LA DECAPITACION DE POPAYAN 
Lunes 2 de julio, 2001
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

Rodrigo Miranda Cabana nos envía el siguiente artículo escrito por el expresidente Carlos Lemos Simmonds. Agradecemos a Rodrigo la transcripción y su envío.

""" ... La decapitación de Popayán

Nadie viaja ya a respirar la atmósfera de la pequeña ciudad blanca y sabia que fue Popayán. Las peregrinaciones son hoy al Caguán, a desmembrar a la República que forjaron Torres y Caldas, Obando y Mosquera, José Hilario y Albán.

Por CARLOS LEMOS SIMMONDS

Popayán ha sido degradada a la categoría de municipio de cuarta por mandato ministerial. La más gloriosa de las ciudades de Colombia, contra la que no prevalecieron en siglos los vendavales de la guerra, las convulsiones de la naturaleza o los asaltos a la razón, terminó finalmente sitiada por el déficit fiscal.

El desenlace se veía venir. Desde los días fundacionales de la Conquista, Popayán acumuló grandeza en vez de capital. Y ese superávit enorme no es negociable ni se puede endosar. ¿Qué pueden hacer el Concejo o el Alcalde de la ciudad con un saldo impresionante de estadistas y de mártires, de guerreros y de santos, de tribunos y de sabios, de educadores y de bardos, de sacrificios y de hazañas ante las lonjas sin alma del mundo mercantil? Ni la sensibilidad ni la historia tienen cabida ahí. Y Popayán, habituada a manejar solo valores heroicos, no tiene otra cosa que ofrecer.

En ocasión memorable, el Maestro Valencia lo estableció muy bien. En la celebración del Cuarto Centenario, cuando ante los ojos conmovidos de la República y de América las breves y laureadas urnas funerarias desfilaban hacia el Panteón de los Próceres, su destino final, el Poeta hizo el arqueo de caja de la Ciudad Fecunda con elocuente exactitud: "He aquí -exclamó - cuanto queda del tesoro de esste pueblo: ¡cenizas de hombres!" . Y, ciertamente, para una ciudad que no conoce más metal que el bronce, ¿cómo tasar en viles monedas de estaño ese capital? ¿A cuánto se cotizan en los flujos de tesorería y en los balances de los bancos la libertad, el decoro, la sabiduría y la virtud? Como en las cuentas del Gran Capitán, ¿qué valor darles a las campanas que se cuartearon tañendo por los enemigos de la República, o a la cera que se fundió para velar a quienes cayeron peleando contra el despotismo y la esclavitud? Si se coloca sobre la balanza cargada del usurero, ¿qué peso tiene la levedad de un soneto o cómo medir en varas cuadradas al gran poema épico que narra la comunión final entre la justicia y la fe?

En cierto modo era natural que Popayán sucumbiera en la clase de país que tenemos hoy. Nada tiene que hacer la lanza esbelta de Don Quijote frente a las pipetas rechonchas y homicidas del 'mono Jojoy' . Y la coronación que buscan tantos ahora es de coca y no de laurel. El tiempo del heroísmo pasó y fue sustituido por el de la claudicación. Nadie viaja ya a respirar la atmósfera de la pequeña ciudad blanca y sabia que fue Popayán. Las peregrinaciones vergonzosas son al Caguán, a desmembrar a la República que forjaron Torres y Caldas, Obando y Mosquera, José Hilario y Albán. En medio de este océano furioso de ignorancia y de sangre, la figura lírica de Maya o la mística de don Toribio son apenas islotes minúsculos de armonía y de piedad.

A los indígenas, raíz y esencia del Cauca y de Popayán, los han condenado otra vez a la servidumbre de la muerte los siniestros encomenderos de las Farc. Echando a andar hacia atrás los relojes de la historia, como siempre lo suele hacer, la guerrilla intenta convertirlos, a bala, en los sumisos tributarios de don Manuel. A cambio de no morir, tienen que sembrar y cosechar tóxicos para mayor beneficio del nuevo Señor feudal. Los hampones y los zopencos se han hecho cargo del control del país.

En esas condiciones, ¿Popayán qué puede hacer? La ciudad que nunca pide y siempre da, ¿cómo puede cancelar la deuda que contrajo en tantos de sus gestos magnánimos de desprendimiento y de generosidad? No tiene más industria que su Universidad. Diez y siete Presidentes e innumerables ciudadanos ilustres, provenientes de todo el país, estudiaron y se graduaron ahí. Ese es su producto natural. ¿Lo tendrá que pignorar también para sobrevivir?

Pero todo, menos la humillación. Que se lleven los escasos bienes materiales que tenemos y los exhiban como un trofeo los bancos, el Ministerio de Hacienda y el Fondo Monetario Internacional. Nosotros, los que nacimos y nos educamos ahí, nos quedamos con todo lo demás. Y a quienes caigan sobre la "capital del espíritu" (como la calificó Alberto Lleras en una oportunidad) con ánimo rapaz, hay que decirles lo que una vez dijo 'Chancaca' , el músico fabuloso de Popayán que tocaba la flauta como un Dios. Al facineroso que le robó la traversa, que era su único capital, lo miró de frente y le gritó: "Ya te robaste la flauta. Por la música, ¿cuándo volvés?" .

Sí. A Popayán ya le arrebataron en la nomenclatura rentística la categoría que solía tener.

Por el honor y la gloria, ¿cuándo piensan volver? ... """

Cordial saludo,