SANTIAGO CAÑON VALENCIA
Viernes 12 de abril, 2002
De: Mario Pachajoa Burbano

Payaneses musicólogos:

Tenemos un genio de familia payanesa: es nada menos que Santiago Cañón Valencia niño violonchelista de 6 años de edad, que acaba de dar un concierto en la Semana Santa de Popayán. Debutará el próximo 20 de abril, con la filarmónica de Bogotá en el concierto en La menor para violonchelo de Antonio Vivaldi bajo la dirección de Eduardo Carrizosa

Sus padres, Ricardo Cañón (bogotano) estudió clarinete en París y al regresar a Bogotá entró a la orquesta juvenil, en donde conoció a la payanesa Rocío Valencia, hija del Maestro Luis Carlos Valencia Guevara. Se enamoraron y se casaron.Tienen dos hijos: Natalia que acaba de cumplir 11 años, toca el violín, y Santiago quien cumplirá 7 años en mayo, quien es el chelista. Ambos nacieron en Bogotá y sus vacaciones las pasan en Popayán.

Cromos, en su edición del 12 de abril trae un artículo sobre Santiago, del cual hemos entresacado los siguientes párrafos:

""" ... El día que presentó su audición ante los músicos de la Filarmónica de Bogotá, Santiago Cañón Valencia se sentó en una silla tan grande para él, que los pies le quedaron colgando muy lejos del piso. Abrazó el chelo mientras la pianista acompañante tocaba la introducción del Concierto en La menor, de Vivaldi, y los padres temieron que el niño no entraría a tiempo porque parecía distraído mirando una marimba que se encontraba en un rincón de la sala. Pero todo salió bien, y el pequeño de 6 años se ganó el derecho a tocar ese concierto de Vivaldi con la Filarmónica de Bogotá, el sábado 20 de abril a las 4:00 de la tarde en el Auditorio León de Greiff. No será la primera vez que Santiago toque en público. El lunes de Pascua dio un concierto en Popayán y para hacer el viaje exigió empacar en la maleta dos de sus carros de juguete preferidos. Allí se divirtió, les firmó autógrafos a otros niños y aprovechó para aumentar su colección de manillas de cuero. El 13 de abril se presenta en Ibagué, y luego volverá a Bogotá para su concierto con la Filarmónica, la orquesta a la que pertenece su padre, el clarinetista Ricardo Cañón, que no podrá tocar con su hijo porque la obra no incluye un clarinete. Santiago acaba de salir del jardín infantil y en febrero comenzó primero de primaria. Cuando termina las tareas en su casa, este niño de energía inagotable que se para el pelo con gel, sale corriendo a montar en bicicleta, se pide el puesto de arquero en los partidos de fútbol, y juega a muchas cosas con Pablo, su vecino, que está tomando clases de violonchelo para tratar de seguir los pasos de su amiguito. Las horas frente al televisor las divide entre Bob Esponja y Los Castores Cascarrabias, dos de sus series favoritas de dibujos animados, y los videos de violonchelistas que pasan en el canal Classic Arts, sobre todo cuando aparece Yo- Yo Ma, uno de sus ídolos. Hace unos meses, el célebre chelista recibió un video que mostraba a Santigao tocando su instrumento, y conmovido, le envió por correo una fotografía en blanco y negro, dedicada y autografiada: "Para Santiago, mi colega chelista. Mantente disfrutando el chelo y amando la música".

Santiago nació en el agua, y cuando se asomó por primera vez al mundo estaba sonando un concierto de Vivaldi. En casa veía que su hermana Natalia tocaba violín, su padre clarinete y su mamá violonchelo. Además, todos los parientes y amigos que llegaban de visita sacaban sus instrumentos con naturalidad y se ponían a hacer música en conjunto. Por eso no fue raro que Santiago, de menos de dos años, preguntara un día: "Mamá, y la vecina ¿qué toca?". Al niño le costó trabajo creer que la vecina fuera contadora, que alguien en el mundo no se dedicara a la música.

Los padres notaron que el niño tarareaba con buena afinación las melodías que oía en casa y que reconocía en los discos el sonido de muchos instrumentos. Lo vieron coger el violín de su hermana y ponérselo entre las piernas como si se tratara de un violonchelo. Quería aprender a tocar ese instrumento, como su mamá.

En octubre de 1999, con un chelo hecho a su medida, tomó las primeras lecciones con su madre, Rocío Valencia, que le enseñó las posiciones básicas de los dedos y algunos ritmos sencillos. El niño miraba, oía y repetía con sorprendente facilidad todas las indicaciones. Todavía aprende de ese modo, porque sólo más adelante le enseñarán a leer partitura. Cuando empezó las clases con su actual maestro, el polaco Henryk Jan Zarzycki, aprendió en dos meses lo que a un alumno normal le toma, por lo menos, un año de lecciones. Muy pronto Santiago fue capaz de estudiar el Concierto en La menor de Vivaldi, la Allemande de la Primera suite para violonchelo de Bach y otras obras más exigentes. Los padres están llevando con mesura la formación de su hijo, porque saben que los niños prodigios se pueden bloquear en cualquier momento y abandonar su brillante porvenir.

Santiago cumple 7 años el próximo 9 de mayo y quiere de regalo unas timbaletas, porque le fascina la percusión. Es más, si no existiera el violonchelo, dice, le gustaría ser baterista de un grupo de rock. ... """

¡Muchos éxitos Santiago! ¡Felicitaciones a sus ejemplares padres!

Cordial saludo,