbola, india de Guambía, del servicio de Catalina, declaró . " que estando en el pueblo Lorenzo y Catalina, él riñó con ella, y le dio muchas coces y la dejó maltratada y desmayada, sin habla y esta testigo y otra india llamada Andrea, metieron a Catalina adentro de la casa y la echaron en una cama, y luego Lorenzo a esta testigo y a la india Andrea, las llevó a un arcabuco (lugar fragoso y lleno de maleza), donde las desnudó en cueros y atadas las manos con unas cabuyas, las colgó de las manos en unos palos, las azotó y le prometió a esta testigo, que le daría oro, yeguas y vacas y que le dijera con quien andaba su mujer. Y esta testigo dijo que no sabía cosa alguna y Lorenzo dijo, " Decídmelo si no os tengo que matar", y ella replicó que no sabia nada, que la podía matar ..

Salido de casa el Capitán, fue García de Tobar a verse con Catalina y solo con ella, porque no obstante que otras veces había entrado a visitarla sin preocuparse si estuviera o no sola y hasta se había quedado a comer con los dos esposos, en esta ocasión hallándose con uno de los testigos, García Álvarez, poco antes de llegar a la casa, le preguntó si estaba don Lorenzo, y aunque supo por su respuesta que no, sino en casa de su tío, entró, mientras Álvarez seguía para la plaza a la tienda de Benito Sánchez, que distaba de allí dos cuadras, poco más o menos, con el fin de contratar una puerta para la recámara, por encargo de Catalina.

Al aviso de que Tobar la buscaba acudió ella y después de corresponder a su saludo, puso a Barbola en la ventana que daba a la calle, para que llamase un hombre del servicio de la casa, o para que atisbara si venia Lorenzo y oportunamente lo avisara, como este asevera, caso que se le ocurriera volver.

Estando juntos en la sala o en la recámara de dormir del capitán, son avisados de su regreso por la india; se sorprenden; sobreviene el momento de indecisión consiguiente a la sorpresa.

Barbola le dice a su ama que salga y a él que se esconda y al fin, tarde ya, se va Catalina al interior y Tobar se mete en la recámara para tratar de ocultarse. Lorenzo entre tanto, a quien nunca abandonaba del todo la sospecha, había notado desde que cruzó la esquina que una india espiaba en la ventana; que mirando hacia él, esperó, y que al ver que iba a entrar en casa, se vuelve precipitadamente haciendo señas con la mano, y se baja. ¿Qué podía imaginarse? ...... Maquinalmente saca la espada de los tiros, movimiento que advirtió la india y entra pidiendo lo que iba a buscar; más al entrar alcanza a ver a Catalina que sale como azorada; sigue entonces a la sala con su idea fija ..... pasa a su cámara; observa que hay en la puerta de la recámara una caperuza de luto; más se enardece; penetra en la recámara y se halla de manos a boca con un hombre, con García de Tobar, su amigo en quien confiara ....... Se le oscurece el día, saca la espada y lo hiere ....... huye Tobar, lo persigue hasta el portón causándole nueva herida; y vuelve, loco ya, sobre su mujer a quien encuentra en la puerta de la cocina; y es tal su coraje, que sin pensar en lo que hace, la cose a estocadas y no logra acabarla. Sólo le preocupa su honor que considera ultrajado

Fray Juan de Paz Maldonado, hermano del Capitán, al grito que dio Barbola asomándose a la puerta de la calle, cuando Francisco García de Tobar herido huyó pidiendo confesión, había llegado con los demás vecinos a auxiliar a Catalina, cumpliendo al paso respecto de García de Tobar con los últimos deberes.

Entre tanto la casa de llenaba de amigos, algunos de ellos alzaron a Catalina, la condujeron a su cámara pasando por la sala. Reincorporada ya en su lecho, se confesó y recibió el viático.

Luego entró Luis Soto de Molina, Teniente de Gobernador de la ciudad, con el escribano Juan Díaz, a fin de indagar a Catalina y dar comienzo al juicio informativo.

