ANGUSTIA EN SEVILLA
Sábado 22 de abril 2000
De: Mario Pachajoa Burbano

Payaneses ilustres:

Al amanecer del Viernes Santo se vivieron horas de aungustia en las calles de Sevilla ante las majestuosas e impresionantes imágenes de la Semana Santa sevillana. Transcribimos del diario español ABC los inolvidables minutos que pudieron desembocar en tragedia.

La descoordinación entre Policía Nacional y Local pudo provocar una tragedia en Sevilla ABC

Eran casi las seis de la mañana del Viernes Santo. Las cofradías de «Madrugá» realizaban sus estaciones de penitencia según el itinerario previsto. Unas seiscientas mil personas, según datos oficiales, copaban la carrera oficial de los pasos y las calles de los alrededores para contemplar las cofradías cuando algo inesperado rompió el bullicio normal de la «Madrugá»: sin razón aparente grupos de personas comienzan a correr por la Plaza del Duque, alarmados, sin una dirección fija. Aunque en principio parece calmarse, una segunda estampida provoca el caos. Los grupos se hacen cada vez mayores al igual que los gritos. Cunde el pánico, la gente y los nazarenos huyen despavoridos, pero no pueden salir del centro. Las sillas en Campana y Sierpes, los pasos y la muchedumbre impedían el paso. Pero la avalancha de gente por distintos puntos del centro. Los gritos de la muchedumbre repetían los rumores que hicieron saltar la alarma: tiene una pistola, fuego, tiene un cuchillo, una explosión, hay heridos de bala y he visto volar las alcantarillas. Todo esto no tenía un origen ni una causa concreta.

SITUACIÓN DE LAS COFRADÍAS

La avalancha se produjo en el momento de la «Madrugá» en el que se concentra un mayor número de cofradías por las calles del Centro de la ciudad. La Hermandad del Silencio se vio sorprendida a las cinco y media de la madrugada cuando su paso de palio se encontraba a escasos metros de su entrada en la iglesia de San Antonio Abad, muy cerca de la Campana. La multitud que llegaba por la calle Alfonso XII y que iba cayendo en efecto dominó llegó a desplazar el paso de la Virgen de la Concepción, que entró a gran velocidad en su templo. A esa hora, el Señor del Gran Poder se encontraba en la calle Gravina mientras que el palio de la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso avanzaba por la calle Zaragoza. En la calle Gravina, los nazarenos pudieron sentir cómo el suelo temblaba bajo sus pies, los monaguillos que iban delante del paso llegaron a comentar que la sensación era como si estuvieran andando sobre el túnel de un tren. La Hermandad de la Macarena se encontraba en la calle Cuna y al aparecer los primeros signos de la avalancha, los costaleros del paso de la Sentencia se salieron del paso para meter dentro de él a los pequeños que estaban alrededor y evitar, de esta manera, que fueran arrastrados por la muchedumbre. Otro de los incidentes de esta hermandad fue la rotura del banderín de la Juventud, cuyo asta es de plata y entró en la Basílica de la Macarena roto. Los músicos de la banda infantil de la Centuria estuvieron tirados por los suelos.

DESCONTROL

El paso del Santísimo Cristo de las Tres Caídas había realizado la entrada en Campana y el palio de la Esperanza de Triana avanzaba lentamente por O'Donnell. Eran sobre las cinco y media de la mañana cuando desde la calle Alfonso XII empezó a llegar un ruido enorme y personas corriendo, que hicieron que saltaran las vallas. Fue entonces cuando la Policía comenzó a tratar de encontrar el origen del pánico despavorido. En Campana sucedió de todo, desde personas que se caían al suelo, hasta las que lloraban sin poder reaccionar. Y eso mismo ocurrió en la zona Magdalena-Rioja, e Imagen y Sor Ángela. En los palcos, la gente derriba algunas vallas y se saltan las sillas. Hubo que atender a varias personas con crisis de ansiedad y contusiones leves. La Hermandad de Los Gitanos llegaba por la calle Imagen, cuando las personas comenzaron a huir despavoridas. El Señor de la Salud, que se ncontraba en la esquina con la calle Orfila, se quedó prácticamente solo. Incluso un nazareno que portaba un guión atravesó corriendo la Campana para avisar a la cruz de guía de lo que pasaba. Por contra, el paso de palio, que se encontraba en la estrecha calle Sor Ángela, se encontró con una avalancha de cientos de personas en dirección contraria, que amenazó con convertir aquel punto n una ratonera, por lo que el propio hermano mayor de esta hermandad, que vive en esta zona, tuvo que abrir las puertas de su casa, donde se resguardaron decenas de personas.

DESCONCIERTO

Mientras se sucedían todos estos incidentes, que se produjeron entre las cinco y media y las seis y cuarto de la madrugada, el desconcierto y la descoordinación entre las distintas fuerzas de seguridad fue evidente, con carreras de un lado para otro de policías que eran incapaces de ofrecer a los ciudadanos información de lo que estaba sucediendo y de cómo debían actuar. El propio delegado de Seguridad Ciudadana del Ayuntamiento, José Gallardo, llegó a decir a las seis y media de la mañana en varias emisoras de radio que se trataba de la explosión de una tubería en la calle Jesús de la Vera Cruz, hecho que fue desmentido por la propia Empresa Municipal de Aguas (Emasesa) posteriormente.

IMAGEN DE DEVASTACIÓN

Tras las avalanchas, la imagen del centro de la ciudad era propia de una tragedia. En la calles, sillas rotas, decenas de motos que habían estado aparcadas y que aparecieron tiradas por la multitud, zapatos sueltos, mochilas e incluso prendas de vestir y máquinas de refrescos volcadas por la marea humana. Algunos nazarenos con cirios e incluso con sus cruces de madera rotas deambulaban sin rumbo fijo. Poco a poco los establecimientos de la zona comenzaron a abrir sus rejas, donde se habían refugiado los primeros en llegar, y de ellos salían personas llorando, con ataques de histeria. Unos buscaban a familiares o amigos que habían perdido en la bulla, otros caminaban sin hablar con la vista fija en el infinito. Muchos llamaban por sus teléfonos móviles —se llegaron a colapsar— o preguntaban a todo el que veían con una radio en la oreja. Y la pregunta era la misma «¿qué ha pasado?»

Cordial saludo,