RECORDANDO A PAYE
Domingo 7 de mayo, 2006
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos:

Edgar Bustamante Delgado se refiere en su escrito a la memoria de Paye, Carmen Paredes Pardo, teniendo en cuenta que una obra teatral creada por Guillermo Borrero Aragón le recuerda la entrañable figura de Paye. Esta obra titulada "A la Sombra del Volcán" se presentará los días 11 y 12 de este mes en Cali y el 13 en Popayán.

Cordialmente,

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Recordando a Paye
Por Edgar Bustamante Delgado
Barcelona, España, mayo, 2006


Hoy, en mi ausencia -física pero no espiritual- una pieza de teatro recuerda la entrañable figura de Paye (Carmen Paredes Pardo, para los no iniciados). Guillermo Borrero es el culpable de esta exhumación. Y se volverán a oír los pasos de Paye midiendo, lánguidamente, las calles de Popayán. Y volveremos a escuchar su voz quebrada, como el fino cristal que se rompe mil veces, en los brindis por la poesía y por la vida.

Quienes brindábamos con la vieja dama éramos, entonces, dos muchachos provincianos (el hijo de Carmenza, el hijo de Maese) que teníamos los ojos muy abiertos y soñábamos con ciudades lejanas, con grandes espacios propicios al progreso humano e intelectual.

La enorme escalera de la casa de los Paredes que ascendía hasta el corredor del segundo piso, donde Carmen -rodeada de recortes de periódico pegados en la pared- se sentaba en un sillón con las piernas encaramadas en la barandilla, era un camino hacia una cierta libertad, hacia un incomprensible aliento que su figura, estática, nos proporcionaba. Tal vez el contraste de su quietud, de su "y yo aquí", nos hacía crecer las alas y los deseos de expansión.

Viajera inmóvil, viajera del espíritu, hizo suyo el poema de Kavafis:

"No hallarás nuevas tierras, no hallarás otros mares. La ciudad te seguirá. Viajarás por las mismas calles. Y en los mismos barrios te harás viejo; y entre las mismas paredes irás encaneciendo. Siempre llegarás a esta ciudad. Para otra tierra -no lo esperes- no tienes barco, no hay camino".

¿De qué hablábamos con Paye? De literatura, de arte, de historias inventadas por ella. De viajes que nunca realizó pero recordaba con exactitud. De antiguos amores que conformaba con recortes de periódico y con retazos de vidas ajenas que cosía con primor en su colcha de sueños. Todo al calor de la amistad, de buen brandy español y de canciones de Atahualpa Yupanqui. Paye se nos fue, tras una infernal escala, -¿necesaria?- en el manicomio. Cambió la sombra del Puracé por la del Galeras. "Bajo el volcán", su sino, como el cónsul dipsómano de la novela de Malcolm Lowry.

Aquellos muchachos provincianos que disfrutaban de Paye y sus historias, dejaron -hace muchos años- la ciudad de los pasos perdidos. Hoy regresan, encarnados en esta obra de teatro, cuyo estreno estará presidido por una figura esbelta y distinguida que vagará entre el público, el escenario y los camerinos, proyectando su sombra alargada y bienhechora. Tal vez deje caer a su paso un pañuelo blanco con un poema escrito con sangre y ceniza.

Edgár