MANUEL ANTONIO ARBOLEDA
(1870 - 1923)
Por: Guillermo Alberto González Mosquera
De: Mario Pachajoa Burbano

Buena parte de la reconocida influencia de Popayán en la vida nacional debe ser analizada por su significación como centro del poder eclesiástico, dentro de una vasta zona de la geografía colombiana y por un período sólo equiparable al que ha tenido la Arquidiócesis de Bogotá. Primero el Obispado y luego, a finales del siglo XIX con la erección de la Sede Episcopal al Arzobispado, dieron a la ciudad una categoría especial que se reflejó en múltiples aspectos de la vida ciudadana. El segundo Arzobispo y el primero oriundo de la ciudad fue Monseñor Manuel Antonio Arboleda, quien accedió a esta alta dignidad a la temprana edad de 37 años. Tenía suficientes calidades espirituales y una preparación académica sobresaliente, lo que hizo de su gobierno eclesiástico uno de los más certeros en la historia de la Iglesia caucana.

Perteneciente a una distinguida familia payanesa, se había formado en la comunidad Lazarista, que por muchos años ha regido el Seminario de Popayán, indudablemente la casa de estudios con mayor grado de influencia en la historia local. Monseñor Arboleda dirigió como Rector la antigua y prestigiosa institución y participó en la formación no sólo de sacerdotes, sino de numerosos ciudadanos que luego habrían de destacarse en la vida nacional y comarcana. Era un prelado que tenía una bien ganada fama de hombre culto, conocedor de idiomas como el griego, el latín, el inglés y el francés, además de varios dialectos indígenas. Era apasionado por las ciencias naturales y conocía de astronomía y geodesia. Tenía relación cercana con la Santa Sede y gozó de la confianza de Pontífices como Benedicto XV, quien le confirió el título de Prelado Doméstico Asistente al Solio Pontificio y como San Pío X a quien hizo entrega de las conclusiones de la Conferencia Episcopal colombiana en audiencia especial. Entre los prelados de su época era respetado por sus colegas, pues conocía bien la curia romana y se desenvolvía holgadamente en la Europa de su tiempo.

Se preocupó por el embellecimiento de los templos de la ciudad, especialmente por la catedral metropolitana y se recuerda que fue él quien trajo el órgano importado de Francia. Murió en la población de Dagua, en el camino al puerto de Buenaventura en el año de 1923. Su sepulcro se encuentra en la Basílica Catedral de Popayán.