Pedro de Velasco que estaba allí hizo salir de la habitación a las personas que rodeaban el lecho y se quedó solo con el juez y el escribano. Después acudió a visitar a la herida cuanto había de más notable en la ciudad; el hecho conmovió a todos los ciudadanos.

Entre tanto llevaban a casa de Fernando de Tobar, previas las formalidades de ley, el cuerpo inanimado de su joven e infortunado hijo.

Lorenzo se refugió en la iglesia de San Francisco, a cuyas puertas agolpóse el pueblo con el Teniente de Gobernador que acudió allí en momentos en que Fray Juan de Paz Maldonado volvía a su monasterio y echaba llave a las puertas de la iglesia, por lo cual el Teniente presentose al guardián y tomole con violencia las llaves; abrió y ordenando al Capitán Andrés del Campo Salazar que sacase a Lorenzo, pasó a interrogar a Doña Catalina.

Al día siguiente eran enterrados ambos cadáveres en la Iglesia Mayor de esta ciudad.

Sebastián de Belalcázar y Herrera hermano de Catalina, Fernando García de Tobar del Campo padre de Francisco, se constituyeron en acusadores de Lorenzo y a ellos se asoció particularmente Pedro de Velasco y Zúñiga, tres personas influyentes, meritorias y emparentadas con las más esclarecidas familias de la ciudad.

El Capitán quedó solo, como español sin raigambres sociales aquí, se vio envuelto en un juicio de lo más terrible, se le encarceló y aherrojó, mientras la parte contraria iba y venia libremente acopiando pruebas, sugiriendo, influyendo a los testigos. El capitán dio poder a Juan Núñez para que siguiera por él el juicio y nombró como abogado al licenciado Bolaños.

Toda la táctica de los acusadores se dirigió a demostrar que Francisco García de Tobar fue herido sin motivo ni derecho, estando en la sala en la dicha visita a Doña Catalina y que esta sin haberse meneado de allí desde que llego de la huerta, se fue a la cocina a ver lo que se hacia, al paso que Don Lorenzo pugna por hacer ver que lo hirió en la recamara, aposento situado dentro "de la cámara de su dormida", y que la india Barbola había sido puesta a la ventana para que atalayara su venida y "diese aviso de cómo así venia, si viniese" y lo que podía referirse al hecho de haberse informado García de Tobar antes de entrar, si él estaba en casa, a donde con tanta precaución seguramente "no fue a enseñale a la dicha Catalina ninguna oración cristiana".

Los testigos de Sebastián fueron examinados primero, luego los de Fernando, en Popayán y en Caloto y por fin los de Lorenzo quien los presentó en esta ciudad, en la Nueva Segovia y en Cali. Pero por más que hizo Lorenzo no pudo probar suficientemente su dicho en lo relativo a haberse hallado la capa y caperuza de Tobar en la recamara.

El 2 de diciembre de 1591, el Gobernador Cipriano de la Cueva de Montesdoca sentenció al capitán Lorenzo de Paz Maldonado a ser degollado, privación del feudo e indios de encomienda de su posesión y restitución de todos los bienes de Catalina

Sebastián y Fernando dirigieron entonces al gobernador un pedimento encaminado a obtener cuanto antes la ejecución de la Real Justicia.

En efecto el capitán apeló "como de sentencia injusta y contra él tan agraviada ante su majestad y los señores presidente y oidores de su Real Audiencia de San Francisco de Quito", bajo cuya protección ponía su persona y bienes, pero el gobernador en decreto marginal sin dar traslado, mandó se cumpliera lo proveído en la causa y con esto terminó el día segundo al de la sentencia.

Así las cosas interviene de improviso Fray Juan de Paz Maldonado, quien en razonado memorial, después de relatar cómo el Teniente de Gobernador Luis Soto de Molina, acudió con todo el pueblo el día de la tragedia a su convento y cómo entró en él con gran fuerza de gente y omitidas las formalidades de la ley, le quitó las violentamente las llaves, abrió el templo e hizo sacar al capitán tomándole de las gradas del altar ante el Santísimo, sin ninguna consideración a la majestad del Rey de Reyes, ni estar hecha la información para que constara si el dicho delincuente podía gozar de la inmunidad de la Iglesia.

