PALABRAS DE EDGAR BUSTAMANTE DELGADO
Martes 4 de julio, 2006
De: Mario Pachajoa Burbano

 Amigos:

Edgar Bustamante Delgado pronunció las siguientes palabras en Popayán con ocasión del centenario del nacimiento de su padre el poeta José Ignacio Bustamante.

Nuestros agradecimientos a Edgar por darnos la oportunidad de conocer el texto de sus sentidas y notables palabras.

Cordialmente,

***

Palabras pronunciadas en el centenario de José Ignacio Bustamante
Por: Edgar Bustamante Delgado
Popayán 29 de junio, 2006


Dedico estas palabras a la memoria de Alicia Bustamante Delgado.

Estamos aquí, entre amigos, cien años después de que el fruto de una historia de amor, que conmovió los estamentos de esta ciudad, viera la luz en una apacible aldea del Cauca.

No se pueden entender, ni la vida ni la obra de José Ignacio Bustamante si se soslayan sus orígenes. Vivir la dualidad de muchacho campesino y vástago de dos personas pertenecientes a poderosas familias de Popayán, marcó su actitud ante la vida y cinceló su carácter. Sobre todo en el Popayán de comienzos del siglo XX.

Maese nunca renunció a su madre adoptiva. De sus primeros años en Paniquitá guardó siempre un recuerdo de honda emoción filial. Y a lo largo de toda su vida volcó su amor de hijo en doña Concepción Bustamante, madre elegida por otros, pero madre con mayúscula, que llevó a cabo el encargo recibido con una dedicación y un amor que excedía con creces el compromiso de hacerse cargo de un hijo ajeno. Mi perenne agradecimiento a esta mujer ejemplar, ilustre señora de Paniquitá, llama al viento de los hados del destino.

Un hombre con la sensibilidad de Maese no conocía el rencor. Ese sentimiento no tuvo cabida en su corazón frente a su madre biológica, Mariana Valencia. La quiso con un afecto lejano y herido, pero la quiso. Simplemente, puesto a elegir, escogió a doña Concepción Bustamante como su auténtica madre, en un acto que le honra.

Otra prueba de la nobleza de espíritu de José Ignacio Bustamante la hallamos en su relación con el maestro Valencia. Su admiración por el poeta le llevaría a escribir la “Elegía Innúmera a Guillermo Valencia”, un docto poema apologético. Y sin embargo, cuántas cosas de su drama personal podría haberle reprochado al más ilustre personaje de Popayán.

Hubo intentos de recuperar al hijo perdido, tanto por parte de su padre –desde su voluntario exilio parisino- como de su madre biológica. Pero José Ignacio se mantuvo firme junto a los que consideraba los suyos, junto a los Bustamante. Tampoco para aceptar la herencia de Mariana Valencia dejó de ser Bustamante, y rechazó todos los bienes materiales que pretendieron poner en sus manos.

Sin embargo, no quiero pasar por alto el drama de Mariana Valencia. Una víctima de su tiempo, de su entorno social. Qué tragedia entregar a una desconocida el fruto de sus entrañas, de su amor prohibido pero auténtico al fin y al cabo. Como si hubiera cometido un crimen. Cosas de aquellos tiempos, malos tiempos para la honestidad de los sentimientos y la libertad. Vaya también mi recuerdo para esta abuela desconocida en sus cien años de soledad.

Del abuelo Payán, el señor de París, sólo recuerdo su firma grabada en los billetes de curso legal del Banco del Estado de la época. Pero por haber amado apasionadamente por encima de las convenciones sociales, por haber intentado rescatar al hijo perdido, también le quiero dedicar mi recuerdo en este día.

Como decía Maese, hablando de si mismo, su triunfo fue haber vivido. Esa vida se la dedicó a Popayán. La enseñanza fue su actividad primordial; la Universidad del Cauca, su casa en varias ocasiones. Con empeño quijotesco, sin ayudas de ningún tipo, fue compilando un vasto estudio histórico sobre los poetas de Popayán (Historia de la poesía en Popayán), obra de consulta imprescindible que conoció dos ediciones en vida de Ámese y verá la tercera en 2007.

Un aspecto esencial en la vida de Maeses fue su afición a la tertulia. Cultivó el género con fruición y brillantez. Desde sus grupo de íntimos amigos, tales y como Carlos Arturo Mosquera, Vicente Paredes Pardo, el maestro Amésquita, hasta cenáculos más estrictamente literarios o políticos.

Maese quiso intensamente a sus amigos, y fue ampliamente correspondido. Los Simmonds, los Paredes Pardo, los Aragón, los Cháux, los Zambrano. Esa gran señora de Popayán, la inolvidable Alina Muñoz de Zambrano. Matilde Espinosa de Pérez, diosa de la poesía. Luz y Álvaro Pío Valencia. Benjamín Iragorri Díez, Reinaldo Muñoz Zambrano, Ricardo León Rodríguez y Alice de Rodríguez... Imposible citar a tantos amigos, a quienes quiso y le quisieron. Tanto. Tanto. Sin olvidar a su musa, a su compañera en el tempestuoso camino de la vida: Inés Delgado Constaín.

La vida de Maeses tuvo un triste ocaso. La muerte torva y alevosa de Hugo Bustamante y la destrucción de Popayán vencieron su resistencia. Bajó los brazos y se dejó morir de pena.

A pesar de todos los pesares, quisiera que la imagen de Maeses que permaneciera en nuestra memoria fuera la del poeta culto, el ingenioso conversador, el fiel amigo de sus amigos.

Así será, espero, gracias a este magnífico homenaje que hoy compartimos. En nombre de la familia, mi reconocimiento a las autoridades del departamento, a la alcaldía de Totoró, a la Universidad del Cauca, a la Asociación Caucana de Escritores, que han hecho posible este acto. Y mi expreso reconocimiento a Guillermo Alberto González, que ha hecho suyo este centenario, poniéndole un empeño y un eficaz interés, que agradezco de todo corazón.

Y por supuesto, querido Otto Morales Benítez, ¿qué otra cosa se podía esperar de ti que tu presencia en esta celebración? Maeses te admiraba sin reservas y recurría a ti en los momentos críticos de la vida. Siempre te encontró, siempre. Con la mano tendida, con el afecto por delante, con el éxito de cualquier gestión garantizado de antemano. Querido Otto: gracias por tu presencia, muchas gracias.

En nombre de la familia, mi reconocimiento a todos los asistentes por asistir a este emotivo evento. Muchas gracias a todos.


Popayán, 29 de junio de 2006