EL CACHO Y LA ULTIMA LAGRIMA
Lunes 10 de mayo, 2004
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

Guido Enríquez Ruiz, en la edición de El Liberal del 9 de mayo 2004, publica un interesante y evocador artículo sobre la Calle del Cacho, del cual transcribimos partes del mismo.

Cordial saludo,

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PALABRAS Y GENTES
La Calle del Cacho
Por GUIDO ENRÍQUEZ RUIZ ESPECIAL PARA EL LIBERAL
Transcripción parcial del artículo
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Foto: El Liberal
Con buena dosis de inteligencia y no menos “picardía” se llamó en Popayán, desde los tiempos viejos, El Cacho una calle hoy conocida como la 5ª desde la esquina de la carrera 10 hasta la de la carrera 15. Así se denominó por ser entonces la única curva, semejante a un cacho o asta de ganado bovino.

La calle fue primero el camino que conducía por el occidente hacia el pueblo de El Tambo, algunas haciendas ganaderas, algunas fincas que producían los comestibles vegetales que se traían al mercado, minas de oro, como “Mina tapada”, en las laderas del cerro de Munchique y desde 1848 hacia el Cementerio trasladado al predio de Pandiguando por Decreto de 16 de septiembre de 1846 firmado por el gobernador Pedro Vicente Cárdenas.

A los lados de la calle se fueron edificando viviendas de bahareque, tapial o adobe con techo pajizo a veces y, otras, de tejas de barro. Una de estas casas, la de la esquina norte de la carrera 10, “de buen tamaño”, pertenecía en el siglo XVIII al vizcaíno Miguel de Huegonaga y Salazar, uno de los primeros habitantes del barrio de El Cacho.

Hacia 1786 se comenzó a empedrar la Calle de El Cacho con piedra que se sacaba de el río Cauca según disposición del regidor Francisco Basilio de Angulo, quien hizo cumplir el querer de los ciudadanos contra la oposición de las monjas de la Encarnación, dueños, entonces, de las riberas del Cauca que lindaban con el perímetro de la ciudad. En tiempos más recientes al fin de la Calle de El Cacho y ya para tomar el camino del Cementerio se hallaba una cantina llamada “La última lágrima”, que durante varios años dio nombre al sector correspondiente.

Hace unos años, se hacía en El Cacho una alegre caseta que combinaba conjuntos musicales locales con orquestas foráneas de mucha acogida y que en algunos años se llamó “Cachocumbé”.

La tradicional calle de Popayán vio nacer, entre otros notables personajes, al renombrado botánico Alvaro Fernández Pérez y al distinguido abogado y profesor universitario Germán Fernández, Eustorgio Q. Sarria “Apóstol del Derecho”. En la esquina sur de la carrera 10 y frente a la casa que antiguamente fuera de Martín de Huegonaga se halla hoy la Casa-museo Negret y Museo Latinoamericano de Arte Contemporáneo, en donde vivió el padre del famosísimo escultor Edgar Negret Dueñas y ahora alberga parte de la obra del artista junto a producciones de pintores latinoamericanos de gran prestigio.

El Cacho, con original nombre y simpática trayectoria, es patrimonio histórico de Popayán, y por consiguiente de la Nación.