ALVARO JOSÉ NEGRET
1951 - 1998
Por: Guillermo Alberto González Mosquera
De: Mario Pachajoa Burbano

Cuando prematuramente, Alvaro José Negret murió en Popayán en 1998, decenas de personas hicieron una peregrinación al legendario Morro de Tulcán, desde cuya cima se domina el paisaje suave del Valle de Pubenza, para rendir homenaje al joven científico desaparecido. Llevaban en las manos velas encendidas y permanecieron silenciosas por un largo rato al lado de la estatua del fundador de la ciudad. Era una velación diferente a la que generalmente se usa para despedir a los muertos. No era para menos. Negret había conseguido en poco tiempo un reconocimiento general, en primer lugar en razón de sus conocimientos científicos, pero también por su peculiar personalidad, que tenía la virtud de desencadenar afectos.

Gustavo Wilches que había sido su cómplice en múltiples aventuras para defender el medio ambiente, afirmó de Negret, que más que un ecólogo era un naturalista, a la manera de los que en el siglo pasado recorrían los caminos de la patria observando la fauna y la flora, conversando con las gentes que encontraban a su paso, rodeados de alumnos con quienes compartían generosamente el acervo científico que iban acumulando. Negret siguió con lealtad ese modelo. Fascinaba con su personalidad y con la forma natural como enseñaba a campo abierto. "Conversar con él, afirmó su hermano Rafael Alberto, también naturalista y defensor de las mismas causas- era elevar el espíritu a los niveles más altos de religiosidad".

Originalmente había adelantado estudios de Veterinaria en la Universidad de Caldas, pero bien pronto se enrutó por los caminos de las ciencias naturales, habiéndose especializado en la Universidad de Brasilia. En esta ciudad y durante cinco años fue funcionario del Centro de Investigación de Geografía y Estadística del Brasil. Al retornar a Colombia se estableció en Popayán, su ciudad natal y se vinculó como docente de la Fundación Universitaria de Popayán en donde organizó la Facultad de Ecología. Posteriormente pasó a la Universidad del Cauca como Director del Museo de Historia Natural y Vicerector de Investigación. Sería precisamente en el medio universitario en donde desarrollaría en mayor grado su misión investigativa y docente y donde dejaría una evidente influencia sobre un importante número de jóvenes a quienes induciría para trabajar en los programas de conservación y defensa del medio ambiente.

Hízo recorridos a pié por todo el Cauca fotografiando la fauna y la flora, y dejando elocuentes testimonios en crónicas que publicó en periódicos y revistas científicas. Creó una Reserva y Centro de Investigaciones en Tambito, una zona al occidente del Cauca que escogió para sede de sus actividades de docencia y análisis. Dejó escrita una importante obra de ecología para niños, en donde se pone de presente un espíritu sensible, dotado de una rica imaginación y una extraordinaria capacidad para describir la naturaleza y los fenómenos que en ella se dan.

La muerte le llegó cuando concluía un libro sobre "Aves Colombianas Amenazadas de Extinción", el cual contiene un completo análisis sobre las regiones zoogeotrópicas del país y las amenazas que se ciernen sobre ellas.

Indudablemente Negret logró en su corta vida una recreación del paisaje natural caucano, sacándolo de la simple descripción fotográfica, para situarlo en un terreno crítico en el que se destaca el papel del hombre como agente depredador, pero al mismo tiempo responsable de su recuperación y defensa. Junto con Alvaro Fernández Pérez y Carlos Lehman, constituyen la trilogía de quienes siguieron en el Siglo XX, las huellas de sabios como Caldas y Mutis pioneros del estudio de nuestro patrimonio natural.

La muerte de Negret conmocionó profundamente a Popayán. Tenía sólo 46 años y todavía mucho por hacer por Colombia.