MARTHA MERCEDES CASTRILLON SIMMONDS
Jueves 8 de julio, 2004
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos:

Martha Mercedes Castrillón Simmonds recibió en dias pasados la condecoración de La Orden de Isabel la Católica del Gobierno de España y en la ceremonia de la imposición de la Encomienda, Martha Mercedes pronunció las palabras que transcribimos, en las que se destacan los rasgos de su personalidad, de su amor por nuestro Departamento y su constante interés
Atento saludo,

AMALIA GRUESO DE SALAZAR B

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PALABRAS DE MARTA MERCEDES CASTRILLÓN
IMPOSICIÓN DE LA
ENCOMIENDA DE LA ORDEN DE ISABEL LA CATÓLICA


En ocasiones como ésta cuando la generosidad se expresa de manera tan amplia y tan afectuosa, solo gratitud y gratitud eterna, puede manifestarse como humilde gesto de retribución.

Nunca he emprendido un proyecto ni he asumido un cargo esperando a cambio el reconocimiento público, pues creo que el salario del servidor público no es otro que el bienestar de sus conciudadanos y de su patria. Por eso recibo esta distinción con la sorpresa que la magnanimidad del gobierno español me produce, cuando vuelve sus ojos y exalta el trabajo y la vida de una colombiana común, que día a día sueña con aportar algo para la construcción de un país pacífico y próspero.

España es para mi un lugar cercano y un legado vigente; y lo es porque así me lo enseñaron mis padres y me lo reitero en el alma mi ciudad. Desde niña comprendí ese lazo indestructible que nos une y nos ata; esa cuerda prodigiosa hilada por la lengua, por la sangre y por la fe. Nací en Popayán, mítico sepulcro del Quijote, legendaria Jerusalén de América, amalgama prodigiosa de lealtad e insurrección.

Allí, en mi ciudad fui testigo y participe de la solidaridad de España con nuestra tierra, cuando la naturaleza portentosa que nos constituye se desboca y nos arrasa. Allí estuvo España con la mano tendida después del terremoto de 1983; allí estuvo España con el hombro puesto tras la avalancha del Río Páez en 1994, y allá sigue España solidaria y generosa reedificando nuestros templos, soñando nuestros barrios, rehabilitando nuestras plazas y arañando en los muros el color del pasado en el ejercicio pleno del silencio y la esperanza. Allá en Popayán, en un costado de la Plaza de San Francisco, está la apuesta más grande que hace España por el futuro de nuestros jóvenes pobres y marginados, la Escuela Taller; ese reducto de la fraternidad que restaura al ser humano mediante la dignidad del trabajo.

Así pues, hoy no solo reitero mi agradecimiento por esta exaltación personal, sino que hago eco de la gratitud que Popayán y el Cauca siente por España, por su gobierno, por sus embajadores y sus funcionarios que asumen nuestras necesidades y nuestras iniciativas como suyas.

Esté donde esté, Señor Embajador, España tendrá en mi siempre una agradecida amiga y una incondicional aliada. Gracias por ésta bella distinción que comparto con mi familia y mis amigos, que siempre son mi apoyo y mi entusiasmo.

Gracias, por siempre gracias. Dios los bendiga.