ELVIO CACERES
Sábado 6 de diciembre, 2003
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

Elvio Cáceres, como lo describe el autor de esta crónica, es un poeta nacido en 1956 en el Barrio Alfonso López de Popayán; cursó su bachillerato nocturno en José Bonilla Carbonell. Ha vivido en San Andrés Islas y ahora es vendedor callejero en Popayán. Leamos a continuación el artículo que ha escrito sobre Elvio,Diógenes Díaz para El Liberal.

Cordial saludo,

***

Elvio Cáceres 
Un poeta venido de la calle 
Por Diógenes Díaz 
Especial para El Liberal 

23 de noviembre de 2003

“La poesía es la expresión, por medio del lenguaje humano traído a su ritmo esencial, del sentido misterioso de los aspectos de la existencia. Y así, ella dota de autenticidad nuestra morada, y constituye la sola tarea espiritual”. La anterior es una afirmación de Mallarmé, en una respuesta dada a una entrevista que concedió a Leo d´Orfer de la revista La Vogue, cuando le preguntaron que para él, que era la poesía.

No se si Elvio Cáceres conozca esta definición que da Mallarmé, o tantas definiciones más, con las que se ha querido definir a la poesía como manifestación de bellas artes que la constituye. Lo que sí me parece –y por lo menos lo muestra en su poesía- es que la poesía, su poesía, es ante todo: esencialidad y temporalidad, como exige Antonio Machado, para que un texto con intención poética, sea poesía.

Pero es claro que el lector desprevenido me interrogue sobre ¿quién es Elvio Cáceres? Pues es un poeta de lo esencial y de lo temporal. Además de físico y místico. Un poeta que carga en su morral de vendedor callejero, en medio de su “plante”; con el que consigue el sustento diario pretendiendo llevar a la casa la dignidad de un plato de comida y los ahorros para pagar los servicios de agua y luz, poemas en hojas ajadas y amarillentas y que también los conserva en el cúmulo de su memoria prodigiosa. Es un poeta natural, dice el también poeta Eduardo Sambony, quien me permitió el acceso a este negro curtido por el sol y la palabra.

Conocer a Elvio Cáceres, es conocer la poesía en su esencia. Y conocerlo en la tertulia de la librería Macondo, en donde Omar Lasso como puente, lo magnifica en el autoservicio del verso cotidiano que Elvio conjuga entre lo que ha visto y lo que su memoria premonitoria planea en los poemas, que rumia como vaca, en antagónica posición por su trabajo de vendedor ambulante que no le da espacio para echarse sobre la panza de su musa.

Pero es que Elvio, el poeta, el ser humilde, el deportista consumado, en si mismo: es un poema: nace en 1956, por lo tanto crece en medio del alboroto de la guerra de Vietnam, el rechazo al imperialismo, el triunfo de la revolución cubana, la moda del marxismo y los héroes guerrilleros, el hippismo y el nadaismo, la marimba, los tira piedra del liceo y de la universidad, los curas que se quitan la sotana y se dejan crecer el pelo, las monjas que le suben al hábito, el fin de la formalidad. ¡Tantas cosas que sucedieron en la década de los sesenta!. Pero también su madre viene de Tumaco, y entonces Elvio vibra con la magia del pacífico y nace en el barrio Alfonso López, lo que lo hace abrirse sin complejos y sin rencor. Después del terremoto se va ha vivir a la Loma de la Virgen, y vive en San Andrés islas, como para recuperar la cosmovisión del mar. Por eso es un poeta natural. En el nada es fortuito. Cuando le pregunto cuales son sus lectura en su formación, me responde sin reticencia: “Leía novelas de vaqueros, Santos el enmascarado de plata, y de pronto a Neruda, Borges y a los nadaistas”. Y es que eso le vasta para ser un buen poeta. Tampoco dice nada -o a lo mejor mucho- en su formación. El haber cursado su bachillerato en el nocturno José María Carbonell.

“Jugar es mi destino 
no debería perder 
tantas partidas. 

Me tendré que resignar 
a la victoria. 

Es mi afán eloidial 
de alcanzar lo magistral 
me aferraré a los trebejos 
cual sin aferrarse a la existencia seré de caissa. 
uno de sus hijos predilectos”.

Es la muestra de su capacidad poética enseñada en Caissa, uno de los poemas que forman su libro “Defensa Indú” que los poetas de Popayán, buscan publicar como un homenaje al colega, al que envidiarían muchos “poetas” surgidos de la academia o los talleres de la burocracia axial de la cultura regional y nacional para quienes no les cabe en la cabeza que una poseía venida de la calle pueda estremecer la contextualización del verso, generalmente dada en la exclusividad de los bordes de las copas con olor a wisky, por el sólo complejo de aparecer con posturas de versados y “cultos”.

“Tu eres camino diminuto de vida 
y eres calle inmensa de regreso. 
Pero yo no me he ido 
porque no estás desfallecida, 
si tú te fueras me iría contigo, 
transportaríamos nuestro sol y nuestra luna 
y en los ojos llevaríamos el color de la lluvia, 
y la luna escribiría nuestro romance... 

Cuando todo pase 
estaremos cogidos de la mano 
¡Oh Popayán mía!”.

Le Canta a Popayán Elvio Cáceres, para mostrar que vive y ama. Y ama a su ciudad, la que lo ve día a día, ofrecer las cosas de su “plante” y la que sabe que dentro de la piel negra de Elvio está un alma inmensa que le canta, así sus gentes se nieguen a escucharlo, por creer que con el guarapo y el frito de Puelenje, no se pueden hacer versos.