MANUEL JOSE MOSQUERA Y ARBOLEDA
Jueves 4 de diciembre, 2003
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

Federico Roa Arboleda al enviar a nuestros lectores un cordial saludo de navidad, incluye apartes de la biografía del arzobispoManuel José Mosquera, escrita recientemente por el payanésAlvaro José Dueñas, pariente del arzobispo Mosquera, cuyos restos reposan en el costado oriental de la capilla Santa Isabel de Hungría en la basílica menor de Bogotá. Quienes deseen leer el artículo completo lo encontrarán en la dirección <elcolombiano.com.co>.

El arzobispo falleció hace ciento cincuenta años en la ciudad de Marsella, Francia, cuando se dirigía a la Santa Sede.

Nuestros agradecimientos a Federico.

Cordial saludo,

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El Arzobispo Mosquera 
(1800 - 1853) 
Por: Alvaro José Dueñas. 

<alvaroduenas@cavelier.com>

El próximo 10 de diciembre se conmemoran los 150 años de la muerte del ilustrísimo y reverendísimo señor doctor Manuel José Mosquera, dignísimo arzobispo de la Arquidiócesis de Santafé de Bogotá, insigne confesor de la fe y mártir, injustamente desterrado en 1852 durante el gobierno del general José Hilario López, al haber defendido la libertad e independencia de la Iglesia en época de la República de la Nueva Granada.

Manuel José Mosquera, segundo de dos hermanos gemelos, nació el 11 de abril de 1800 en la provincia colonial de Popayán en el antiguo virreinato del nuevo Reino de Granada, gobernado bajo las Leyes de Indias durante el reinado de Carlos IV.

Fueron sus padres don José María Mosquera, colegial de Nuestra Señora del Rosario, quien ejerció en la provincia de Popayán donde nació los cargos de regidor, alcalde ordinario, síndico procurador y gobernador, y doña María Manuela Arboleda, quien había pedido con fervor que el Señor le diera un hijo sacerdote.

En el Colegio Seminario de San Francisco de Popayán, el joven Manuel José cursó humanidades, latinidad y filosofía, recibiendo la primera tonsura y las cuatro órdenes menores en 1819. En el Colegio Mayor, Real y Seminario de San Luis de Quito cursó teología, literatura y filosofía, recibiendo en 1820 el grado de bachiller. En la Universidad de Santo Tomás de Aquino de la misma ciudad estudió derecho canónico y civil hasta obtener en 1823 los grados de bachiller, licenciado y doctor en sagrados cánones; ese mismo año recibió las órdenes sacerdotales con los permisos necesarios para predicar, confesar y celebrar misa, recibiendo poco después las cuatro facultades extraordinarias. 

En 1834 el Congreso de la Nueva Granada, en ejercicio de la Ley de Patronato, eligió al reverendo doctor Mosquera para llenar la vacante que había sobrevenido con la muerte en 1832 del arzobispo Caycedo y Flórez; ese mismo año después de haber hecho el juramento civil, cuando a sus 34 años desempeñaba con brillo el cargo de Rector de la Universidad del Cauca, fue aceptado y preconizado arzobispo de Santafé de Bogotá por Su Santidad Gregorio XVI. 

Después del juramento canónico, y de haber recibido su consagración episcopal en la iglesia de San Francisco de Popayán, partió de esta provincia el 31 de agosto haciendo su entrada a la capital de la República el 21 de septiembre de 1835, para posesionarse como el vigésimo séptimo arzobispo de la Arquidiócesis de Santafé de Bogotá. 

Las múltiples actividades desarrolladas por el arzobispo Mosquera durante sus 18 años de pontificado se centraban en la enseñanza de la doctrina cristiana, la defensa de la fe y de la moral, siendo sus principales desvelos la formación y disciplina del clero, y la educación de la niñez y de la juventud. 

Acusado por la Cámara de Representantes ante el Senado por desobedecer las leyes civiles que eran contrarias a la ley canónica, fue juzgado y sentenciado al destierro de la Nueva Granada el 27 de mayo de 1852. 

Saliendo en un largo viaje de 18 meses, falleció en Marsella, Francia el 10 de diciembre de 1853, dos días antes de seguir hacia Roma atendiendo el llamado de Su Santidad Pío IX, quien lo esperaba en la Santa Sede para abrazarle y colmarle de felicitaciones por sus merecimientos en defensa de la libertad e independencia de la Iglesia. 

El sacrificio del arzobispo Mosquera nos habrá de servir a todos los colombianos de símbolo de reconciliación nacional, al reflexionar por estos días sobre este importante acontecimiento.