Requiere al gobernador con una Real Cédula sobre el particular que presenta en su original y le pide todas las veces que puede y de derecho debe "la restitución del dicho Capitán Lorenzo de Paz a su convento tal como de él fue sacado", y que no se prosiga en la ejecución de la sentencia, hasta que la Real Audiencia determine la causa y si pudo ser sacado o no, protestando que de no hacerse así, pedir ante el Juez Conservador nombrado (Juez eclesiástico o secular nombrado con jurisdicción y potestad para defender de violencias alguna iglesia y comunidad religiosa y otros eclesiásticos), lo que convenga y que vuelva por la Iglesia de Dios y sus inmunidades".

El gobernador colocando la Real Cédula sobre su cabeza la obedeció, pero se sostuvo en su sentencia original alegando que el delito que el dicho Lorenzo de Paz cometió, fue de muerte segura, que la ley reputa por aleve y que no debe gozar de la inmunidad de la Iglesia.

Más el abogado defensor licenciado Bolaños no se desconcertó, sino que luego puso en juego a los "acreedores" del capitán, cuyo memorial debió hacer época en su tiempo.

Ellos como "partes interesadas", al tener noticia de cómo habiendo apelado de la tal sentencia el dicho Lorenzo de Paz, por ser contra él injusta y muy agraviada, debiendo el gobernador otorgarle la apelación se la ha denegado, por lo cual piden, requiriéndole, que se la otorgue y de no hacerlo, apelan a su turno para ante Su Majestad y los señores presidente y oidores de su Real Audiencia, donde protestan demandar contra el dicho gobernador y sus bienes y de sus fiadores, todos los intereses que a todos y cada uno de ellos pertenecen, ya que con la denegación de apelación, corría peligro lo que Lorenzo les debía.

Sin embargo el juez se mantuvo firme decretando que los acreedores pidan su justicia por sus deudas, contra los bienes del dicho Lorenzo de Paz, que se les hará justicia y si quisieren testimonio de su apelación se les dé.

Le era menester dinero, a fin de pagar abogados y procuradores en Quito y suplica se le den seiscientos pesos de oro de veinte quilates, siéndole concedidos quinientos y solicita se remita también su persona a Quito, a todo esto el juez le dio traslado, ante el asombro y furia de los acusadores que no cesaban en sus demandas de justicia aduciendo el cumplimiento de las leyes del reino que manda se ejecute la sentencia allí donde se cometa el delito, más el gobernador se sostuvo en otorgar la apelación para ante Su Majestad y remitió el reo a San Francisco de Quito, dando seguridad a la persona del preso en su viaje. Como es natural, semejante auto exasperó a los actores acusadores.

Pero nada consiguieron, el gobernador se mantuvo en lo proveído y el escribano Juan Guerra pasa a notificar a Sebastián y a Fernando para que "vayan en seguimiento desta causa a la Real Audiencia de San Francisco de Quito, dentro del término dado".

Fallo final

Presentada su apelación ante la Real Audiencia y declarado absuelto, el Capitán regresó a Popayán, ejerció luego el cargo de Teniente de Gobernador en ella, siguió siendo como antes tranquilamente su vecino encomendero, contrajo segundas nupcias con Catalina de Zúñiga, hija del conquistador capitán Francisco de Mosquera y Figueroa y Leonor de Velasco y Zúñiga y sobrina por lo tanto de su enconado acusador en este ruidoso proceso Pedro de Velasco y Zúñiga, y casado ya nuevamente compró una estancia de sembrar maíz, en el llano de la vega de Cauca al propio capitán Sebastián de Belalcázar, quien con Fernando García de Tobar, tantos esfuerzos hicieran para que se le condenara.

Lorenzo murió ya viejo en la paz del Señor dejando tres hijas de su segundo matrimonio (que del primero no tuvo ninguno), la mayor de ellas casada con el capitán Juan de Mera, todo lo cual él declara en su testamento otorgado, "a veinte días del mes de enero de mil y seiscientos y diez y nueve años en la casa de su morada, en la ciudad de Popayán".

Cordial saludo,