MANUEL CHILI, "CASPICARA"
Viernes 28 de mayo, 2004
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

Entre los notables imagineros latinoamericanos se destaca Manuel Chili, mejor conocido por "Caspicara" (Piel de palo).

Caspicara, Cristo Yacente, Museo Banco Central, Quito.
Manuel nació y murió en Quito (1723?-1796?). Era un pequeño indígena que iba de un lado para otro entre los andamios internos de la iglesia de La Compañía y que de pronto se convirtió en un gran artista.

Los Jesuítas lo tomaron a su cargo y le daban vivienda, comida y un poco de dinero. En ese entonces los talladores no los reconocían como verdaderos artistas. Los padres le ofrecieron preparación en el arte, llegando a tener un mejor dominio de la escultura y la pintura. Y así nació el gran ¡Caspicara!

Trabajaba colgado al techo doce horas al día, causándole fobia las alturas. Debido a ello permanecía largos ratos en silencio y con los ojos cerrados. El Capellán de la iglesia se enfurecía, imaginándose que estaba dormido.

Su fama se extendió y sus obras empezaron a cotizarse en grandes pesos oro. Las iglesias, además de las de Quito, las de Colombia, Perú, Venezuela, gozaban con la majestuosidad de sus cristos, marías y niños dioses. Es tanta la belleza de estas imágenes, que mucha gente les ha dado virtudes milagrosas.

El libro de fray Agustín Moreno Proaño "Caspicara" exhibe más de 90 láminas con fotos a todo color, seleccionadas de la obra de Caspicara. Al admirar cada una de las fotos, no se sabe qué es más extraordinario, si la imaginación del artista o su fisica obra. Hay que pensar que en los tiempos de Caspicara, no había bibliotecas públicas, ni la fotografía digitalizada, ni televisión, ni la masiva información que hay disponible en esta época. ¿Cómo logró el indio Caspicara alcanzar la perfección de su arte?

Veamos lo que dice sobre Caspicara el libro mencionado antes:

"Hombre de raro talento, se formó en uno de los tantos obradores de escultura que había en la ciudad de aquella época y llegó a poseer el arte de manera asombrosa. Sus obras son de acabada perfección y no se sabe que admirar más en ellos: si la meticulosa interpretación de los drapeados de sus estatuas o la justeza de formas anatómicas en sus admirables crucifijos. Es el príncipe de la escultura colonial americana, ya por la bondad absoluta de sus obras, ya por su fecundidad. Descendiente directo de la escuela de talla policroma, no trabajó sino obras religiosas llenas de profundo sentimiento, por lo tanto marcadas con el elegante barroquismo del siglo XVIII. Es de anotar -eso sí- que Caspicara a imitación de los escultores castellanos de los siglos XVI y XVII, hizo de la emoción y del sentimiento el culto de su arte; no hay una sóla imagen de este indio famoso que no lleve en sí, más que la precisión de las formas, la sinceridad verdadera de las más intensas emociones".

"Caspicara fue un gran ejecutante y, a veces, llegó al virtuosismo, tan delicados son los planos ondulantes de algunas de sus estatuas y tan magníficamente hechos ciertos refinamientos de su modelado".

El libro "Arte Ecuatoriano de Siglos XVIII-XIX" de Salvat Editores, contiene el Capítulo llamado "Expansión del Arte Quiteño", que en 21 páginas detalla la propagación del Arte Quiteño hacia Popayán, Bogotá, Cali, Pasto, Buga, ilustrado con 23 fotografias a todo color. Espejo, contemporáneo de Caspicara, en su célebre discurso pronunciado en 1791 decía: "Los Cristos de Caspicara suavizan sus líneas anatómicas, borran las llagas en la medida de lo posible y dejan aparecer una piel suave, demasiado rozagante para el dolor que la imagen pretende demostrar".

"Lo mismo en la miniatura que en la talla de tamaño natural, las suaves líneas de sus imágenes, de morbosos volúmenes, demuestran un espíritu sutilísimo, perfeccionista hasta el exceso, elegante en máximo grado; conocedor además de los poderes de la gubia, de las leyes de la anatomía, de los secretos del encarne y de la policromía".

"Cercanas a la nitidez de la porcelana, sus creaciones son feminoides, ligeras, casi etéreas. Allí está su célebre "Resucitado". Es un cuerpo blando que ha perdido la angustia de la pasión terrena y que está listo a elevarse al infinito; allí sus Niños, generalmente recostados, de carnes gordas y saludables; allí su Virgen del Carmen, delicadísima, cubierta de un manto preciosamente labrado".

El autor del libro "Arte Ecuatoriano", concluye sus comentarios sobre Caspicara diciendo: "En vano buscaría en las obras de este artista algún indicio que delatara su procedencia indígena. Su gusto acrisolado y fino tiende más bien a la preciosidad propia de quienes se han formado en un ambiente de distinción y de cultura".

En la actualidad sus obras no tienen precio y son patrimonio cultural del país y de las personas que las posee.

En Popayán una de las imágenes que se acredita a Caspicara es San Francisco Javier de la Iglesia de San Francisco.

Irónicamente, el admirado maestro Manuel Chili (cuyas fechas de nacimiento y defunción no están acreditadas), murió en la pobreza mayor, abandonado en un hospicio y ¡despreciado por la gente!.

Cordial saludo,