SEAMOS AMIGOS, TOMÉMONOS UN TINTO
sábado 3 de julio, 2004
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

Aixa Jimémez, payanesa, hace unos dias mientras estaba en una comida, los amigos de lo ajeno se le entraron a su apartamento en Cali y se le llevaron el computador, impresora, teléfono, etc. Aixa es escritora y poeta y el PC era su herramienta principal y su archivo. Afortunadamente el artículo que incluimos hoy nos lo envió antes del desastre. Mientras tanto Aixa está escribiendo en un Café Internet.

Le deseamos a Aixa mucha suerte y que se recupere pronto.

Cordial saludo,

***
“SEAMOS AMIGOS
TOMÉMONOS UN TINTO”

Por AIXA.


Tal vez esta frase se la inventó un publicista para apoyar una campaña del café. Tal vez la dijo alguien en un momento de alegría, en medio de una franca sonrisa. O tal vez la dijo un solitario, que intentó ganar alguna amistad, algún consuelo, o algún amor (que también puede producir un buen tinto, muy largo...., de caliente a.... helado).

De todas maneras, quien la haya acomodado le hizo un gran favor, no sólo a Colombia, sino también a la humanidad, cuando toda ella sepa, claro está, lo que es un tinto para los colombianos.

Sin embargo, hoy mucha gente utiliza esta frase encantadora y profunda, para invitar a alguien en un momento fugaz a hablar de algo que dura, mientras dura el tinto. El tinto son tres sorbos de café metidos en un pocillo de cinco centímetros de alto, por un diámetro de cuatro. Es lo más popular en Colombia, se sirve en todas partes de la geografía nacional. A unos les gusta espeso, a otros medio, a otros, clarito. Pero cientos de miles de millones de tintos se han servido en Colombia, en sesenta y dos años, lo que ha durado esta guerra interna bruta.

Qué increíble, verdad? ...¡seamos amigos, tomémonos un tinto!

Y con todos esos miles de millones de tinticos que juntos nos hemos tomado en este exótico país, no hemos podido hacernos amigos, de verdad. Todos los días, sin faltar uno, los hombres de este trozo de corteza terrestre se matan entre sí, en la forma más vil, más cínica, más irrespetuosa con la patria donde nacieron, con la patria que fruto y agua les dio durante todas sus existencias.

Aquí, a muchas personas no les da pena, ni les remuerde un poco la conciencia, ni se sonrojan ante la vida, cuando se les antoja mandar a matar a otro, o a otros, así se haya tomado un tinto con él, o con ellos, hace poco. Es aquí cuando esta frase se resquebraja, pierde su magia, su tersura. Pero, en general, sólo en general, cuando uno invita a tomar un tinto a alguien, lo hace con el afán de hacer una amistad, de conversar sosegadamente, con amplitud. Un tinto relaja, un tinto invita a la confianza, al savuafer de los franceses (escrito en colombiano de Cali), al á vontade de los brasileros. Cosas así.

Hace poco una señora estaba haciendo una larga cola como yo, en un Banco. Nos despacharon simultáneamente, y ya afuera, al verla que caminaba rumbo al paradero de buses, desde la ventanilla de mi carro le dije: “Seamos amigas, tomémonos un tinto”. Ella aceptó y se subió de copiloto.

Durante el trayecto se recostó perezosamente en el asiento, suspiró varias veces, y noté que descansaba, que como que se quitaba un gran peso de encima. Ya en la Cafetería, sí, pedimos tinto, yo, express, ella, termino medio.

Mariela es pecosa, alta y delgada. Por su edad perdió el reciente empleo, y tiene un hijo que trabaja y estudia en los Estados Unidos. Ella le envía algún dinero para que él ahorre, y él de vez en cuando le envía unos dólares, para que ella ahorre. Y en esas se la pasan. Ella cose lencería, borda y teje. Es de partido centro-un poco a la derecha, y otro poco a la izquierda, y cada que puede se mete un poquito en política, sin esperar nada a cambio. Tiene un novio recién adquirido que es un portero de un cinema, mucho más joven que ella, pero que la quiere y la mima como hacía más de veinte años que nadie lo hacía. Van a Pance los domingos, a caminar, a comer sancocho de gallina, y a darse un chapuzoncito en el río, llamado el brazo de mar de los caleños. Mariela es joven de corazón, está llena de ternura para sus tres hijos, para su novio, para su familia y para todos aquellos que le permitan demostrar cuán adorable es. No es nadie espectacular, pero tiene una mirada sincera, sus manos se mueven con suavidad al hablar y sabe gesticular acertadamente cuando describe una complicada receta de cocina, que con mucho gusto comparte conmigo.

La tarde se ha acabado hace rato y nosotras seguimos hablando y tomando tinto, ya con pandebonos. Tinto con pandebono no se usa sino en Cali; es una herejía para los más finos tintómanos del Café de los Turcos, o de la Aragonesa, o de La Sultana, pero Mariela y yo estamos a decenas de cuadras de ellos, y quiero creer que nadie les irá con el chisme.

El universo de Mariela, que adora el rock y los anillos de oro viejo, que vé con pasión las telenovelas de Caracol, y tiene como mascota a un gato que se las sabe todas, me fue revelado a través de un tinto. Y mientras ella sonreía con picardía mientras hablaba de los novios gemelos que les tocaron a sus hijas, yo iba dejando muy atrás las iras de aquel día, causadas por los altos costos de mi recibo de teléfono fijo, de el agua amarillosa que sale por los grifos de mi casa, de la energía, cuyas conexiones arcaicas me dejan a oscuras cuando cae un gota de lluvia y también, por la maldita costumbre que tienen los bancos de atender a los mensajeros de mil cuentas, en medio de una larguísima fila de usuarios llenos de afán.

Me gané una amiga, jovial y divertida, que tiene tiempo de sobra para tomarse un tinto conmigo y escuchar mis cuitas de amores y dineros esquivos. Creo que mi amistad con Mariela será eterna y estoy segura que nunca se me ocurrirá atentar contra ella, o a ella contra mi. Las dos le encontramos el misterio al tinto, e hicimos de él, un amigo ineludible. Como deberían hacerlo todos los colombianos, los inteligentes y los no inteligentes. Mas allá de un tinto, maravillosos universos se pueden abrir como una orquídea, para quienes sepan advertirlos, y disfrutarlos.

Caray, ¿por qué no vamos a tomarnos un tintico entre todos, de ese café que tenemos que es un privilegio concedido por los dioses, y de una vez y para siempre nos hacemos.... hermanos de patria de verdad?