DOS LIBROS ALTERNATIVOS
Miércoles 6 de diciembre, 2000
De: Mario Pachajoa Burbano

Payaneses ilustres:

Dos nuevos libros alternativos que "batallan contra la ortodoxia y postulan nuevas maneras de pensar en el mundo" nos los ofrecen los payaneses Julio César Payán de la Roche y Gustavo Wilches-Chaux. De El Tiempo tomamos el siguiente artículo:

""" ... Renacimiento en Popayán
Por: Arturo Guerrero
El Tiempo 
Domingo 3 de diciembre de 2000

Una nueva mirada hacia el romanticismo del siglo XVIII, desde la ciencia, la medicina y la ecología, semejante a la que desde la literatura propone William Ospina en su ensayo 'Los románticos y el futuro'. El surgimiento de un nuevo Renacimiento, pero "mucho más grande que el Renacimiento que nos permitió emerger de la Edad Media", según postulación de Albert Schweitzer. El ascenso desde el paradigma mecánico y racional cartesiano, hacia el reencantamiento del mundo, mediante las iluminaciones de la física cuántica, la termodinámica, la teoría del caos, la cibernética, los sistemas complejos, la neurobiología, el desarrollo sostenible, el ambientalismo místico, la ética biocéntrica, la biología del silicio.

Todo esto en dos libros recientes, aparecidos con meses de intervalo, y escritos por dos intelectuales de Popayán. Dos 'alternativos' en sus respectivas especialidades. Dos 'renacentistas', que se han movido con soltura en la ciencia, la política, la escritura, el liderazgo público. Julio César Payán de la Roche es médico ginecólogo y obstetra, pero además ha sido tres veces concejal de su ciudad, decano universitario, conductor de un muy sintonizado programa de radio, acupunturista, homeópata, terapeuta neural, tratadista de temas médicos. Gustavo Wilches Cháux es abogado, pero no se le nota, porque un posgrado inglés en manejo de desastres lo convirtió en uno de los ecologistas más célebres del país. Dirigió la regional del Sena en el Cauca, fue candidato no exitoso a la Constituyente y a la alcaldía de Popayán, condujo el Ecofondo y la Corporación Nasakiwe para la reconstrucción de la zona paez, ha escrito numerosos libros y cartillas de tema ambiental, y es poeta. La sintonía de estos dos autores es asombrosa. Llega incluso a niveles formales. Sus dos libros tienen las mismas aproximadas 140 páginas. Son presentaciones didácticas, que batallan contra la ortodoxia y postulan nuevas maneras de pensar el mundo y de organizar la vida entre los hombres y de los hombres con los árboles, las nubes e incluso con los extraterrestres. Además del título simple, las dos obras tienen un subtítulo explicativo de su género y contenido. El de Payán, Lánzate al vacío, se extenderán tus alas, puntualiza: "diálogos sobre sociedad, salud y libertad", es de la editorial McGraw-Hill, y se desarrolla con base en respuestas a preguntas formuladas por la periodista Adalgiza Charria. El de Wilches, De nuestros deberes para con la vida, advierte: "reflexiones sobre la convivencia entre los seres humanos y de nosotros con el cosmos", fue publicado por la Corporación Autónoma Regional del Cauca, y tiene prólogo del jesuita Francisco de Roux.

Comunidad planetaria

Wilches hace una presentación dramática de la especie humana, que va del orgullo de ser una obra maestra del devenir universal, al patetismo de reconocer que somos la peor plaga que existe o haya existido sobre la superficie de la Tierra. Condena el antropocentrismo vigente y clama más bien por una compasión -sintonía de pasión- con la vida y con el planeta como un organismo no sólo vivo sino pensante. No sin antes plantearse un urticante dilema ético: "todo cuanto hagamos a favor de la especie humana, de su calidad de vida y de su felicidad, lo estaremos haciendo a favor de la plaga". Homenajeando el pensamiento de Thomas Berry, sacerdote pasionista que ha tendido puentes entre teología y cosmos, mina el pedestal del hombre como rey de la creación: "todo está en la cima de la jerarquía a su manera. Cuando se trata de nadar, los peces están en la cumbre; cuando se trata de volar, las aves...; si se trata del pensamiento reflexivo, los mejores son los humanos. Pero no porque seamos los mejores en un área significa que somos los mejores en términos absolutos. Lo que es mejor en términos absolutos es la comunidad planetaria, la comunidad de especies".

Esta comunidad de especies está secretamente atravesada y comunicada por una dimensión que Payán, a su turno, llama conciencia universal, la cual propone como adicional a las cuatro clásicas de altura, anchura, profundidad, y temporalidad. La quinta dimensión es la que permite los cambios radicales, cuando una masa crítica de individuos reitera conductas nuevas que misteriosamente se universalizan.

Para este médico alternativo, la enfermedad no es algo que le viene a la persona desde afuera, desde el virus o la bacteria, sino es un fenómeno que el organismo mismo hace, para solucionar conflictos de adaptación con él mismo y con el entorno. Cada órgano tiene una forma de conciencia intrínseca, participa de aquella conciencia universal de las especies, gracias a la cual en determinado momento sabe que tiene que hacer una inflamación o una enfermedad, para generar un tono y un orden diferentes. Así, la enfermedad no es lo contrario de la salud, sino que expresa un propósito vital. Y como el individuo es quien la hace, él mismo tiene la potencia para desaparecerla, modificarla o modularla. Esta concepción origina una revolución en la relación médico-paciente, pues este paciente es más bien un actuante. En esta misma lógica, Payán plantea que "uno no se muere porque se enferma, sino que se enferma porque se tiene que morir".

Nuestros dos autores son claros en reconocer dentro de este nuevo orden la importancia de la intuición, de las sabidurías indias, de las místicas orientales, del pensamiento hermético. Uno de ellos, Wilches, finaliza con una inquietante afirmación, basada en la tecnología informática, capaz de otear en el horizonte formas de vida virtuales inteligentes con un sustrato no de carbón sino de silicio: "nosotros estamos creando a los extraterrestres, y hoy ya convivimos con sus antecesores inmediatos". Parodiando los títulos de los libros de los payaneses Wilches y Payán, cabría concluir que nuestros deberes para con la vida consisten precisamente en lanzarse al vacío y dejar que las alas se extiendan. ... """

Cordial saludo,