MANUEL MARIA ASTUDILLO
Martes 20 de mayo, 2003
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

Manuel Maria Astudillo insigne poeta quilichagüeño, reaparece su recuerdo en el artículo de Guido Enríquez Ruiz.

Cordial saludo,

***

Palabras y gentes
Ciento diez años del poeta Manuel María Astudillo
Por Guido Enríquez Ruiz.

El Liberal
18 de mayo, 2003

En este año cumple ciento diez años el poeta Manuel María Astudillo. “¿Qué misteriosa ansiedad, decía Laurentino Quintana, lo hizo agarrarse a la locura como una tabla flotante del bajel destrozado?” Porque tal vez ninguno en Popayán reprodujo mejor la bohemia de los poetas malditos como este quilichagüeño que había nacido en 1893 y se fue a la inmortalidad en 1934.

Admiraban sus contemporáneos la facilidad que tenía para musicalizar y matizar los versos como si fuese un seguidor de quienes en la Francia del fin del siglo XIX buscaban “la audición coloreada” y “el poema que fuese sinfonía”.

Pero Astudillo tenía un ruiseñor en su espíritu y así “el canto de la dulce filornela” fluía en él espontáneamente como ocurriera en Virgilio Marón o en Juan de Yepes y Alvarez.

En la época que vivió Astudillo todos por acá admiraban a José Asunción Silva, Guillermo Valencia, Julio Flórez y Ricardo Nieto amén de algunos románticos españoles como el celebérrimo Bécquer y aun a poetas ingleses traducidos por César Conto y a franceses vertidos al español por Miguel Antonio Caro y hasta a “poetas menores” cuyos versos se recitaban tanto en los salones elegantes, en las tertulias, y en las reuniones festivas como en las cantinas y casas de diversión popular.

En el Popayán viejo, los trabajadores y artesanos, mientras hacían sus faenas, recitaban hermosos poemas principalmente de tipo romántico.

Astudillo, pues, vivió una época que hizo decir a un popayanejo ingenioso, cuando habló para recibir al lírico español Francisco Villaespesa: “doce mil poetas os saludan”; por eso y porque tenía un talento especial decía el citado Quintana que “se oía en su interior una orquestación”.

Fue también el quilichagüeño crítico y periodista ocasional ya que su profesión fue la odontología.

Publicó un solo poemario, “Aristas”, al que, como entonces se usaba, le puso un soneto por prólogo:

“ Este libro es un vaso de tristeza
que a fuerza de dolor se hizo armonía;
ofrenda juvenil, ofrenda mía:
arista de mi única riqueza.

Mas tiene, sin embargo, tal pureza
de juventud su vaga melodía,
que al quebrarlo, oh hermanos! se diría
un prisma contagiado de Belleza !

El es como el prodigio de la rosas;
tocado del misterio de las cosas;
ungido con la gracia del perfume...

Deslíe la nostalgia de un lucero,
y es como un angustioso pebetero
donde una flor sangrienta se consume”.

A Popayán y a Santander de Quilichao dedicó hermosos poemas en los que exalta sus valores, su paisaje y su espíritu. Tradujo también a algunos poetas franceses especialmente a Sully Prudhome a quien admiraba extraordinariamente. Varias honrosas distinciones aprestigiaron el aprecio que se tenía de su obra.

Cuando se colocó en el Hospital de Popayán el retrato de Toribio Maya, “el apóstol de la caridad”, Astudillo solemnizó el acto con un hermoso discurso de corte
simbolista.

Mario Carvajal dijo de la poesía de Manuel María Astudillo: “Esta música indefinible, que siendo verbal se nos antoja a veces ajena al ritmo externo, es lo que, a nuestro modo de ver y de sentir, da la mayor y aún, en ciertos momentos, única cifra de belleza en la poesía de Astudillo”.

Algo que también hubiera podido decirse de Edmond Haraucourt, de Guy de Maupassant, del propio Mallarmé y de muchos del simbolismo Francés.