LUZ AMEZQUITA RESTREPO
Jueves 11 de julio, 2002
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos payaneses:

Margot Valencia de Prada ha tenido la fineza de enviarnos el siguiente artículo publicado por El Liberal sobre Luz Amézquita Restrepo. Transcribimos parte del artículo con nuestros agradecimientos para Margot. Cordial saludo,

Doña Luz, la concejal número 18
Por Ricardo Rodríguez
El Liberal

Sentada en su escritorio, como hace 35 años y más, todavía recuerda el primer día de trabajo como Oficial Mayor. Era entonces una jovencita, que lo único que sabía del Concejo Municipal se lo había escuchado a su abuelo, el Concejal Vitalicio y Comandante del Batallón Junín, Don José Restrepo.

Luz Amézquita Restrepo, o Doña Luz, como todo el mundo la conoce, tuvo que trabajar en aquella ocasión hasta las 3 de la mañana y atinaba a preguntar al Secretario de la Corporación, Don Raimundo Ballesteros, si todos los días serían iguales. "Me impactó mucho la solemnidad del salón de sesiones, sus óleos antiguos, el esplendor de sus instalaciones y la brillantez y seriedad de los concejales".

Hoy, 35 años después en el cargo de Secretaria y sin imaginarse que iba a estar tanto tiempo, sabe que el Concejo Municipal hace parte de su vida y gracias Dios y a él se ha hecho querer y conocer.

Ver, oír y callar

"El Concejo es mi hogar, los concejales siempre han sido muy queridos conmigo, la verdad es que no me imagino un minuto de la vida sin estar aquí".

Su hermana se ha convertido en los últimos años en eje fundamental de su vida. Es la que le dice como si fuera nueva en el cargo que llegue puntual, sea leal y haga las cosas de la mejor manera.

Ver, oír y callar, son las palabras que escucha cada mañana antes de salir para su oficina.

El secreto de Doña Luz para estar 35 años y más, en el mismo trabajo, radica en que hace de cada día algo diferente y que siente que el trabajo debe ir en beneficio de su ciudad, a la que quiere y respeta mucho.

"Obviamente a veces se presentan situaciones muy duras, ante las cuales uno piensa en tirar la toalla. Alguna vez sucedió, quise dejarlo todo pero alguien, que quizás cuando esté leyendo se acuerde, me dijo: ¡ánimo! y eso me dio coraje para continuar".

Fe y convicciones

Patoja de pura sepa, católica, apostólica y colombiana, como ella misma se define, Doña Luz nació del hogar conformado entre Don Marco Aurelio Amézquita y Doña Ana Julia Restrepo.

Hija de un humilde telegrafista, tuvo la oportunidad de vivir en otras ciudades como Bogotá, Pasto y Neiva, según su padre fuera trasladado de un lado a otro.

"Era muy apegada a mi madre, la quise mucho. Era una mujer alegre e inteligente y además muy moderna para su época. Fue ella la que me enseñó a amar a Dios".

Doña Luz, la tercera de cuatro hermanas, dos de ellas fallecidas, agradece a sus padres el haberle inculcado los valores que hicieron que aprendiera a enaltecer el trabajo y le cogiera tanto cariño a la Corporación.

"Pero sin lugar a dudas lo que más aprendí fue a tener siempre energía positiva templanza, a defender mis ideales y a profesar amabilidad y respeto".

Muestra de su fe es que no hay día en la semana en que no se pegue una ‘arrimadita’ a la Basílica, a saludar a Dios y a pedirle perdón, ayuda y protección.

"Estoy convencida de que uno debe vivir intensamente el presente, el mañana es solamente de Dios".

Sus convicciones políticas quizás son la prueba más fehaciente de su templanza. Conservadora, o goda desde la médula, siempre ha defendido su Partido a pesar de estar rodeada durante tantos años de liberales.

Su mamá fue la que más le recalcó la firmeza en sus posiciones, el servicio a la comunidad y la necesidad de no mezclar el trabajo con lo personal.

"A pesar de ser conservadora, siempre en mi trabajo he sido imparcial. Eso me ha permitido llevarme bien con los representantes de todos los grupos y movimientos políticos".

Sobre el óleo de Efraín Martínez, donde aparece ella, prefiere no hablar, "son cosas del pasado" dice, y tal vez tenga razón.

Reconoce que gracias a su trabajo ha conocido gente muy importante, hasta Presidentes y Embajadores.

Una mujer sensible

Doña Luz vivió siempre enamorada, no sólo de Dios, tuvo algunos amores, del cual recuerda uno en particular, el mismo que un día la puso a decidir entre él y su trabajo... la respuesta ya se sabe cual fue.

"No me casé, hubo buena voluntad pero no hubo con quien", dice mientras sonríe.

"El amor antes era más romántico, se valoraba y respetaba mucho a la persona. Las serenatas me encantaban. Después de que le cantaban debajo de la ventana ya la tenían a una a los pies".

Y aunque nunca se casó, su marido falleció ya hace un año, sí, su marido, un perro llamado Campeón y del cual recuerda que se le echaba a los pies cuando ella se acostaba en la cama.

Así es Doña Luz o la Señorita Concejo, como amablemente le dicen algunos.

Una patoja de verdad verdad, que sabe vivir la vida, con sus responsabilidades y de manera divertida, que le jala a la rumba y al ‘guarito’, aún cuando no sea la mejor de las bailarinas y que aspira a morir aquí en su tierra, en la misma que le ha dado para vivir.

Ahora Doña Luz es la concejal número 18, que desde su silla aconseja incluso a los ediles y que desde su escritorio se ha ganado ese cargo honorífico.

Rodeada de sus actas, proyectos de acuerdo, proposiciones y citaciones, se siente satisfecha con su vida. Una vida llena de alegría y sin amarguras, que hace que continúe allí en su hogar: en su Concejo Municipal.