MEMORIAS DE BOUSSINGAULT (1802-1887)
Sábado 23 de febrero, 2002
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

Jean Baptiste Joseph Dieudonn Boussingault, naturalista y científico, (nació en París el 2 de febrero de 1802 y murió en la misma ciudad el 11 de mayo de 1887), después de recorrer la antigua Nueva Granada, desde el 22 de noviembre de 1821 al 11 de julio de 1832 escribió en el ocaso de su vida "Sus Memorias". En su segundo tomo se refiere a la visita de mes y medio a Popayán y sus alrededores, incluyendo el Volcán Puracé, La Tetilla, Sotará, el General Obando, el Obispo, las ñapangas, terremotos, etc., etc. Las Memorias, dice Germán Carrera Damas, quien fue embajador de Venezuela en Colombia, "han sido objeto de un generalizado rechazo y hasta de una prejuicidad condena que, como todas las condenas prejuiciadas, terminó en el fuego no tanto con el propósito de borrar la falta del condenado como con el de borrar la culpa de quien ordenó encender la hoguera, pues un triste momento hubo cuando parte de esta obra fue arrojada al incinerador".

De esta obra hemos tomado los siguientes párrafos:

""" ... Popayán me hizo el efecto de una ciudad muerta y contaba en ese entonces con 4.000 almas. Me alojé en donde un viejo original, Manuel Varela, a quien iba recomendado; allí dormí la primera noche. Al día siguiente me apresuré a buscar habitación distante, me desagradaba dormir en la misma alcoba donde lo hacía Varela, a quien una negra friccionaba continuamente para calmarle los dolores reumáticos. Continué tomando mis alimentos en casa de estas buenas personas, pero me alojé en una casa grande, cuyo único habitante era una pobre señora muy enferma, cuidada por una negra que jamás dejaba de persignarse cuando me veía, por temor a la presencia de un hereje. Una mulata joven, de la familia Varela, se había venido a esta casa, en su calidad de sirvienta para atenderme.

Los habitantes de Popayán, generalmente instruidos, tienen un barniz de pedantería, son presumidos; se pretende que Don Quijote de la Mancha se halla enterrado en el centro de la inmensa plaza mayor, invadida por la hierba y rodeada de casas de dos pisos. Esta ciudad es sede episcopal y tiene edificios notables, entre los cuales están la catedral, construida por los jesuitas, como todas las catedrales de la América meridional, cuatro conventos, dos de monjas, y el monasterio de San Francisco, en donde hay una biblioteca de 5.000 volúmenes. (Altitud 1.809 metros, temperatura 18,9°). Dos estaciones lluviosas, de marzo a mayo y de octubre a diciembre.

¡Popayán es, se asegura, la tierra del rayo! Cada año mueren varias personas por su causa; allí, como lo he observado varias veces en diferentes puntos de las cordilleras, las nubes se acumulan en las mañanas a lo largo de la cadena de montañas que domina la planicie y se hacen más densas al tiempo que bajan a un cierto nivel; comienza entonces la lluvia y el trueno: es la tempestad que estalla generalmente después del paso del sol por el meridiano.

Yo pasaba agradablemente mi tiempo: el clima de Popayán es delicioso con una temperatura permanente de 18° a 19°, mi instalación era conveniente y cuando regresaba en las noches, mi sirvienta me hacía la cama que consistía en una hamaca cubierta por un cuero de oveja; mi mobiliario, increíblemente sencillo, consistía en una mesa coja, un platón y una jarra de barro cocido, una silla y un canapé en cuero de Córdoba.

Para escapar de las pulgas, flagelo de Popayán, mi negro Vicente me tomaba en sus brazos y me instalaba en la hamaca y una vez acostado, me quitaba las botas de montar que yo mantenía puestas de la mañana hasta la noche, por la siguiente razón: la cantidad de pulgas que existen en las habitaciones es aterradora. Imagino que lo que favorece la reproducción, independientemente del clima, es el modo como enladrillan los pisos: colocan los ladrillos uno cerca del otro sin unirlos, de manera que las pulgas viven y se multiplican en el polvo que llena los intersticios. Para mi sorpresa, estas pulgas pequeñas y planas, no saltaban, sino marchaban. ¿Quiere esto decir que es una especie diferente o serán pulgas ordinarias, debilitadas por una alimentación insuficiente? Desde luego, cuando encuentran un cristiano, lo devoran. No pueden subir por una superficie vertical y lisa, lo que explica el uso de mis botas de montar.

Los popayanejos no parecen ser muy sensibles a las picaduras de estos insectos; por ejemplo, Juana tenía el cuerpo lleno de picaduras. Mi negro primero se enfureció con las pulgas, porque no lo dejaron dormir durante varias noches y luego ya se acostumbró a ellas. He notado esta particularidad porque la he comprobado por mí mismo. Para demostrar el color sanguinolento que toma la ropa interior de un hombre atacado por las pulgas, es suficiente contar que el señor Mollien, cónsul general de Francia en Colombia, llevó como curiosidad a París, una camisa que había tenido puesta en Popayán. ... """"

Cordial saludo,