ALINA MUÑOZ DE ZAMBRANO
1917 - 1992
Por Guillermo Alberto González Mosquera
De: Mario Pachajoa Burbano

La primera impresión que producía en su interlocutor era estar frente a una gran dama. Inteligente en la conversación, que hacía derivar hacia el más reciente hecho de la política nacional o a lo que acababa de declarar alguno de los protagonistas de la vida pública. Tenía la particularidad de mantenerse siempre bien informada y ello había de ser así, porque nadie en su época gozó de un relacionamiento a tan alto nivel. Los expresidentes de la república, las figuras más sobresalientes de la cultura, los jefes de las colectividades políticas, eran sencillamente sus amigos y con frecuencia sus confidentes. En su casa de Popayán se hospedaban, y ella y su esposo ejercían un anfitrionazgo que no tuvo par en su tiempo.

La jovencita de alta sociedad y deslumbrante belleza, dotada de cuantiosos bienes de fortuna, huérfana a temprana edad, no se conformó con la vida monótona de una ciudad de provincia y con la ayuda de su esposo, que conocía sus virtudes y valoraba su talento, decidió con disciplina férrea y voluntad de hierro, meterse a libros y publicaciones para adquirir el conocimiento y la cultura que luego le habrían de permitir descollar en la vida pública colombiana. Los años excitantes de la República liberal, le darían el escenario y los contactos necesarios para complementar su formación. Conocería a Alfonso López y a Darío Echandía, a los Lleras, especialmente a Alberto, con quien mantendría una amistad que sería definitiva para su participación en acontecimientos definitivos para el país y la República.

La lucha contra la dictadura de Rojas Pinilla sería la ocasión que le permitiría entrar a la primera fila del acontecer público. Su casa sirvió de cuartel de la insurgencia y desde ella se lanzaron las consignas para tumbar al dictador y establecer el Frente Civil, con Guillermo León Valencia a la cabeza. Tenía un demostrado poder de convocatoria y una discreción a toda prueba. Ambas cosas eran necesarias para sacar adelante la restauración de las libertades perdidas. Cuando se coronó con éxito la tarea, Alina Muñoz llegó al Congreso de la República como Representante a la Cámara por el Cauca. El liberalismo le había reconocido no sólo las capacidades que poseía para una representación semejante, sino los méritos que se había ganado en el campo de batalla.

Concluida la etapa parlamentaria, ocupó la Gobernación del Departamento del Cauca, por designación que le hiciera el Presidente Carlos Lleras Restrepo. Consolidó entonces su fama de mujer resuelta y firmemente compenetrada con los ideales de la democracia y del liberalismo. No hay exageración, si se afirma que Alina Muñoz hubiera sido capaz de cualquier sacrificio, si se trataba de defender a su partido, al que amó con profunda devoción. Cuando se trasladó a la capital de la República y fijó allí su residencia, fue designada Secretaria General de la Dirección Nacional Liberal, posición en la que puso todo su empeño para dar al partido la institucionalidad y organización que requería.

Alina Muñoz de Zambrano fue casada con el destacado hombre de negocios, Adolfo Zambrano Constaín de notable figuración en la vida política, social y empresarial del Cauca. Murió en Bogotá, en el año de 1992, a los 75 años.